blogeditor · 23 de julio de 2013
Mohammad Yunus, Premio Nobel de la Paz 2006, estuvo la semana pasada en México invitado por el Centro Fox, en San Cristóbal, Guanajuato. En dos días de trabajo, con conferencias y reuniones de grupo, planteó su nueva idea sobre los negocios sociales como una estrategia para superar la pobreza.
La sencillez del profesor Yunus, siempre vestido a la usanza de su país Bangladesh, impresiona y conmueve. Él es quien creó el concepto y práctica del microcrédito a nivel mundial con la fundación del Banco Grameen. Esa experiencia se ha multiplicado en países sobre todo de Asia, África y América Latina.
Los negocios sociales, dice Yunus, son autosuficientes financieramente, pero no distribuyen dividendos porque éstos se invierten para que la empresa crezca y así se multiplique, hasta donde se pueda, su impacto social. En esto difiere de quienes sostienen que estas empresas deben resolver los problemas sociales, pero sí repartir dividendos.
Yunus plantea que la inversión original se debe recuperar y ser devuelta a quien la prestó, pero una vez que eso ocurre todos los dividendos van a reinversión. En las reuniones se presentaron algunos casos de éxito en Bangladesh, pero también se hizo referencia a experiencias en Colombia.
Así, la propuesta de la empresa o el negocio social de Yunus tiene siete características: Se crea para superar la pobreza extrema; es autosostenible financieramente; es respetuosa del medio ambiente; recupera y paga la inversión original; no reparte dividendos y todos se reinvierten; la empresa crece y se reproduce; el impacto social se amplía de manera constante.
En su visión estas empresas parten del diagnóstico del problema social que se propone resolver y de la idea creativa y novedosa que se implementa para que eso ocurra. Eso es lo que la hace interesante y significativa. Su éxito, entonces, depende del nivel y la profundidad con la que pudo resolver el problema social que se propuso.
El negocio de Yunus, que no es una organización social sin fines de lucro, funciona en todo como una empresa profesional de alta rentabilidad que pretende, como ésta, generar todos los dividendos que pueda, pero para reinvertirlos en el proyecto y así ampliar su impacto social.
Su propuesta, que tiene ya casos de éxito, se inscribe en la tendencia mundial que se propone contribuir a resolver vía la empresa la pobreza extrema. Lo que está a discusión es si ésta debe o no repartir dividendos. Las dos se van a seguir desarrollando. El punto central no es si reparten o no dividendos sino si realmente contribuyen a resolver la pobreza extrema en el mundo.