Joana Maldonado · 29 de septiembre de 2026
El caso de José Juárez Gil, mejor conocido como Pepe “Tigre”, generó movilizaciones en Cancún este fin de semana, abriendo un debate entre ambientalistas que apelan a la memoria de lo que aconteció entre 1990 y 2005 en la que el empresario lucraba con fauna silvestre que obtenía legalmente acumulando diversas irregularidades.
“Lo que Don Pepe hizo, en términos jurídicos aquí y en China, se llama lucro y mascotización”, señaló mediante una publicación el biólogo Roberto Rojo, al recordar lo ocurrido con los tigres y jaguares que mantenía el empresario, propietario de Pepe’s Tigers, un restaurante que operó hasta el 2005 en el kilómetro 6.5 de la zona hotelera de Cancún y cuya atracción era la exhibición de la fauna.
Los ejemplares que resguardaba el empresario habían sido asegurados al narcotráfico, bajo otras leyes ambientales que fueron sustituidas en el año 2000 con la Ley General de Vida Silvestre y su reglamento, así como la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA), en el que se establecieron las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMAs) y Predio o Instalación que Maneja Vida Silvestre (PIMVS).

Roberto Rojo afirmó que, además de estos requisitos para conservar la fauna silvestre, se debía acompañar de un plan de manejo en calidad de reproducción y conservación, lo que eventualmente prohibía el manejo con fines de lucro, “cosa que a Don Pepe no le convenía porque su negocio se sostenía principalmente con esas actividades”.
Y aunque intentó dar de alta su UMA en un predio en el ejido de Alfredo V. Bonfil para convertirlo en “santuario” de felinos, la Procuraduría Federal del Medio Ambiente (Profepa) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), determinaron el aseguramiento de las especies en 2011.
La organización animalista con sede en California Last Chance for Animals (LCA), documentó cómo junto con el Grupo por la Defensa Animal (GEPDA) y The Wildlife Animal Sanctuary (TWAS), lograron “tras las llamadas, cartas y manifestaciones de cientos de miles de personas”, que la Profepa le decomisara a “Pepe Tigre” ocho tigres y dos jaguares el jueves 21 de abril de 2011.

En el artículo citaron que “Pepe reconoció que sus dos instalaciones estaban desatendidas en el momento de la intervención y que operaba con recursos mínimos, alimentando a los felinos con cualquier cosa que encontraba. Poco antes de la operación, según afirmó, había encontrado un caballo muerto con el que planeaba alimentarlos”.
Un año antes, en 2010, la LCA había documentado que dentro del restaurante, existió una tigresa de nombre Tabatha que tuvo cinco crías en octubre de ese año, tres de los cuales murieron poco después debido a que las crías fueron separadas prematuramente de su madre para exhibirlas en la ventana del restaurante.
Además, acusaron a “Pepe Tigre” de haber interrumpido la atención veterinaria de otra cría que murió al día siguiente. Sólo una cría sobrevivió, aseguran las organizaciones.
“¿’Pepe Tigre’ conservacionista? No, fue un explotador de fauna que vivió impune, señaló el centro de rescate de fauna Silvestre Selva Teenek Ecopark ubicado en San Luis Potosí, al citar el artículo de LCA.

La activista a favor de los derechos de los animales Flor Tapia Pastrana también se sumó desde hace unos días a las críticas del modelo de negocio que José Juárez Gil tuvo en Cancún desde hace más de 30 años.
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“Fue de una explotación animal descarada e infame, plagada de irregularidades legales. Ha hecho uso comercial de fauna silvestre, lo que ya es un delito en México. Entre los años 80 y 90 obligaba a jaguares, tigres y leones a fotografiarse con los turistas. Explotó y abusó de estos animales”, denunció.
Como testigo de esa época, aseguró que los felinos se mantenían en jaulas diminutas dentro del restaurante y que solo salían para ser exhibidos y volver a lo que llamó su “miserable confinamiento”.
La animalista resume el efecto de las entrevistas a influencers “ávidos de acumular vistas y dinero”: han victimizado a “Pepe Tigre” pese a ser un “explotador de animales salvajes que debería estar en la cárcel”, afirmó.