Juan Alberto Vázquez · 16 de octubre de 2024
Esta tarde el juez Brian Cogan sentenció a Genaro García Luna a 460 meses por cada una de los cuatro primeros cargos de su acusación y a 5 años por el quinto cargo. Todos corriendo de manera simultánea.
“No le doy cadena perpetua porque aún quiero darla algo más de luz a su vida”, exclamó Cogan dirigiéndose a García Luna en algún momento de su alocución.
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En una audiencia de 70 minutos de duración, a la que acudieron cerca de 90 personas, García Luna tuvo una última oportunidad de vestir traje azul marino con corbata café y camisa blanca. El cabello demasiado corto, ya es casi completamente blanco.
Como parte de sus derechos, se le permitió decir unas últimas palabras para lo cual llevó unas páginas escritas que leyó en español con voz entrecortada y en las cuáles repitió algunos de los argumentos que escribió en la carta enviada a la corte el día anterior.
“Le envíe una carta donde le expongo mi entorno familiar, valores, ética, convicción, historia de vida y responsabilidades del más alto nivel de seguridad en que me envolví”, inició el acusado. Habló después de su terrible estancia en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn y de su conversión en maestro de jóvenes criminales a los que enseña inglés y preparar para el examen de preparatoria.
Se dijo de nueva cuenta víctima de una conspiración del gobierno mexicano y que por esa misma razón “dos de mis hermanos fueron detenidos por el gobierno de México, sólo por ser mis hermanos”.
Se definió como alguien “que respetó la ley” y quiso enviar un mensaje a su familia y a su país: “no he cometido ningún delito”.
Señaló que nunca se relacionó con criminales y que él es alguien más parecido a cómo lo definió un embajador de Estados Unidos en México: “un elemento clave para enfrentar a los cárteles” para reiterar su argumento de que “nunca ha sido una amenaza o un riesgo para la comunidad”.

Previo a que García Luna emitiera su mensaje, su abogado Cesar de Castro armó un discurso para justificar las dos décadas de prisión que pidió al juez Cogan. “La pregunta que debemos hacernos aquí, es ¿son 20 años de sentencia suficientes?”, comenzó el litigante.
Y luego se arrancó con sus alegatos del por qué era la sentencia ideal: “20 años son suficientes para alguien que pasó 5 años en la peor cárcel del sistema de justicia y que ha sido además un preso modelo”.
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“En 20 años será un hombre de 76, ya será abuelo, no estará cerca de su familia y cuando salga deberá enfrentar los casos que tiene pendientes en México”.
“Para alguien que nunca estuvo en prisión 20 años es suficiente (…) 20 años no es un número pequeño”.
En algún momento de sus comparaciones, Cogan, de manera irrespetuosa, dejó de ponerle atención a De Castro y dirigió su atención a documentos sobre su escritorio.

En su turno dentro de los discursos, la fiscal Saritah Komatireddy acuño una frase que, desde su visión, refleja muy bien la vida de García Luna. “Su abogado se refirió a que usted se ha portado muy bien con otras personas en el CDM pero al mismo tiempo quiso sobornar a testigos para que testificaran a su favor”, se arrancó la fiscal.
Komatireddy que fue la líder del caso, recordó el tamaño e importancia del Cartel de Sinaloa, y de cómo el acusado protegió a ese grupo criminal. Aceptó que procesar a funcionarios públicos ligados al narcotráfico en México, “es muy difícil” y lamentó que, en ese país, “la corrupción se halla en todos los niveles”.
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En respuesta a que el expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, no fue sentenciado a cadena perpetua la cual utilizó el defensor Cesar de Castro, la fiscal Komatireddy aclaró que a diferencia de Honduras “México no es una república bananera”.
Finalmente llegó el discurso final del juez Brian Cogan.
Retomó de manera hábil la idea de la doble vida de García Luna, quien por un lado ayuda a reos, pero por el otro propone sobornos. “En esta corte conozco gente como usted todo el tiempo”, inició Cogan. “personas que tiene una familia honorable, que son elegantes, pero que son capaces de cometer los más atroces crímenes”.
También sembró la idea de que 20 años no son nada.
Mientras Cogan leía, Genaro García Luna permaneció petrificado, con la cara enrojecida que se mantuvo en ese color desde que Cogan inició con su discurso que sonaba como un regaño. “¿Dice que respeta la ley? Señor, usted vestirá muy elegante y podrá decir que respeta la ley, pero su condición es la misma que la de El Chapo”.
El juez dijo que no cambiaría mucho la decisión de la sentencia “el que me haya enviado sus títulos y condecoraciones” y puso como ejemplo uno donde lo nombran “policía del año”, “que sólo confirma que es una de sus dos vidas, una cortina de humo, que aprovechó para facilitar crímenes horribles”, de los cuales un jurado ciudadano lo halló culpable.
Empero el juez Brian Cogan aceptó que el acusado “no es solo un matón, es más que eso: así que no lo sentencié a cadena perpetua porque quiero que tenga algo de luz al final del túnel”.
Después y sin perder el hilo, dijo “lo voy a sentenciar a 460 meses por los cargos del 1 al 4, y 5 años más por el cargo 5”.
Ahora inicia la cuesta arriba de García Luna que tiene el derecho de apelar la sentencia. Afuera de la corte, su abogado De Castro anunció que lo harán.
Por lo pronto, su abogado pidió que sea trasladado a una cárcel cercana a Washington ya que su familia reside en Virginia, el estado vecino a la capital del país.