Edgar Ledesma · 2 de septiembre de 2026
“¡Es un honor estar con Claudia hoy!” fue el grito que se impuso cuando la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, ingresó al pleno para entregar el Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum a Raúl Bolaños-Cacho Cué, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.
Después de ocho años de un movimiento construido alrededor de Andrés Manuel López Obrador, la nueva porra buscó colocar a Sheinbaum en el centro, en un momento en que Morena enfrenta divisiones internas, disputas rumbo a 2027 y liderazgos que todavía gravitan alrededor del expresidente.
El relevo ocurrió hace casi dos años en Palacio Nacional, pero dentro del oficialismo todavía parece en proceso. Esta vez, al menos en el pleno, el nombre que terminó imponiéndose fue el de Claudia, aunque los gritos sonaron dispersos y con menos fuerza que en otras ocasiones.

Con 91 senadoras y senadores y 325 diputadas y diputados presentes, Bolaños-Cacho abrió la sesión a las 17:06 horas. Ignacio Mier apareció primero por el pasillo central. Segundos después ingresó la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, acompañada por una comisión plural.
La integraron los diputados morenistas Dolores Padierna y Víctor Hugo Lobo; David Azuara, del Partido Acción Nacional (PAN); Eruviel Ávila, del Partido Verde Ecologista de México (PVEM); Reginaldo Sandoval, coordinador de la bancada del PT; Marcela Guerra, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y Jorge Alfredo Lozoya, de Movimiento Ciudadano (MC), además de los senadores Simey Olvera, de Morena, y Enrique Vargas del Villar, vicecoordinador de la bancada panista.
Rosa Icela no pronunció ningún discurso. Entregó dos ejemplares impresos del informe y 628 estuches con tarjetas QR para los integrantes de ambas cámaras. Su paso por el salón duró nueve minutos con 42 segundos, que legisladoras y legisladores aprovecharon para tomarse selfies con ella. Cumplido el trámite, salió del recinto y comenzó la disputa por el relato del país.
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Horas antes, distintos medios habían reportado que el PRI tenía en sus oficinas alrededor de 40 megáfonos y un féretro blanco para protestar durante la sesión. Monreal dijo que personal de seguridad le había informado sobre los aparatos, por lo que que habló con los dirigentes de las bancadas para intentar mantener una sesión “respetuosa y racional”.
Los megáfonos nunca aparecieron en el pleno. El féretro tampoco. En su lugar, fue Monreal quien recorrió de un extremo a otro el salón.
Luis Donaldo Colosio fue el primero en hablar. El senador de Movimiento Ciudadano acusó a Morena de reunir un poder que ningún otro proyecto había concentrado en la historia moderna del país y preguntó una y otra vez: “¿Cuántos años más?”.

Calificó como “imperdonable” la protección al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, la violencia en Michoacán y los ataques contra Grecia Quiroz, actual alcaldesa de Uruapan, Michoacán, después del asesinato de su esposo, Carlos Manzo.
Mientras hablaba, Guadalupe Araceli Mendoza Arias, diputada independiente e integrante del Movimiento del Sombrero, permanecía de pie con una cartulina: “¡Apoyo total a Grecia Quiroz! México está contigo”.
Fue durante ese discurso que Monreal dejó los lugares de Morena y caminó hasta la bancada del PRI. Ahí abrazó a Alejandro Moreno, saludó a Rubén Moreira y posó con ambos para una fotografía.
“Como ahí quedamos bien. Yo creo que el camino es eso: aunque sea firme, pero con respeto”, le dijo Moreno. Antes de separarse, agregó: “Gracias, Richard, te quiero mucho, ¿eh? Vamos a cumplir. Venga”.
La conversación no aclaró a qué acuerdo aludían, pero horas antes de que personal de seguridad le informara sobre los 40 megáfonos y el féretro blanco que el PRI tenía en sus oficinas, Monreal reveló que había hablado con Moreira y Alejandro Moreno para pedir una sesión respetuosa, sin provocaciones ni escenas que interrumpieran la entrega del informe.
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Ninguno reconoció abiertamente que hubieran acordado guardar los aparatos, pero la frase de Moreno “aunque sea firme, pero con respeto” coincidió con el llamado de Monreal. Al final, los discursos fueron duros, pero los megáfonos y el féretro nunca aparecieron.
El abrazo ocurrió, además, un día después de que la bancada de Morena eligiera a Eduardo Castillo para encabezar la Sección Instructora, entre gritos de “¡desafuero!”. El órgano mantiene pendiente la solicitud para retirar la inmunidad al dirigente priista.
Castillo sustituyó a Hugo Eric Flores, quien dejó la Cámara de Diputados sin resolver el expediente contra Moreno.
Alejandro Moreno subió después a tribuna con camisa azul y una corbata roja, casi guinda. En cuanto comenzó a hablar, Gerardo Fernández Noroña se levantó y abandonó el salón.
El dirigente nacional del PRI inició con una alerta a la comunidad internacional. Acusó al gobierno de perseguir, espiar y fabricar investigaciones contra sus adversarios, al tiempo que protegía a políticos de Morena señalados por posibles vínculos con el crimen organizado.

Elevó la voz para exigir que retiraran la protección al expresidente López Obrador, a su hijo Andrés Manuel López Beltrán, conocido como Andy; al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a otros políticos morenistas.
“Si de verdad tuvieran un mínimo de decencia, romperían su pacto con los cárteles del crimen organizado”, lanzó.
El nombre del senador Enrique Inzunza estuvo en el discurso, pero él no estuvo en el salón. Un día antes había reaparecido en el Senado después de 124 días de ausencia y apenas el 26 de agosto se había separado de la bancada de Morena para conservar su escaño sin grupo parlamentario.
El legislador sinaloense fue acusado por fiscales estadounidenses de presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, señalamientos que él rechaza y atribuye a una persecución política.
Frente a la tribuna, Monreal conversaba y bromeaba con Ignacio Mier y Adán Augusto López. Este último sonreía y se tomaba fotografías mientras Moreno mencionaba a Andy y exigía que los políticos señalados fueran llevados ante la justicia.
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Los aplausos más fuertes de la bancada priista llegaron cuando su dirigente aseguró que Morena estaba “moralmente derrotada”. Después llamó a los partidos opositores a unirse en un solo frente para competir en 2027 y reconoció los errores cometidos por el PRI, aunque reivindicó su experiencia: “No somos perfectos, pero damos resultados y sí sabemos gobernar”.
Antes de la intervención del Partido del Trabajo, Monreal retomó su recorrido. Salió de la zona de los petistas y atravesó el pleno hasta la bancada del PAN. Ahí conversó con Ricardo Anaya, coordinador de los senadores panistas, y con José Elías Lixa, coordinador de los diputados del partido.
Después se sentó durante algunos minutos junto a Ivonne Ortega, coordinadora de MC en la Cámara de Diputados. En su recorrido ya había pasado por las tres principales bancadas opositoras: PRI, PAN y MC.
Para entonces, Guadalupe Araceli Mendoza había bajado su cartulina y ocupado su lugar.
Reginaldo Sandoval defendió los resultados económicos y sociales del gobierno, llamó a cerrar filas frente a cualquier intento de intervención extranjera y ratificó que el PT mantendrá su alianza con Morena y el PVEM en las elecciones de 2027 y 2030.

Carlos Puente, coordinador del PVEM, destacó los programas sociales, el aumento al salario mínimo y la reducción de homicidios reportada por el gobierno. “El Verde no llega a pedir, el Verde llega a sumar”, dijo al refrendar su respaldo a Sheinbaum.
Ricardo Anaya estructuró el posicionamiento del PAN alrededor de las tres promesas repetidas por Morena desde 2018: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo.
El senador cuestionó las cifras oficiales de homicidios, acusó que algunas muertes son registradas en otras categorías y habló de censura, huachicol fiscal y políticos relacionados con el crimen organizado.
Mientras Anaya mencionaba a los “narcopolíticos”, el diputado morenista Cuauhtémoc Blanco permanecía de espaldas al centro del salón. Recargado sobre una curul, ignoró el posicionamiento del excandidato presidencial.
La morenista Malú Mícher tuvo la última intervención. La senadora defendió los resultados de Sheinbaum y acusó a la oposición de presentar sus “privilegios perdidos” como tragedias nacionales.
“La estridencia no sustituye a los argumentos”, afirmó en una sesión en la que no aparecieron los megáfonos, pero sí sobraron los gritos.
Mícher afirmó que México padeció el neoliberalismo durante “más de cuatro décadas”. Minutos antes, Reginaldo Sandoval había repetido la cifra utilizada habitualmente por el oficialismo: 36 años.
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Al hablar de los más de 42 millones de beneficiarios de los Programas para el Bienestar, la senadora sostuvo: “ya estuvo bueno de que anden diciendo que ese dinero es de nuestros impuestos. Mentira, es de una austeridad republicana”.
La frase confundió el origen de los recursos con su destino. La austeridad puede liberar o reorientar dinero, pero no constituye por sí misma una fuente de ingresos.
Los programas sociales se financian mediante el Presupuesto de Egresos, sostenido por impuestos, ingresos petroleros, derechos, aprovechamientos y deuda. Para 2026, la Ley de Ingresos estimó recursos totales por 10.19 billones de pesos, de los cuales 5.84 billones, alrededor del 57 %, provendrían de impuestos.

Horas antes, la propia Claudia Sheinbaum había dicho que “los recursos públicos se convierten en programas para el bienestar, escuelas, hospitales, vivienda, carreteras, obras de agua, trenes y seguridad”.
El momento de mayor tensión llegó cuando Mícher afirmó que el Cártel de Sinaloa, Los Zetas, La Familia Michoacana y el Cártel Jalisco Nueva Generación surgieron o se consolidaron durante los gobiernos del PRI y del PAN.
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“Ningún cártel ha nacido con el gobierno de la 4T”, sostuvo.
La frase provocó una rechifla desde la oposición. Mícher respondió dos veces que esa historia “no la van a poder borrar”, hasta que Raúl Bolaños intervino para pedir respeto y permitirle continuar.
Después de la sesión, Alejandro Moreno fue cuestionado sobre los megáfonos que nunca llegaron al pleno.
“Tú sabes que luego se dicen muchas cosas”, respondió. Después habló del diálogo, de la construcción parlamentaria y del trabajo de los coordinadores de ambas cámaras, pero no reconoció un acuerdo para guardar los aparatos.
Reiteró su llamado a construir un bloque opositor rumbo a 2027 y advirtió que el partido que no se sume será un “esquirol de Morena” porque dividirá el voto de la oposición.
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La sesión no estuvo libre de acusaciones, gritos ni rechiflas, pero tampoco se convirtió en el choque que se anticipaba. Los discursos fueron duros y por momentos incendiarios, aunque nadie hizo sonar una sirena ni intentó reventar la entrega del informe.
Monreal tampoco explicó qué habló con cada bancada. Su recorrido, sin embargo, dejó una imagen distinta a la que se escuchaba desde la tribuna.
Arriba, los partidos se acusaron de proteger criminales, traicionar a la patria y destruir la democracia. Abajo, los mismos grupos se saludaron, se abrazaron y encontraron la manera de terminar la sesión sin romperla.