Verónica Fajardo · 5 de noviembre de 2026
Cada atardecer, los restaurantes del centro de Cancún, ubicados sobre la avenida Tulum, la vía principal que une la zona hotelera con el centro, solían contar con clientes locales, además de turismo nacional e internacional. Sin embargo, en las últimas semanas los negocios lucen vacíos. Los pocos meseros que aún conservan su empleo salen a la calle a perseguir a los transeúntes para mostrarles la carta. No quieren hablar de la crisis que están viviendo: la evaden por temor a perder su trabajo y prefieren callar mientras invitan a pasar a comer.
Uno de los restaurantes más tradicionales del centro, identificable por el ícono de un chile poblano con sarape y sombrero ranchero, cuenta con algunos clientes locales y turistas que se hospedan en la zona. Nahomi, una de sus meseras, miró con recelo al principio y no quería dar declaraciones, pero al final aceptó y comentó: “Sí hay clientes consumiendo toda la semana; pocos, pero fluye a diario”.
La jefa de Nahomi se acercó, por lo que la joven se retiró para continuar invitando a la gente desde la entrada. La encargada respondió que en el centro los restaurantes reciben más clientes porque el costo de los alimentos a la carta es más económico. Añadió que en este lugar venden tacos de todo tipo, uno de los platillos más consumidos tanto por los habitantes de Cancún como por los turistas internacionales que vienen a probarlos.

Mientras tanto, en el restaurante de al lado sólo había dos mesas ocupadas. El mesero Jonathan se acercó para mostrar la carta y, al preguntarle cómo estaba sobrellevando esta baja turística, respondió: “Mal, muy mal. Pero ¿qué le hacemos? Solo queda esperar a que lleguen los clientes”. Su mirada refleja preocupación, ya que a sus competidores dedicados a los tacos, pozole, arrachera y guacamole les va mejor que a ellos, cuyo menú se especializa en mariscos.
Sobre la misma avenida Tulum, afuera del mercado Ki-huic, se encuentran los operadores de tours. Comentan que sobreviven a la crisis porque no dependen de un salario base, sino de las comisiones por la venta de los paseos que ofrecen. Jesús comentó: “Yo tengo fe en que esto se va a levantar. Hemos vendido poco, pero hemos vendido, y aquí seguiremos; esto se va a levantar”.
A unos cuantos pasos, en los locales del mercado de artesanías Ki-huic, fundado en 1973, se vende ropa típica mexicana, sombreros, trajes de baño y souvenirs; estos últimos son de los artículos más buscados por el turismo extranjero.
Ahí trabaja Jacinto desde hace más de 20 años. Con marcado acento yucateco, viste bermuda color caqui, camisa azul marino y huaraches cafés. Camina despacio sosteniendo un cigarro con la mano derecha y, con abundante cabellera y el rostro tranquilo, platica con optimismo: “Sí está bajo el turismo, pero ya nos estamos levantando; esto va a mejorar”.

Jacinto explica que en el centro de Cancún los precios son mucho más accesibles que en la zona hotelera: “En el mercado Coral Negro de la zona hotelera todo es muy caro porque las rentas se pagan en dólares, por eso el turismo prefiere bajar al centro”. Fuma de su cigarro sosteniéndolo entre dos dedos, repite: “Sí nos estamos levantando”. Y se retira hacia los locales comerciales que atiende para su patrón.
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Los restaurantes y comercios turísticos del centro de Cancún se muestran más optimistas porque, a pesar de la caída del 4.6% en la industria, aún hay visitantes que recorren la zona e incluso se hospedan en ella, pagando habitaciones sencillas de 500 a mil 800 pesos. Con opciones de comida en restaurantes y fondas desde 250 pesos, el turismo nacional e internacional continúa buscando alternativas económicas, encontrando en el centro de Cancún una excelente opción.