Redacción Animal Político · 2 de marzo de 2026
El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) enfrenta un escenario de alta incertidumbre ante un eventual relevo en su dirigencia, con un riesgo tangible de fragmentación interna, advirtió el analista Víctor Manuel Sánchez Valdés, experto en seguridad pública.
De acuerdo con el especialista, el CJNG “es una organización compleja, conformada por un conjunto de células que tienen mucha independencia”, por lo que, a diferencia de otros grupos criminales, “no es tan centralizada como otras organizaciones criminales”.
En ese contexto, explicó que la figura de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, identificado como líder histórico del grupo, ha funcionado como un elemento de cohesión y disciplina, por lo que su eventual ausencia podría detonar disputas internas.
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Sánchez Valdés identifica tres factores que han propiciado la descentralización del CJNG. El primero es su modelo de expansión territorial, basado en la incorporación de bandas locales ya consolidadas. En lugar de enviar células para conquistar nuevos territorios por la fuerza, la organización optó por integrar pandillas o clanes familiares con arraigo en cada región, ofreciéndoles recursos, armamento y acceso a los negocios del cártel a cambio de operar bajo su marca.
Este esquema permitió un crecimiento acelerado, pero también generó dinámicas regionales con alto grado de autonomía. Según el analista, en un escenario de disputa interna “el riesgo de que las bandas que ya fueron independientes quieran volver a serlo, es alto”, como ya ocurrió con algunas células que se separaron en entidades como Tabasco y Michoacán.
El segundo factor es la amplitud territorial del CJNG, que obligó a delegar funciones en mandos regionales y jefes de plaza. Esa estructura, explicó, otorga un amplio margen de maniobra a los líderes locales, quienes cuentan con recursos propios, armamento y redes de protección.

El tercer elemento está relacionado con su modelo de negocio, basado en el control territorial y la cooptación de autoridades municipales y cuerpos de seguridad. De acuerdo con Sánchez Valdés, estas relaciones generan vínculos duraderos a nivel local, lo que podría facilitar rupturas si las células consideran que pueden mantener protección regional sin depender del liderazgo central.
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En el contexto actual, el especialista advirtió que, si bien existen múltiples escenarios posibles, “hay una probabilidad no menor de un proceso violento de fragmentación”. No obstante, reconoció que aún es difícil estimar la magnitud de un eventual rompimiento, ya que el abanico de posibilidades va desde inconformidades aisladas hasta una división más profunda de la organización.

El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, ha señalado que el gobierno federal mantiene vigilancia sobre posibles aspirantes al liderazgo del grupo. En medios especializados se mencionan diversos mandos regionales con influencia en distintas entidades del país.
Para Sánchez Valdés, el papel de estos líderes será determinante en cualquier desenlace. “Son ellos quienes tienen los recursos, elementos y las armas”, subrayó, por lo que sus decisiones podrían inclinar la balanza hacia la continuidad interna o hacia un escenario de confrontación.
Ante este panorama, el analista consideró fundamental que las autoridades federales mantengan un seguimiento puntual de posibles brotes de violencia regional, con el objetivo de contener afectaciones a la población en caso de que se detone una disputa interna dentro del CJNG.