Zona de guerra

Contenido Animal Político · 9 de julio de 2021

Zona de guerra

Estos días he sentido la necesidad de defender, principalmente ante mí misma, mi derecho al enojo. Durante la mayor parte de mi vida creí que el conflicto era una situación de la que tenía que escapar y una enfermedad de la que no me debía contagiar. Tenía muy claro que el riesgo de entrar en conflicto era convertirme exactamente en lo que soy.

Después de varios intentos por contener mis emociones más primitivas, decidí adentrarme en zona de guerra no para librar la batalla, sino para pelear por lo que creo y para ubicar mi lugar en este mundo; y ocuparlo. Porque, a pesar de mis ideas evasivas, a los conflictos se les resuelve mirándolos de frente, incluso desde la poca visión que otorgan la ansiedad y el dolor.

Defender mi derecho al enojo es recuperar el poder de disentir y de manifestarme. Estoy exhausta de obligarme a ser racional y congruente, cansada de controlar cada uno de mis impulsos y de pretender que tengo el absoluto control sobre mí misma. Esconderme tras tantas mentiras es el mayor de mis absurdos. Un atentado contra mi salud mental y emocional.

A estas alturas, creo que el enojo es una forma de desolación que nos reitera que somos huéspedes y extranjeros en nuestro propio cuerpo. Cuando algo me hiere, mi cuerpo, de pronto, es tierra de nadie. Una promesa rota, una misión no cumplida. Quizá lo que más tristeza me da es descubrir que no existe un lugar en este mundo que no sea una posible zona de guerra.

En algún punto me aferré a la idea de que las personas que más amo no solo me acompañarían en las caídas, sino que me protegerían del dolor que implica caer. Pero ese ha sido el espejo mejor vendido de todos, porque la trayectoria entre la caída y el fondo siempre es en solitario; incluso hay veces que caemos gracias a la estocada de las personas más cercanas.

Tras liberarme de las múltiples exigencias emocionales dándome el permiso de sentirme enojada y asumiendo que las heridas no se curan pretendiendo que no existen, en este instante recorro la zona de guerra y no encuentro, para mi alivio, mi cadáver. Lo único que alcanzo a ver es mi reflejo: una mujer convertida exactamente en lo que es, haciéndole frente a lo que la hiere para derrotarlo.

Esto es lo que soy. Una persona intransigente peleando una única batalla: la defensa de sí misma porque, al final del día (y de la noche), el enojo no se trata de lo que te otorga, sino de lo que no permitirás que te arrebate. 

 

@barbarahoyo