Demencia en casa: "Nada que hacer", respuesta ante 1.3 millones de personas con deterioro cognitivo

Texto: Eréndira Aquino | Foto y video: Israel Fuguemann · 17 de febrero de 2026

Demencia en casa: "Nada que hacer", respuesta ante 1.3 millones de personas con deterioro cognitivo

La Secretaría de Salud reconoció a la demencia como “un problema de salud pública prioritario” en 2024. Sin embargo, México aún carece de políticas públicas para atender a 1.3 millones de personas que viven con este síndrome; una cifra que podría triplicarse para 2050, llegando a 3.5 millones.

Los huecos en la atención comienzan con la insuficiencia de especialistas. Hasta 2022, en nuestro país había solo 850 médicos geriatras, lo que equivale a uno por cada 15 mil adultos mayores, de acuerdo con información del Consejo Mexicano de Geriatría. En cuanto a neurólogos, hay un total de mil 800 en todo el país; uno por cada 72 mil habitantes, según el Consejo Mexicano de Neurología. A esto, se suma la normalización de los síntomas de la demencia, lo que dificulta el diagnóstico, y la falta de medicamentos requeridos para su tratamiento en el sistema público de salud.

El caso de María Eugenia expone estas carencias y dificultades. Los doctores que la atendieron primero pasaron por alto los cambios en su comportamiento, pues al ser una mujer de 78 años, consideraron que era algo común debido a su edad. Más adelante, cuando Maru finalmente fue diagnosticada, el desafío consistió en encontrar los medicamentos para su tratamiento.

Su única hija fue quien empezó a notar reacciones extrañas en ella y decidió indagar a qué se debían: era repetitiva en las conversaciones y tenía olvidos. Después de unos años en el extranjero por su trabajo como consultora independiente, Itzel había vuelto a la casa con su madre en la Ciudad de México. Los cambios le parecieron notorios y como Maru, desde antes, ya vivía con diabetes, fibrosis hepática y glaucoma, decidió llevarla a una consulta privada para que le hicieran una evaluación general. La respuesta que le dieron fue que los síntomas “eran normales por la edad”.

Como esa conclusión no le dio confianza, Itzel llevó a Maru con una doctora geriatra, que a su vez le recomendó ver a distintos especialistas para entender a qué se debían los cambios en el comportamiento de su madre. Un neuropsicólogo que la revisó le informó que el diagnóstico de Maru era demencia mixta, es decir, Alzheimer más demencia vascular, lo cual se corroboró con un estudio de resonancia magnética.

Con este diagnóstico y todos los estudios que le hizo a su madre en el sector privado, Itzel acudió al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para buscar el tratamiento que Maru necesitaba. Por “fuera”, el costo de su atención “había sido una carga económica muy fuerte” que en este punto ya no podía seguir absorbiendo: los medicamentos que le recetaron costaban más de 2 mil 500 pesos, más las sesiones de fisioterapia dos veces por semana para ralentizar el avance de sus síntomas.

En el IMSS, el geriatra que las atendió dijo que los cambios en su madre estaban asociados a su nivel de glucosa, pero Itzel insistió en que era demencia. Luego, al ver la resonancia magnética el doctor reconoció que se trataba de “un deterioro cognitivo leve“, pero advirtió que “no había nada qué hacer” pues en esa clínica no tienen tratamiento para la demencia y se limitó a anotar una nueva cita de revisión para su madre dentro de un año.

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Itzel, junto a María Eugenia, su mamá, y Jennifer Bianchi, especialista en terapias para personas adultas mayores y con demencia. Foto: Israel Fuguemann

Tratamientos pueden ralentizar la evolución de los síntomas de la demencia

“Aunque desafortunadamente no existe al día de hoy una cura para esta serie de padecimientos, lo que sí existe es un tratamiento que ayuda a que la progresión de los síntomas sea lo más lenta posible para que, al mismo tiempo, la persona y su entorno familiar tengan calidad de vida”, sostiene Carlos Torres, neuropsicólogo clínico especializado en la atención de personas con algún tipo de demencia.

El problema —advierte— es que esta atención difícilmente se puede encontrar en el sector de la salud pública. “Hay un problema estructural porque no estamos informados ni capacitados para atender este síndrome”, añade Torres. El “edadismo” entorpece el diagnóstico, además de que no hay la totalidad de especialistas que se requieren y la atención se limita, prácticamente, a espacios como el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.

“Y esto es sólo en la Ciudad de México porque en otros territorios no hay absolutamente nada, ni siquiera médicos con ideas edadistas. A ello se suma que “sobre todo en el IMSS y en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) no hay medicamentos“, comenta el neuropsicólogo.

Para Itzel, la perspectiva de esperar un año a que su madre tuviera una siguiente revisión en el Seguro Social y le dijeran que no había medicamentos, resultaba indignante. “Con la geriatra privada estoy en constante comunicación para ver cómo se ajustan los medicamentos; tengo ese privilegio, pero ¿y la gente que no lo tiene?, ¿qué hace en un año? Por eso las personas están postradas”.

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Después de varios meses de reclamos al personal de la clínica del IMSS donde la atendieron, Itzel consiguió que ahí mismo le provean una de las medicinas para el tratamiento de su mamá. Otro medicamento que necesita no se encuentra en el listado institucional de fármacos que se pueden prescribir, por lo que no le será surtido.

Debido a esta situación, a Itzel no le ha quedado más que seguir absorbiendo por su cuenta el pago de consultas médicas con especialistas del sector privado para un seguimiento menos espaciado. También paga el medicamento que no le surten en el IMSS, así como los honorarios de una fisioterapeuta que acude a su domicilio en la alcaldía Álvaro Obregón, donde su madre tiene sesiones de ejercicios diseñados particularmente para ella.

Independientemente de los pacientes diagnosticados con demencia o deterioro cognitivo, en 2021 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) registró el autorreporte de 897 mil 409 adultos mayores que dijeron tener mala memoria.

En la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento (ENASEM) 2021, de los 16 millones 757 mil adultos mayores que había en México, 8 millones 119 mil 941 señalaron tener una memoria regular y otros 6 millones 031 mil 809 dijeron que era buena, muy buena o excelente.

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De acuerdo con Mariana López, investigadora del Instituto Nacional de Geriatría, a diferencia de otras enfermedades crónicas, como la diabetes y la hipertensión, la demencia no cuenta con un programa de atención específica en México, lo que quiere decir que “no hay un lineamiento a nivel nacional para que todas las instituciones públicas o privadas nacionales y estatales deban seguir un tamizaje para el diagnóstico, ni de tratamientos o manejo de los medicamentos”.

Ello dificulta que la mayor parte del personal profesional de la salud del primer nivel de atención pueda tener al menos sospechas del deterioro cognitivo. Como parte del webinar sobre cuidados de personas con demencia realizado en octubre de 2025 por la consultora Trazo Libre, Mariana López subrayó que esto se traduce en un acceso diferenciado a la salud, limitado por los recursos económicos.

“Quienes están en una gran ciudad y tienen recursos económicos van a tener un diagnóstico tal vez muy oportuno, con toda la gama de pruebas, mientras el otro 90 y tantos por ciento de la población probablemente no lo tenga. Hay personas que tienen que venir de otro estado a la Ciudad de México sólo para que un especialista les diga que lo que ocurre no es normal”, lamentó.

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Jennifer Bianchi y María Eugenia. Foto: Israel Fuguemann

“La necesidad aumenta y necesitamos mejorar la atención”

Dos veces por semana, Itzel recibe en su domicilio a Jennifer Bianchi, licenciada en rehabilitación por la Universidad Autónoma de Yucatán, quien se ha especializado en terapias para personas adultas mayores y con demencia.

Mientras realiza una rutina de ejercicios con María Eugenia, Bianchi explica que la terapia física forma parte de un tratamiento integral ya que “tiene un efecto positivo en el retraso de los síntomas. No vamos a pararlos ni a revertirlos, pero se pueden ralentizar”. Sin embargo, no existe una especialización formal entre los profesionales de esta rama para atender este tipo de padecimientos.

Jennifer Bianchi recurrió a diplomados y cursos en distintas instituciones para conocer las necesidades de estos pacientes y adecuar su trabajo. Es una de las pocas personas que atiende particularmente este síndrome, lo que convierte este tipo de tratamientos en “un privilegio”.

Ante la falta de especialización en atención y cuidados de personas con demencia, el neuropsicólogo Carlos Torres junto a Bianchi enseñan a familiares, casas de día y residencias de adultos mayores a asistir a estas personas, pues —a decir de la fisioterapeuta— “la necesidad aumenta y requerimos mejorar la atención”.

Grand Residence es uno de los pocos espacios para adultos mayores en el país que cuenta con personal especializado para asistir a personas con demencia. Reciben capacitación por parte de Torres y Bianchi, quienes además brindan sus servicios a los residentes.

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María Eugenia. Foto: Israel Fuguemann

José Luis Humberto Benítez, director de Edén, detalla que en comparación con otros modelos de residencias para adultos mayores, en este espacio se busca el apoyo de expertos en las necesidades particulares de los residentes.

“En el país se hacen muchas cosas de forma empírica o casera, no solamente en este sector, pero cuando estás hablando de vidas, de dignidad de las personas, no se puede dejar el trabajo en un plano de buena voluntad, tiene que estar respaldado por conocimiento, y si yo no soy el experto en la materia entonces los busco. Es lo que hemos hecho con Jenni y Carlos, quienes vienen de una trayectoria importante en Alzheimer México“, agrega Benítez.

Carlos Torres remarca que la falta de adecuaciones en los espacios físicos y capacitación del personal que brinda servicios a adultos mayores “puede caer en un maltrato por negligencia”, incluso de las familias en los casos en los que se encargan directamente del cuidado de alguien con esta condición.

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Desafortunadamente, pocas personas con demencia tienen acceso a la atención de especialistas, lo que no sólo merma su calidad de vida, sino que también afecta la salud mental de sus cuidadores.

“Este desborde puede ocurrir cuando no hay todavía una aceptación o entendimiento de lo que está pasando y cómo abordar las conductas. A esto se le ha etiquetado con el nombre de síndrome del cuidador, como si se tratara de una enfermedad, lo que fomenta las recomendaciones de autocuidado, como si dependiera de los familiares cuidarse, pero ¿cómo se van a cuidar si no pueden, por las tareas que realizan, si no tienen un ingreso económico estable?”, cuestiona Torres.

Para ello, afirma, es necesario que se implementen medidas a nivel social y gubernamental “para que toda persona esté cuidada con servicios adecuados desde distintas capas que también incluyan a los cuidadores”.