De la confrontación ideológica a las alianzas pragmáticas: PAN y PRI, un matrimonio fallido

Jorge Ávila · 18 de octubre de 2025

De la confrontación ideológica a las alianzas pragmáticas: PAN y PRI, un matrimonio fallido

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue fundado en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR) y durante más de siete décadas mantuvo el control político del país a través de un sistema presidencialista que concentró el poder en la figura del Ejecutivo. Una década más tarde, en 1939, en el Frontón México, surgió el Partido Acción Nacional (PAN), impulsado por Manuel Gómez Morín y un grupo de intelectuales católicos, como una fuerza que buscaba contrapesar el dominio del Estado y exigir elecciones libres.

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Durante gran parte del siglo XX, el PAN se mantuvo como una oposición minoritaria, a la sombra del partido hegemónico. Su crecimiento comenzó a consolidarse en las décadas de 1980 y 1990, cuando empezó a ganar gobiernos municipales y estatales en entidades del norte del país. En 1996, ambos partidos coincidieron en la aprobación de una reforma electoral que fortaleció la autonomía del entonces Instituto Federal Electoral (IFE) y abrió el camino para la alternancia.

En 1997, el PRI perdió por primera vez la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Tres años después, en 2000, el PAN ganó la Presidencia de la República con Vicente Fox Quesada, lo que marcó el fin de más de 70 años de gobiernos priistas. Ese triunfo, logrado en alianza con el Partido Verde, simbolizó la ruptura del sistema hegemónico.

A partir de entonces, la relación entre ambos partidos pasó de la confrontación a una etapa de negociación en el Congreso. Durante los gobiernos panistas de Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012), el PRI se convirtió en una oposición con la que el PAN debió pactar para aprobar reformas estructurales y los presupuestos federales.

Con el regreso del PRI a la Presidencia en 2012, encabezado por Enrique Peña Nieto, se consolidó una etapa de cooperación formal. A través del Pacto por México, firmado en diciembre de ese año junto con el PRD, el gobierno federal y las principales fuerzas políticas impulsaron reformas en materia energética, educativa y de telecomunicaciones.

Dicha alianza legislativa, aunque no electoral, evidenció una coincidencia pragmática entre el PRI y el PAN en torno a una agenda económica liberal y de modernización institucional.

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Fotos: Cuartoscuro

La relación dio un nuevo giro en 2020, cuando las dirigencias nacionales de ambos partidos acordaron conformar, junto con el PRD, la coalición Va por México. El objetivo era competir de manera conjunta frente a Morena y sus aliados en las elecciones intermedias de 2021. La coalición participó en 219 de los 300 distritos federales y obtuvo alrededor de 19.4 millones de votos, con una representación relevante en la Cámara de Diputados, aunque sin recuperar la mayoría legislativa. A nivel estatal, en los comicios de 2022, la alianza compitió en seis gubernaturas y solo logró triunfos en Aguascalientes y Durango.

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En 2023, la coalición se reconfiguró bajo el nombre Fuerza y Corazón por México para las elecciones de 2024. En esa contienda, el bloque PAN-PRI-PRD únicamente retuvo una gubernatura, aunque mantuvo presencia en algunas capitales estatales y municipios urbanos.

Los costos y límites de las alianzas

En el plano local, PAN y PRI también establecieron acuerdos parciales para candidaturas comunes. En algunos estados, estas alianzas facilitaron victorias municipales o legislativas; en otros, derivaron en pérdidas de identidad partidista y conflictos internos.

Según reportes periodísticos, durante el periodo de alianzas con el PAN, el PRI perdió 17 gubernaturas, lo que refleja el desgaste de su estructura territorial y la dificultad de ambas fuerzas para competir frente a Morena.

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Foto: Cuartoscuro

Tras los resultados de 2024, los liderazgos panistas iniciaron un proceso de distanciamiento del PRI, cuestionando la eficacia de las coaliciones electorales y su impacto en la imagen del partido. El PRI, por su parte, enfrenta su nivel más bajo de representación nacional desde su fundación.

A 85 años de su creación, el PAN y el PRI representan dos trayectorias políticas que convergieron en alianzas por necesidad más que por afinidad ideológica. Su historia conjunta resume la transformación del sistema político mexicano: de la hegemonía de un solo partido, a la competencia multipartidista, y finalmente a las coaliciones estratégicas en un escenario dominado por nuevas fuerzas políticas.