blogeditor · 22 de diciembre de 2015
“El problema de la izquierda contemporánea es que está demasiado adherida a la fantasía”, afirma el filósofo esloveno Slavoj Zizek (Liubliana, 1949), que ha escrito más de sesenta libros de temas relacionados con el psicoanálisis, el marxismo y la filosofía pura en una propuesta original que articula elementos del arte, el cine, la cultura popular y los clásicos de la filosofía antigua y moderna.
Y añade: “creo que es una fantasía dirigir la democracia con una mente local, comunal. A pesar de que a veces pueda funcionar a un nivel local esa no será la fórmula que nos acabará salvando. Creo que la nueva izquierda debería deshacerse de ese sistema, no digo que la política local no pueda hacer maravillas, digo tan sólo que no es la gran respuesta, tenemos que unirla a acciones a nivel global”.
[contextly_sidebar id=”ozHtKQvzCWB5exs7sO5ok39FxJfAl3nA”]Zizek se pregunta “¿cómo podemos, por ejemplo, frenar el cambio climático? Desde luego no con políticas locales, nadie se cree realmente que todo se arregla reciclando; pero así es como funciona la ideología: como si alguien nos dijera: ‘tú cumple con tu pequeña obligación, recicla’, cuando en realidad lo que necesitamos es un cambio radical en todo el sistema. La verdadera fórmula de una política radical sería lo que en psicoanálisis se denomina ‘atravesar la fantasía’, romper el encanto de la fantasía, reconocer que la fantasía que establece la realidad de nuestro sistema político es falsa, entender la falsedad que hay en ella”.
Sobre el liderazgo plantea que “el siglo XX ha sido un siglo necesitado de mitos, pero mi opinión es que hoy no necesitamos profetas sino líderes, y cuando me refiero a líderes me refiero a líderes no autoritarios. Un verdadero líder no da órdenes, no le dice a la gente lo que debe hacer, un verdadero líder anima a hacer uso de la libertad. Dice ‘podemos hacerlo’”.
Y completa con que “Aristóteles dice en la Metafísica que en cierto punto los esclavos son más libres que los hombres libres, es verdad que están subordinados pero también que no siente la presión interior del deber. Nosotros somos esclavos, disfrutamos de nuestras pequeñas elecciones libres pero en términos globales recibimos unas coordenadas impuestas, aquí es donde entra de nuevo el sentido de un verdadero líder, no nos dice lo que tenemos que hacer, sino que nos confronta con el deber de hacer algo”.
¿Podrá la izquierda superar su mentalidad localista que entre otras cosas rechaza la realidad irreversible de la globalización? ¿Podrá superar la fantasía de crear un modelo social ajeno a las realidades del mundo, que sólo vale para el lugar en el que vive? ¿Los liderazgos de la izquierda caracterizados por el paternalismo autoritario darán paso al tipo de líderes, no de caudillos, que plantea Zizek? ¿Los líderes de la izquierda dejarán algún día que la ciudadanía decida libremente por su cuenta?