Paris Martínez / Observatorio judicial Ibero · 29 de julio de 2025
Aunque al hablar de justicia civil suele pensarse en pleitos por bienes, herencias y valores –es decir, en controversias relacionadas con la propiedad–, una de las principales áreas que atiende esta rama de la justicia es el derecho de las personas a la justa indemnización cuando han sufrido afectaciones de cualquier índole en su esfera de vida, una visión de la justicia conocida como “derecho de daños” que en México viene desarrollándose desde 2011, cuando la protección de los derechos humanos fue elevada a rango constitucional.
No obstante, tal como advierte el especialista Mauricio Sarmiento –médico, abogado, analista jurídico y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México– la reforma judicial dinamitó los avances logrados en México en “derecho de daños”.
“Su funcionamiento depende de la confianza de la sociedad en el sistema de justicia y, ahora, con el cambio de jueces y la llegada de gente sin experiencia (en septiembre próximo), esa confianza en que el Estado va a salvaguardar tus derechos se pierde”, explica el especialista.

Tal como explica Sarmiento, “la justicia civil, que es la vía principal por la que se ejerce el derecho de daños, se acerca mucho a la justicia penal en cuanto a los derechos que está garantizando, ya que protege el derecho a la vida, a la integridad física, a la integridad psicológica, al sano desarrollo, a la dignidad, y atiende a un hecho concreto: a veces lo que la gente quiere es una indemnización por una negligencia sufrida, no que el responsable termine en la cárcel, porque eso no repara los efectos de dicha negligencia“.
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El especialista pone algunos ejemplos: “Hablamos de niños a los que les cayó algo mal colocado en una tienda de autoservicio y le provoca una lesión grave, que afectó sus capacidades cognitivas o su movilidad; hablamos de familias cuyo proveedor principal, el padre o la madre, murieron por el error de un doctor durante una cirugía, de gente que por negligencias pierden un brazo. Toda esta gente no sólo sufre el daño físico, sino que ve gravemente afectada su dignidad, su proyecto de vida, su capacidad para desarrollarse, para trabajar, y todas esas afectaciones deben ser reparadas”.
En todo el mundo, advierte, los procesos en los que se aplica el derecho de daños suelen ser lentos, porque se profundiza en aspectos técnicos muy complejos, relacionados con el contexto en el que se dieron los daños. Pero en México, además, son procesos muy costosos para la persona afectada, ya que de inicio es quien debe proveer las pruebas del daño sufrido, lo que implica pagar muchos peritajes y estudios técnicos especializados.
Igualmente, destaca el experto en reclamo de indemnización por negligencias que causan afectaciones en la salud, se trata de juicios asimétricos, en los que la víctima suele enfrentar jurídicamente a empresas con mucho poder económico, como aseguradoras, hospitales privados, cadenas de hoteles o supermercados, sólo por citar algunos ejemplos.
“La gente sólo comenzó a apostar por la justicia civil cuando se generó la confianza de que el Estado mexicano, su sistema de justicia, sus jueces, iban a suprimir esas asimetrías y dedicar sus capacidades y recursos a defender los derechos de la ciudadanía. Esa confianza se vino construyendo en los últimos 24 años, porque se lograron muchas sentencias que reconocieron el derecho a la justa indemnización“, afirma Sarmiento.
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En contraste, asegura, en el semestre transcurrido desde la aprobación de la reforma judicial, ha disminuido mucho la reclamación de indemnizaciones, al menos en la Ciudad de México, que es donde él labora.
“Quién va a reclamar ahora indemnización, sabiendo que su caso lo llevará un juez sin experiencia, que no tiene idea de cuál es su labor, que no sabe cómo funcionan los juzgados o cómo valorar una prueba, alguien que llegó al cargo sin haber pasado por ningún filtro en materia de corrupción. ¿Quién va a defender su derecho a una indemnización, si ahora va a tener que dedicarle ocho o diez años al proceso y, al final, no existe la confianza de que recupere nada?”, cuestiona.

Las estadísticas de desempeño del sistema de justicia civil en la Ciudad de México confirman el panorama adverso expuesto por Sarmiento ya que, entre enero y abril de 2025, se iniciaron sólo 23 mil 306 expedientes en materia civil, mientras que en el mismo periodo del año anterior fueron 45 mil 622 los expedientes iniciados. Esto representa una disminución de 48.5 % en el número de demandas civiles interpuestas.
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Esta caída se da inmediatamente después de que la reforma judicial fuese aprobada, en diciembre de 2024.
“A los abogados que nos dedicamos al derecho de daños nos pagan por hacer predicciones –explica–. Llega un cliente y te dice, ‘ésta es mi afectación, ¿es probable que obtenga una indemnización? ¿Cuánto podría obtener?’ Entonces uno tiene que hacer una predicción y eres tan buen abogado como puedas cumplir sus predicciones. Pero ahorita es imposible predecir qué va a pasar, si van a cambiar a todos los jueces civiles, por otros que no dominan la materia“.
Tampoco carece de fundamento la impresión del especialista, sobre el bajo dominio del derecho civil que reportan los nuevos titulares de juzgado, electos por voto popular en la Ciudad de México.

Un ejemplo de ello es la candidata Arlen Villegas Gómez, quien no sólo logró la postulación, sino que resultó ganadora y obtuvo así un cargo como jueza civil en la capital del país, a pesar de que como estudiante de derecho tuvo la calificación de 6 en las materias de Derecho Civil, Derecho Procesal Civil, Derecho Mercantil (área que atienden los juzgados civiles) y en Garantías Individuales, tal como se muestra en el historial académico que sobre esta nueva jueza publicó el Instituto Electoral de la Ciudad de México.
“Con todo esto, la aplicación de los principios del derecho de daños queda moribundo. En un año más íbamos a conmemorar los 25 años de la aplicación en México de estos principios jurídicos, que tanto bien le han hecho a la gente. Pero, así como vamos, lo que veremos será la muerte de estos principios“, concluye Sarmiento.