Zombis, pastores y otras ilusiones aplastadas

blogeditor · 31 de octubre de 2014

Zombis, pastores y otras ilusiones aplastadas

Por: Raúl Méndez (@rulwolf)

Los supermercados y las tiendas departamentales son espacios cosmológicos donde se marcan las temporadas y las celebraciones que los nativos debemos realizar a lo largo del año, así como el tipo y calidad de objetos rituales, vestidos ceremoniales y dádivas que es necesario adquirir.

De un tiempo para acá, no obstante, estas brújulas del tiempo y el espacio que son los centros de consumo, nos han creado anomalías, traslapes y ambigüedades. Caminar hoy por alguna plaza comercial es encontrarse con brujas, momias, ofrendas “de muertos”, justo en la parte trasera, de cándidos nacimientos sagradas familias, ángeles y dadivosos reyes magos. Así, entre zombis y pastorcillos el año se nos acaba.

NAVIDAD EN HALLOWEEN

Navidad en Halloween, fotografía tomada esta semana en uno de los tantos centros comerciales que pululan en México ¿Por qué se han superpuesto celebraciones como el Día de Muertos /Halloween y la Navidad? Uno se ve tentado a adornar su árbol de navidad con calabacitas o utilizar el disfraz de Daredevil para la próxima pastorela.

Día de Muertos, Halloween o Navidad ya han perdido su convocatoria, su seductor llamado que nos hacía creer. Creer en muertos que vienen a comer, en brujas que surcan los cielos, en niños Dios que mandan mensajes de buena voluntad al mundo. Agotamos tales creencias y nos quedamos con el ritual transformado en rutina.

Es probable que en unos años, en el mes de enero, encontremos de un solo golpe todas las celebraciones que le restan a los meses realizar: Por un lado ofertas de reyes, decoradas con corazones de San Valentín y adelante bikinis para las vacaciones de verano, adecuadamente diseñados con motivos verde, blanco y rojo para ahora que celebremos Independencia. Sombreros charros de “¡Viva México!” con bigotes para lo de la Revolución, botellas de tequila con la Catrina en la etiqueta y un regalo navideño como promoción atado al lado. Al salir todos podremos comprar con descuento racimos de uvas. Enero, el mes del año.

La humanidad está desgastada emocionalmente, es escéptica, “sospechosista” y desilusionada. Como hay que seguir viviendo, pues buscamos la mayor practicidad para nuestros compromisos sociales que es la forma final de las otrora magnas celebraciones comunitarias. Tener Halloween y Navidad en el mismo piso resuelve mis necesidades funcionales.

¿Dónde queda hoy en día lo emocional? Si el año litúrgico, poderoso recurso religioso, espiritual y simbólico, está hoy totalmente desgastado, ¿qué esperanza podemos tener de encontrar cosas que de veras nos emocionen y con las que deseemos comprometernos? Marcas, películas, mensajes institucionales de gobiernos locales y federal, campañas de asociaciones civiles, ONG’s, tratan de apelarnos emocionalmente, pero lo que logran, en la mayoría de los casos, es solo una sobre-estimulación de sentimientos que son ráfagas de viento las cuales desaparecen pronto, no crean lazos emotivos de largo plazo.

En LEXIA estamos preocupados por cabezas y corazones, por seres humanos totales que quieren vivir en el progreso, vivir cómoda y funcionalmente, pero que también tienen anhelo de ilusión. Como tal eso no nos lo han dicho literalmente en sesión de grupo alguna, pero es el palpitar de fondo en cada una de las aproximaciones cualitativas y cuantitativas que realizamos: el desencanto, la apatía, la incredulidad. Hemos detectado que nos falta esperanza.

En el corto “Los reyes magos existen” del realizador español Alberto González, se muestra, en voz de un soez niño y un profundo humor negro, la necesidad de tener fe y fantasías (Advertencia: Contiene lenguaje altisonante).

No ha muerto el anhelo por sorprenderse y vivir fantasías, solo que, en nuestro pragmatismo quizá necesario, pero exacerbado, descuidamos, en pro de la funcionalidad, a la ingenuidad, la animalidad, la ilusión, la sorpresa y la admiración. La paradoja humana de hoy es que conocemos científicamente los procesos neurológicos y fisiológicos del sueño, pero se nos ha olvidado cómo soñar.

“No es que tengan la cabeza demasiado grande, tienen el pecho demasiado angosto”, escribía C.S Lewis respecto a quienes están suficientemente desencantados e inhabilitados para imaginar. Para Lewis, a largo plazo, esto conllevaría a la “abolición del Hombre”.

Por tales motivos en LEXIA trabajamos hombro a hombro con nuestros clientes del sector público y privado a fin de co-crear con ellos soluciones que resuelvan las necesidades, pero también despierten a esa fiera dormida en lo profundo de los públicos, la emotividad, el anhelo y el compromiso. A fin de cuentas se trata de hacer un mundo mejor donde tengamos nuevamente la pasión por vivir.

Concluyo compartiendo una de mis emociones: el 31 de octubre de este año se cumplen 497 años de la Reforma Protestante. De esto han resultado muchas cosas pero destaco la posibilidad de creer. Lutero, Calvino y compañía le recordaron al mundo que creer no tiene que ser una imposición, sino algo que nace en lo profundo del ser, creer desde las entrañas que en este mundo aún se alberga, en algún lado, la esperanza.
 

* Raúl Méndez es antropólogo social por la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa, con especialización en el área de Cultura. Realizó estudios de teología en el Seminario Teológico Presbiteriano de México. Cuenta con cinco años de experiencia en investigaciones sociales y consultoría institucional de los cuales tres han transcurrido en LEXIA donde integra el área de Insights Management.