¿Edulcoqué? Hablemos de edulcorantes: qué son y qué pasa cuando los consumimos

Contenido Animal Político · 13 de octubre de 2025

¿Edulcoqué? Hablemos de edulcorantes: qué son y qué pasa cuando los consumimos

En un mundo marcado por las altas tasas de obesidad y diabetes, la búsqueda de alternativas al azúcar se ha convertido en una necesidad de salud pública. Es en este contexto que los edulcorantes emergen como sustitutos clave. Sin embargo, no todos los edulcorantes son iguales, y la distinción entre las diversas categorías es fundamental para entender su impacto en la dieta.

Un edulcorante, en su definición más amplia, es cualquier sustancia o alimento que puede tener sabor dulce. Esto incluye desde el azúcar de mesa (sacarosa) o la miel de abeja, que son ejemplos de edulcorantes calóricos, hasta los compuestos sintéticos o naturales que dominan el mercado de productos “light”.


 

Hugo Laviada*, médico cirujano endocrinólogo y profesor-investigador en la Universidad Marista de Mérida, explica que los edulcorantes calóricos “saben dulce, pero producen energía que se traduce en calorías”. En tanto, los edulcorantes no calóricos o bajos en calorías son sustancias que “saben dulce, miligramos por miligramos más dulce que el azúcar”, pero que, al ingresar al organismo, “no generan calorías”.

Laura Miranda Solís**, nutrióloga y coordinadora regional para América Latina en la Asociación Internacional de Edulcorantes (ISA), complementa que son ingredientes “intensamente dulces y por eso es que se requieren muy pocas cantidades cuando se utilizan”.

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Edulcorantes: Una Familia Diversa

La familia de los edulcorantes no calóricos incluye compuestos con historias y propiedades químicas muy diversas:

  • Aspartame: Es un dipéptido que contiene dos aminoácidos que se encuentran también en la naturaleza: la fenilalanina y el ácido aspártico. Laviada aclara que esta sustancia “nunca ingresa a nuestro organismo como aspartame porque es hidrolizada o separada en sus dos componentes en el momento que entra al enterocito”.
  • Sucralosa: Se trata de una molécula muy similar al azúcar (sacarosa), pero que posee tres moléculas de cloro que le otorgan estabilidad y evitan que sea utilizada como energía durante su metabolismo en el organismo.
  • Sacarina y Ciclamato: La sacarina, quizás el “endulzante artificial más antiguo, tiene ya más de 100 años de conocerse”. Su uso masivo se popularizó después de la Segunda Guerra Mundial.

Miranda señala que estos ingredientes se encuentran en una gran variedad de productos de consumo cotidiano: en bebidas saborizadas, pero también en confitería, pastillas y chicles (pues no causan caries), en repostería, postres e incluso en productos de higiene bucal como pastas de dientes y enjuagues bucales. De igual forma, están presentes en suplementos alimenticios como jarabes para la tos o vitaminas masticables.

Controversia científica: seguridad, regulación y evidencia

La historia de los edulcorantes ha estado marcada por la controversia científica y las dudas sobre su seguridad a largo plazo. Uno de los casos más conocidos es el de la sacarina, que alrededor de los años 70 “se le vinculó a cáncer de vejiga por un experimento que se realizó en roedores”. Esto provocó su retiro en algunos países, pero los estudios fueron posteriormente reevaluados por organizaciones internacionales como el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por siglas en inglés) que concluyeron que no se asociaba a cáncer de vejiga.

Laviada subraya que el prejuicio persiste y que por ello “insistimos mucho en que cada uno de estos debe ser evaluado por separado en relación a sus propiedades químicas o metabólicas”.

Antes de que un edulcorante pueda llegar a una bebida o un alimento, pasa por un proceso de evaluación toxicológica extremadamente riguroso. A nivel global, este proceso está a cargo de organismos de expertos, como el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA).

Miranda destaca que este comité actúa como “un organismo independiente de evaluación y de riesgos globales” y es responsable de establecer la seguridad de los aditivos.

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Otras agencias internacionales clave en esta evaluación son la FDA de Estados Unidos, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), y Health Canada. El resultado de esta evaluación es la determinación de una Ingesta Diaria Admisible (IDA) para cada edulcorante, una dosis que se puede consumir sin riesgo a lo largo de toda la vida. De hecho, los estudios confirman que el consumo habitual de la población está muy por debajo de estos límites de seguridad.

En México, la institución encargada de regular el uso de estos aditivos es la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), la cual basa sus evaluaciones de seguridad en lo que publica la JECFA y las recomendaciones del Códex Alimentarius. La COFEPRIS establece cuáles edulcorantes están permitidos, sus límites de uso y las condiciones específicas para garantizar la seguridad para el consumo humano.

 

Ensayos clínicos vs. Estudios observacionales

La principal fuente de confusión en el debate sobre la seguridad de los edulcorantes reside en el tipo de estudio científico que se utiliza. Laviada explica que existen dos tipos fundamentales:

  1. Ensayos Clínicos Controlados (ECC): Considerados “el más alto nivel de la evidencia científica para atribuir causalidad”. En ellos, se aleatoriza a los participantes para garantizar que “las poblaciones experimentales estén en las mismas condiciones que las poblaciones controles”. Con este diseño experimental, “no se ha encontrado ninguna asociación que señale un incremento de la glucosa, incremento de peso o un incremento de insulina”.
  2. Estudios Observacionales: Estos estudios son útiles para evaluar grandes grupos humanos, pero en el ámbito de la nutrición, “generalmente nos generan muchos factores de confusión”.

Es en algunos estudios observacionales donde “se ha observado una asociación entre quienes consumen edulcorantes no calóricos y condiciones a largo plazo de mayor desarrollo de diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular”. No obstante, Laviada afirma que cuando estos mismos estudios son analizados con modelos más exhaustivos, se revela la existencia de “causalidad inversa” y “factores de confusión”.

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El fenómeno de la causalidad inversa se da porque “las personas que ya consumen edulcorantes no calóricos muchas veces lo consumen porque en su familia hay diabéticos o porque en su entorno hay obesidad o ellos mismos ya tienen problemas de obesidad”. Es decir, personas con riesgo de padecer estas enfermedades son las que comienzan a usar los sustitutos de azúcar, por lo que su consumo aparece asociado a la enfermedad, sin ser la causa. Al corregir esto con “modelos de sustitución”, se demuestra que quienes “persistentemente consumen edulcorantes no calóricos tienen menos obesidad, menos condiciones cardiovasculares, menos diabetes”.

La conclusión, basada en las revisiones sistemáticas de ensayos clínicos, es que los edulcorantes no provocan efectos adversos sobre la glucosa, la presión arterial o los lípidos, y son seguros a largo plazo dentro de las dosis recomendadas.

 

Edulcorantes: Salud Cardiometabólica y Control de Peso

La utilidad principal de los edulcorantes no calóricos radica en su capacidad para sustituir al azúcar en la dieta, un nutriente cuyo consumo excesivo es un factor de riesgo en la epidemia global de obesidad y enfermedades cardiometabólicas.

Para las personas que viven con diabetes, los edulcorantes no calóricos son una herramienta importante. Las guías clínicas internacionales de organizaciones como la Asociación Americana de Diabetes y la Federación Mexicana de Diabetes, entre otras, “sí reconocen a los edulcorantes como una herramienta útil para sustituir obviamente el consumo de azúcar”, indica Miranda.

En tanto, Laviada destaca que los edulcorantes “no incrementan la insulina, que no incrementan el exceso de la hormona anabólica que permite que se acumule la grasa”. Al no elevar los niveles de glucosa en sangre cuando se usan en lugar del azúcar, ayudan a los pacientes a “controlar su ingesta de carbohidratos y energía”, lo que puede ayudar al control glucémico y reducir el riesgo de complicaciones, siempre como parte de una dieta saludable y ejercicio.

 

Un coadyuvante, no una píldora mágica

En el contexto de la lucha contra la obesidad —una condición que afecta a más de 650 millones de adultos en el mundo—, los edulcorantes pueden ayudar a disfrutar del sabor dulce sin el exceso de calorías que el azúcar sí produce.

La evidencia clínica de revisiones sistemáticas de ensayos clínicos demuestra que el uso de edulcorantes en sustitución del azúcar puede disminuir la ingesta total de energía y contribuir a controlar el peso a largo plazo.

El especialista es claro al matizar que la sustitución de azúcares con edulcorantes “disminuye discretamente el peso, pero no es una intervención muy potente”. Los edulcorantes son “aditivos alimentarios” y su función es proporcionar sabor sin calorías o con muy bajas calorías. Por lo tanto, su efecto no es el de un medicamento.

El beneficio real se ve cuando se sustituye el azúcar, es decir, no se trata de que el edulcorante “por sí mismo favorezca la pérdida de peso o una reducción del azúcar en los diabéticos”, sino que el beneficio proviene de la reducción del azúcar que se deja de consumir. Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología reconocen su utilidad en el manejo del peso.

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El debate del IEPS

La base científica que respalda la seguridad de los edulcorantes y su utilidad como herramienta de salud en la sustitución de azúcar se encuentra en un punto de fricción en el debate de la política fiscal mexicana.

En el Paquete Económico 2026 se ha propuesto elevar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a las bebidas azucaradas, e incluso extenderlo a bebidas con edulcorantes bajos o sin calorías.

Sin embargo, los expertos advierten que aplicar un gravamen a estos productos podría confundir al consumidor al equipararlos con bebidas que contienen azúcar añadida, a pesar de que su efecto metabólico y aporte calórico son diferentes.

Miranda Solís, desde la ISA, considera que gravar con impuestos a las bebidas con edulcorantes “sí puede ser una medida contraproducente, ya que puede desincentivar a las empresas que trabajan justamente en la reducción de azúcares a limitarse”. Afirma que catalogar estas bebidas como nocivas “confunde al consumidor, elimina herramientas útiles para disminuir azúcares y afecta de forma desproporcionada a los hogares con menor ingreso, al encarecer opciones con menos calorías”.

Laviada advierte que la medida parece “más recaudatoria que sanitaria”. Agrega que el impuesto “generaría confusión y temor” en el público y en pacientes que viven con diabetes u obesidad.

En el caso específico de los pacientes con diabetes tipo 2, gravar estos productos encarecería las alternativas de productos que pudieran tener en el mercado como parte de su tratamiento. El especialista concluye que esta confusión puede estar buscando una medida recaudatoria que “no necesariamente esté teniendo un impacto positivo en la salud, más bien lo contrario, ya que se priva a las personas de una herramienta que puede ser útil para disminuir su consumo de azúcar”.

 

* Dr. Hugo Laviada: Médico cirujano y endocrinólogo, con Maestría en Ciencias Médicas por la Universidad de Sheffield; clínico e investigador en el Hospital Humana de Mérida con más de 100 publicaciones. Pertenece a la Endocrine Society, la Asociación Latinoamericana de Diabetes y The Obesity Society, entre otras agrupaciones científicas. Además, es profesor-investigador en la Universidad Marista de Mérida, miembro de sociedades científicas internacionales y parte del SNI con nivel de Investigador Nacional Nivel II.

 

** Laura Miranda Solís: Nutrióloga con más de 15 años de experiencia en asuntos públicos, científicos y regulatorios en la industria de bebidas y alimentos no alcohólicos. Actualmente, se desempeña como Coordinadora Regional para América Latina en la Asociación Internacional de Edulcorantes (ISA por sus siglas en inglés), donde lidera la estrategia institucional sobre seguridad y beneficios de edulcorantes, etiquetado nutricional y recomendaciones internacionales

 

Nota del editor: Esta publicación se realiza con información obtenida en las entrevistas e investigación propia como parte de las alianzas estratégicas de Grupo Editorial Criterio.