Joel Aguirre · 3 de agosto de 2026
Zacatecas fue durante años una de las entidades más violentas del país; sin embargo, en 2021 experimentó un punto de inflexión y los homicidios fueron poco a poco remitiendo. No obstante, la reciente aparición de 10 cuerpos colgados en puentes demuestran que la supuesta reducción de la violencia fue un espejismo.
La aparente pacificación de Zacatecas se debe a una especie de equilibrio criminal, en donde dos organizaciones que antes disputaban la entidad con fuerza se han repartido el estado, no mediante un acuerdo formal, pero sí de facto: los Cabrera, de la Mayiza del Cártel de Sinaloa, dominan el norte, mientras que el Cártel Jalisco Nueva Generación manda en el sur.
Esto en la práctica se ha traducido en menos homicidios. De hecho, el secretario general de Gobierno, Rodrigo Reyes Muguerza, afirmó que habían logrado en cinco años una reducción del 95 % de los homicidios sin pactar con ningún cártel. Sin embargo, al tiempo que los homicidios van a la baja, las extorsiones se han incrementado.
La reducción en los homicidios, que suele ser el único indicador al que se le presta atención para medir la violencia, esconde una transformación de la actividad criminal, que es que cuando una organización criminal logra el dominio en una zona, como con los Cabrera en el norte de Zacatecas o el CJNG en el sur; esta busca reducir los homicidios para concentrarse en actividades de extracción económica, como la extorsión.
Al bajar los homicidios el Gobierno Federal deja de prestarle atención a la entidad, el Gobierno del Estado se dedica a presumir los avances, y las organizaciones criminales se concentran en exprimir a las empresas y las personas mediante amenazas que rara vez son cubiertas por los medios de comunicación.
Ejemplo de lo anterior es el sistema de extorsiones desarrollado por los Cabrera, que establecieron una cuota de 1,600 pesos para cada cabeza de ganado que se vendiera en los municipios que controlan. También se tiene que pagar piso por cada embarque que sale de las minas de Mazapil, Fresnillo o Sombrerete.
Peor aún, el contubernio de algunas empresas mineras ha ido más allá del pago de extorsiones. Orla Mining, una compañía canadiense propietaria de la mina Camino Rojo, contrató a los Cabrera para que presionaran a su sindicato para aceptar condiciones no favorables para sus trabajadores en la renegociación del contrato colectivo.
Además de estos sectores, el de la construcción denunció en 2025 extorsiones por parte de los Cabrera y de un personaje que se presentaba como integrante de la CATEM, situación que es bastante similar a la que se tuvo en Durango con los Cabrera y la CATEM, a través de Edgar Rodríguez Ortiz, el Limones.
Las extorsiones en Zacatecas no son un hecho aislado, sino una constante que se hace presente en todos los sectores, desde el transporte hasta la agricultura, del comercio a los centros nocturnos y el turismo. Dañan a la población y a la economía, mientras el crimen organizado se llena los bolsillos.
A los Cabrera se les atribuye el asesinato de las 10 personas que aparecieron colgadas en puentes y la principal línea de investigación que se sigue es la falta de pago a las extorsiones de dicho grupo, por lo que se cree que se trató de un acto que buscaba transmitir el mensaje a otros de las consecuencias de no pagar.
De hecho, algunos de los autores más respetados en los estudios sobre crimen organizado como Diego Gambetta, Thomas Schelling y Stergios Skarpedas sostienen que las organizaciones criminales que viven de la extorsión deben cada determinado tiempo aplicar un castigo ejemplar a quien se niegue a pagar, ello como mecanismo para sembrar miedo en los demás y garantizar la cooperación de los extorsionados.
De manera que lo que vimos en Zacatecas fue una escena enfocada en sembrar terror entre los empresarios, un mensaje de un grupo criminal que busca que todos paguen a tiempo, y sí no, que asuman las consecuencias, mientras los gobiernos federal y estatal celebran una ficticia baja de la violencia.
La escena fue tan efectiva que salió en medios nacionales y recibió mucha atención, lo que nos lleva a pensar que a los Cabrera se les pasó la mano porque obligaron al Gobierno Federal a enviar elementos de fuerzas especiales a Zacatecas, lo que pone en peligro su propio monopolio regional.
Hoy Zacatecas vuelve a estar en el foco del análisis del crimen organizado, y una revisión hemerográfica nos permite ver que, si bien existen remanentes de organizaciones como el Cártel del Golfo, los Talibanes y el Cártel del Noreste, lo cierto es que solo el CJNG y el Cártel de Sinaloa, a través de los Cabrera, tienen presencia significativa en la entidad.
Los Cabrera del Cártel de Sinaloa dominan en todo el norte y centro del estado, abarcando 46 de los 58 municipios, mientras que el CJNG tiene relevancia en el sur y partes del centro con 45 de los municipios.

Para hacer frente a estos grupos es importante seguir el rastro de las extorsiones, ya que en los lugares en donde empresarios y ciudadanos señalan que estas existen, son los espacios en donde estos grupos criminales tienen presencia y atacar sus fuentes de ingreso será vital para debilitar sus posiciones.
Lograrlo implicará una importante sinergia con los grupos empresariales organizados, con ganaderos, agricultores, restauranteros, transportistas, mineros, constructores y comerciantes, pero el reto mayor es lograr la confianza de estos, porque el miedo a denunciar sin duda será el principal obstáculo.
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Víctor Manuel Sánchez Valdés es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad pública y doctor en políticas públicas por el CIDE. Contacto: [email protected] Redes: @victorsanval