¿Qué es y qué no es la nicotina? Hablemos de su consumo y sus efectos

Contenido Animal Político · 18 de marzo de 2026

¿Qué es y qué no es la nicotina? Hablemos de su consumo y sus efectos

Durante décadas, la nicotina ha estado en el centro del debate sobre el tabaquismo. Para muchos, su nombre es sinónimo de cáncer, enfermedades pulmonares y muerte prematura. Sin embargo, la evidencia científica muestra una realidad más compleja.

No. No es una sustancia inocua. Pero tampoco es, por sí misma, la principal responsable de los daños asociados al tabaquismo.

No. No es una sustancia recomendable para niños y jóvenes. Pero su nivel de riesgo depende en gran medida de la forma en la que se consume.

Y No. No está asociada directamente con el cáncer. Pero sí puede generar dependencia y efectos fisiológicos en el organismo.

Estamos hablando de la nicotina, una sustancia presente principalmente en la planta del tabaco y que durante siglos ha sido consumida por los seres humanos, primero con fines rituales o medicinales y, más tarde, a través del cigarro.


Hoy, con la aparición de nuevas formas de consumo y con una creciente discusión en salud pública sobre la reducción de daños, entendida como un enfoque de salud pública que busca disminuir los riesgos y consecuencias negativas asociadas a ciertos comportamientos —como el consumo de sustancias— sin exigir necesariamente su eliminación total, cada vez más especialistas plantean que distinguir entre nicotina y el humo de tabaco es clave para entender el problema.

 

¿Qué es y de dónde proviene?

La nicotina es un alcaloide natural con efectos psicoactivos, presente principalmente en la planta del tabaco, aunque también puede encontrarse en otras plantas de la familia de las solanáceas.

La nicotina es una sustancia activa, un alcaloide que provoca efectos psicoactivos para quienes la consumen”, explica el etnohistoriador Aldo Contró, presidente de CE Libre. 

Según el especialista, su uso tiene más de 3,500 años de historia, especialmente en Mesoamérica, donde el tabaco formaba parte de rituales religiosos y prácticas medicinales.

“En las culturas prehispánicas se usaba el tabaco como una planta medicinal y también con fines rituales”, señala. 

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Foto: Adobe Stock

Aunque hoy suele asociarse exclusivamente al cigarro y a la planta de tabaco, la nicotina también aparece en pequeñas cantidades en alimentos como tomates, papas o berenjenas.

Además, actualmente puede producirse de forma sintética o farmacéutica, explica Mariana Hoyo, médica integrativa y consultora, con formación en gestión de sistemas de salud y un enfoque especializado en la ciencia de los cannabinoides, reducción de daños y modelos terapéuticos emergentes.

“Hay muchas plantas que contienen nicotina, incluidas frutas y verduras, y hoy también existe nicotina sintética de grado farmacéutico”, señala. 

 

Cómo actúa en el cuerpo

La nicotina actúa en el organismo al interactuar con receptores nicotínicos en el sistema nervioso, lo que desencadena la liberación de neurotransmisores, especialmente dopamina.

Este mecanismo activa los llamados sistemas de recompensa del cerebro, responsables de sensaciones de placer o bienestar.

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“Se une a los receptores nicotínicos y se relaciona con los sistemas de recompensa dopaminérgicos que generan sensaciones agradables”, explica Mariana Hoyo. 

El médico epidemiólogo y especialista en salud pública, Luis Fernando Hernández Lezama añade que estos receptores fueron identificados precisamente por la manera en que reaccionan ante esta sustancia.

“En nuestro sistema nervioso existen receptores nicotínicos, que son puntos donde ciertas sustancias entran en contacto con el interior de la célula y generan una respuesta muy rápida”, señala. 

Este mecanismo activa los llamados sistemas de recompensa del cerebro, responsables de sensaciones de placer o bienestar.

Por esa razón puede generar dependencia.

“Libera dopamina y eso provoca sensaciones de placer, lo que puede generar conductas de dependencia”, explica Aldo Contró. 

Al mismo tiempo, coinciden los especialistas, la sustancia tiene efectos fisiológicos relativamente breves.

Puede provocar:

  • Aumento temporal de la frecuencia cardíaca
  • Elevación transitoria de la presión arterial
  • Vasoconstricción periférica (o estrechamiento de los vasos sanguíneos)

Pero estos efectos suelen durar minutos o pocas horas, dependiendo de la dosis y la vía de consumo, explica Mariana Hoyo. 

 

Nicotina y cigarro no es lo mismo

Una de las características más peculiares de la nicotina es que puede generar efectos aparentemente opuestos.

Según Aldo Contró, se trata de una sustancia con efectos tanto estimulantes como relajantes.

“Provoca una sensación de aumento de energía, pero simultáneamente puede generar relajación”, explica. 

Este doble efecto explica en parte por qué algunas personas la utilizan para mejorar la concentración o el desempeño cognitivo, mientras que otras reportan un efecto relajante.

Durante décadas, la forma más común de consumir nicotina ha sido fumar cigarro.

Pero aquí es donde surge una de las confusiones más extendidas.

La evidencia científica señala que la mayor parte del daño asociado al tabaquismo no proviene de la nicotina, sino de la combustión.

El humo de cigarro contiene miles de sustancias químicas, muchas de ellas carcinógenas.

De acuerdo con el informe “Los efectos de la nicotina en la salud”, elaborado por Action on Smoking and Health (ASH), la nicotina por sí sola conlleva pocos riesgos directos para la salud, comparada con el tabaco fumado. 

La principal diferencia es que el humo del tabaco incluye:

  • Alquitrán
  • Monóxido de carbono
  • Miles de compuestos tóxicos

Los cuales están directamente asociados con enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cáncer.

 

El mito del cáncer

Uno de los mitos más extendidos es que la nicotina causa cáncer.

Sin embargo, la investigación científica disponible no respalda esa afirmación.

“El consenso de la investigación es que la nicotina no causa cáncer”, señala el informe de ASH sobre los efectos de la sustancia. 

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Foto: Adobe Stock

En la misma línea, Luis Fernando Hernández Lezama explica que el vínculo entre tabaquismo y cáncer se debe principalmente al humo generado por la combustión del tabaco.

“La gente fuma por la nicotina, pero muere de cáncer por el humo”, afirma. 

Por esa razón, coindicen Contró, Hernández Lezama y Hoyo, el objetivo histórico de muchas políticas de salud pública deberían estar dirigidas a reducir la exposición al humo del cigarro,  no necesariamente a la nicotina.

 

Nuevas formas de consumo

En las últimas décadas han surgido diversas alternativas para consumir nicotina sin combustión.

Entre ellas destacan:

  • Terapias de reemplazo de nicotina (parches, chicles)
  • Dispositivos electrónicos como vapeadores y calentadores de tabaco.
  • Productos orales de nicotina como bolsas de nicotina o snus. 

El informe “Nicotina sin humo: Reducción de daños del tabaco” del Royal College of Physicians sostiene que sustituir el cigarro por productos que administren nicotina sin combustión podría reducir significativamente los daños asociados al tabaquismo. 

Esto forma parte de lo que se conoce como estrategias de reducción de daños.

La lógica es similar a otras políticas de salud pública: si un comportamiento no puede eliminarse por completo, se buscan formas de reducir sus consecuencias negativas.

Para algunos especialistas, permitir alternativas al cigarro puede ayudar a reducir enfermedades asociadas al tabaquismo.

En México, el debate se ha intensificado tras la prohibición de vapeadores.

Según Mariana Hoyo, esta medida puede generar efectos no deseados.

“Los consumidores se exponen al mercado negro, donde no hay control de calidad ni etiquetado verificable”, señala. 

 

Lo que sí sabemos sobre la nicotina

Aunque no sea la principal causa de los daños del tabaquismo, la nicotina no es una sustancia inocua.

Entre los riesgos identificados por la literatura científica se encuentran:

  • Dependencia
  • Aumento temporal de presión arterial
  • Efectos cardiovasculares transitorios
  • Efectos en desarrollo cerebral en adolescentes

Por esa razón, los especialistas coinciden en que no debe ser consumida por menores de edad ni por personas que no usen productos de tabaco.

En última instancia, la discusión sobre la nicotina refleja un debate más amplio sobre cómo abordar uno de los mayores problemas de salud pública del mundo: el tabaquismo.

La Organización Mundial de la Salud estima que el consumo de tabaco provoca cerca de ocho millones de muertes al año.

Pero para muchos expertos, comprender qué es realmente la nicotina —y qué no es— podría ser clave para diseñar políticas públicas más eficaces.

Porque, como resume Hernández Lezama:

“La discusión no debería centrarse únicamente en cuántas personas consumen nicotina, sino en cuántas desarrollan enfermedades asociadas al humo del tabaco”. 

 

Nota del editor: Esta publicación se realiza con información de las entrevistas realizadas a los expertos, la asociación Action on Smoking and Health y  el Royal College of Physicians, como parte de las alianzas estratégicas de Grupo Animal.