blogeditor · 24 de septiembre de 2012
Por: Valeria Hamel (@valehamel)
Yo soy porque nosotros somos
Las siguientes líneas no pretenden reflejar la postura de la de Asamblea Local #YoSoy132Itam, de la Mesa de Medios ni del movimiento #YoSoy132. Reflejan mi posición personal.
La columna publicada el día 19 de septiembre del presente año en Animal Político, titulada “La Democracia de #YoSoy132” por Gisela Pérez de Acha, refleja un amplio desconocimiento del movimiento #YoSoy132, en particular de sus dinámicas internas. Más allá de figurar como una crítica a las estructuras internas del movimiento, basada en hechos, la columnista invitada desarrolla una serie de valoraciones y argumentos fundados en rumores o concepciones alejadas de la realidad. La columna pudo haber fungido como una crítica profunda a los problemas organizativos del movimiento; sin embargo, resultó ser un análisis superficial, que utilizó hechos erróneos para emitir opiniones.
El movimiento #YoSoy132 contempla siete puntos de su Programa de Lucha, dentro de los cuáles el eje rector es la democratización de los medios de comunicación. Este último eje ha sido desarrollado por distintas asambleas locales del #YoSoy132, que contribuyen a él desde un enfoque multidisciplinario. “El Grupo de Democratización de Medios de Comunicación”, va más allá “del documento presenciado ayer”, el cual, por cierto, no refleja la “burocratización, grillas, trámites y asambleitis” que menciona Pérez de Acha, sino los resultados operativos de las asambleas que lo integran. Es un documento que hace público el análisis del grupo, presentando los seis ejes de democratización de los medios de comunicación[i].
La conferencia de prensa que se llevó a cabo el día 18 de junio en el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, en la cual se presentó el documento, pretendió además fungir como un espacio para presentar el concepto de “democratización de medios”. Más allá de estar o no de acuerdo con su definición, el concepto usado no fue determinado en “la famosa Asamblea General Interuniversitaria”, por lo cual no pudo haber sido ‘opacado’ por la misma, como menciona Pérez de Acha, sino que fue construido por el grupo de trabajo tras un periodo de análisis y discusión. Por otro lado, se presentó a los integrantes del grupo.
La poca investigación que visiblemente realizó Pérez de Acha, deja entrevisto que la columnista no conoce a las asambleas locales que integran el grupo ni sus posiciones.[ii] Gisela separa asambleas en “los activos” y “los de masas”, estimando que los primeros son moderados y efectivos, mientras que los segundos son simplemente radicales, intentando crear una división ficticia, basada en una visión monolítica de las izquierdas. La postura presentada en el documento de Democratización de los Medios contiene a asambleas locales de los dos grupos que define la columnista, demostrando que el documento no responde a unos o a otros, sino al conjunto en general. No es la postura de los radicales o de los moderados, es la postura del grupo, mostrando una vez más que el paradigma de división y segregación entre universidades se sigue logrando por el movimiento.
Hay mucho que criticar a la labor que ha hecho esta mesa, pero por ningún motivo su falta de análisis, diagnóstico y estudio, así como su ausencia de propuestas. La complejidad del tema y de sus posibles soluciones amerita una labor igual de compleja. Por ello, el grupo ha trabajado largas horas haciendo un estudio y diagnóstico extenso del problema. Ha discutido con académicos, especialistas y organizaciones enfocadas en el tema y ha apostado a un enfoque multidisciplinario y no meramente jurídico. Por otro lado, en la mencionada conferencia de prensa se dijo expresamente que el documento era un primer avance, que no significaba el proyecto final del grupo de trabajo. Esto será complementado por un Documento de Exigencias Mínimas, que será el documento con los puntos concretos de transformación del sistema de medios de comunicación, y que se presentará en unas semanas, para por último concluir con la propuesta final del grupo.
Por otro lado, la labor del movimiento #YoSoy132 enfocada en democratizar los medios no se agota en los proyectos de esta mesa. Distintas asambleas han trabajado en acciones y proyectos concretos para tomar la democratización de los medios en sus manos e ir más allá del enfoque institucional. Existe ya un programa de televisión por internet del movimiento llamado “TodosSomos132”, transmitido cada miércoles a las 10 pm en www.rompeviento.tv; una estación de radio y un periódico en Guadalajara; el periódico organizado por la Acampada Revolución; así como gacetas, boletines y volantes informativos, que fungen como medios para que la información llegue a la gente.
Asimismo, se han hecho videos informativos que pretenden explicar la lucha del movimiento, proyectados en plazas públicas alrededor del país, así como enfrente de Televisa Chapultepec. Cabe resaltar que la columnista defiende este último tipo de acciones, responsabilizando de su ejecución al ala “de activos”. Es erróneo pensar que el martes “por primera vez, este concepto adquirió contenido”. Al concepto de “democratizar los medios” se le ha vertido contenido en distintas ocasiones, entre ellas las mencionadas en este párrafo. Más aun, el concepto se llena en las discusiones y el trabajo que se llevan a cabo detrás del telón, no sólo en la presentación del documento. Considero que la columnista invitada tiene todo el derecho a criticar la labor del grupo de trabajo, pero creo que el ejercicio de la comunicación es más loable cuando quien lo ejerce, se informa primero para criticar después, en lugar de criticar para desinformar.
Otro punto exhaustivamente criticado por Pérez de Acha es la organización interna, así como las alas del movimiento y sus dinámicas de poder. “La historia del movimiento”, considera ella, “fue una lucha constante entre los dos bloques que se formaron al interior del mismo”. El movimiento #YoSoy132 tiene sin lugar a dudas problemas organizativos y “bloques”, pero éstos no son los que definen “la historia del movimiento”; ni son sólo dos “bloques”, ni son estáticos, ni están representados homogéneamente en asambleas locales, y por ningún motivo están conformados por aquellos que quieren ser “un grupo opositor al gobierno priista a largo plazo” versus aquellos que tienen “el objetivo claro de impedir que lo hagan”. Este análisis no sólo no se asemeja a la realidad, sino que es simplista y generalizador.
La columnista, de manera simplista, divide los bloques del movimiento en dos: “los activos” y “los de masas”. Como ejemplo, en los primeros están: “ITAM, Tec, Ibero y las Facultades de Arquitectura, Comunicación, Economía, Derecho y Académicos de la UNAM”. En el otro lado: las Facultades de la UNAM de “Ciencias, Ciencias Políticas y Filosofía”. Dada mi experiencia activa en la asamblea local del ITAM, como miembro, vocera, coordinadora de voceros y relaciones internas con el movimiento, mi participación en juntas, mesas de trabajo, movilizaciones, Huexca, Atenco, siete de las nueve Asambleas Generales Inter-universitarias y tres de cuatro Asambleas Metropolitanas, me atrevo a hacer un análisis crítico de la categorización que hace la columnista invitada.
Considero erróneo el uso del adjetivo “activo” que da al primer bloque. Gisela se equivoca al afirmar que de la coordinación entre ellos salieron “todas las actividades sustanciales” del movimiento. Como ejemplos pone la organización del tercer debate, la proyección de “una película de denuncia en la pared de Televisa”, la presión al COFETEL y el Cuarto de Paz. Como primer punto, debo decir que no coincido con el análisis de que son estas acciones las que le dieron sustancia al movimiento. Sin duda alguna son acciones que considero muy exitosas, pero varias de ellas no se habrían logrado sin la “sustancia” de comisiones fundamentales como la de Logística, Comunicación y Prensa, Derechos Humanos, Vigilancia Ciudadana, entre otras. No sólo operativizaron al movimiento, sino que organizaron actividades como los talleres de Derechos Humanos y el reporte de las elecciones.
Otras actividades que, en mi opinión, fueron sustanciales para el movimiento son el Festival132, los dos informes de irregularidades de la jornada electoral, las movilizaciones, los levantamientos de plumas, las proyecciones en plazas públicas, los extensos brigadeos informativos pre y post electorales, los semáforos informativos, los dos periódicos, la radio, el programa en Rompeviento, la labor audiovisual, las acciones artísticas, los cientos de videos informativos y el Contrainforme, entre muchas otras. Algunas acciones tuvieron mayor impacto que otras para la opinión de una u otra persona y es válido que la columnista tenga “sus favoritas”. Sin embargo, creo que el movimiento no sería lo que es si únicamente las actividades que menciona se hubieran llevado a cabo. De igual modo, Pérez de Acha no menciona en uno sólo de sus renglones la cardinal importancia que han tenido las asambleas de los diferentes estados de la república.
Volviendo al mal manejo de los hechos (no de las opiniones) las actividades que la columnista estima “sustanciales para el movimiento” no fueron llevadas a cabo únicamente por el corto e incompleto listado que hace. El Tercer Debate fue principalmente coordinado por la Ibero, pero también tuvo participación de otras asambleas. De hecho, las preguntas de la primera fase del debate fueron generadas en mesas de trabajo, en las que participaron un sin fin de asambleas, donde unas de las más activas fueron aquellas que Gisela nombra “las de masas”. Por otro lado, la columnista acierta en decir que el Cuarto de Paz, que se llevó a cabo el día de las elecciones, surgió de la asamblea local del ITAM. Pero teniendo frente a mí la lista de asambleas que participaron, temo decir que no concuerdan con la categorización que hace la columnista. Por ejemplo, participó la facultad de Filosofía y Letras. Asimismo, el trabajo se coordinó con otro equipo de recopilación de información, que se llevó a cabo en la Acampada Revolución. De igual modo, estuvieron recopilando y mandando información cientos de observadores electorales, tanto como observadores de casillas con el IFE como observadores de pie. Por otro lado, el trabajo realizado en el Cuarto de Paz no hubiera tenido mucho sentido sin la labor que realizó la Comisión de Vigilancia Ciudadana. Sus integrantes hicieron el arduo trabajo de analizar la información recopilada, completarla con mayor investigación y crear un reporte con sustento jurídico. Aquí también participó la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, que Pérez de Acha tacha como “de las masas”.
Sobre la mención de la exitosa participación del ITAM en medios, concuerdo que la agenda de medios del ITAM, así como los voceros que dieron entrevistas, hicieron una labor excelente. No obstante, por ningún motivo fueron “los únicos que daban la cara y salían en entrevistas”. De hecho y para poner un ejemplo, la asamblea local de Filosofía y Letras de la UNAM (de nuevo, “de las masas”), participó con voceros que dieron excelentes entrevistas. Por ello, más que generalizar, la columnista tiene información alejada de la realidad.
De igual forma y de cardinal importancia, es necesario dejar claro que en ningún momento Antonio Attolini y Carlos Brito fueron líderes de un bloque. El ala, así como lo describe Pérez de Acha, no existe. Tampoco son líderes dentro de las mencionadas asambleas o dentro de alianzas entre asambleas. Como miembro de la asamblea local del ITAM nunca fui liderada por Antonio Attolini. Tanto Carlos Brito como Antonio Attolini son grandes amigos míos y actores fundamentales del movimiento. Sus aciertos se han hecho visibles en acciones concretas, no como líderes del bloque fantasma.
Si Pérez de Acha se aleja rotundamente de la realidad con la información que proporciona sobre “los activos”, lo hace aún más con “los de masas”, al situarlos como un bloque “liderado por un grupo reaccionario de izquierda conocido como los ‘ultras’”, lo cuales, describe, tienen “prácticas asambleístas, cultivadas desde el 99 [que] ejercieron un fuerte liderazgo y mataron cualquier teoría o ilusión con la que pudo haber llegado el bloque de ‘los activos’”. “Su objetivo”, continúa, “siempre ha sido muy sencillo: se dedican a reventar movimientos estudiantiles”. De este bloque, “conformado principalmente por las Facultades de la UNAM de Ciencias, Ciencias Políticas y Filosofía”, conozco a muchas personas y he trabajo en coordinación con ellas, sin haber observado conductas negativas que me hagan siquiera pensar que quieren destruir al movimiento u oponerse a todo lo que digan los demás. Conozco y he observado actuar a gente de esas asambleas y me permito decir que son personas extremadamente capaces y trabajadoras, con grandes ideas y un compromiso con el movimiento y con el país incuestionable. No concuerdo con algunas de las posturas de ciertas personas de estas asambleas, pero de ahí no deduzco que quieran reventar el movimiento.
Considero que una crítica pública hacia las diferentes posturas, comportamientos y dinámicas de poder dentro del movimiento, ha de ser elaborada después de haber tratado a las personas y asambleas objeto de la crítica. Para ello, es esencial conocerlas, habiendo participando activamente en el movimiento. Estimo que es irresponsable generalizar de manera totalizante a un grupo de personas, basándose en rumores o en concepciones adquiridas en la participación al principio del movimiento.
El movimiento #YoSoy132, desde sus inicios, fue un cúmulo de biografías que se unieron como hermanos por una causa. Es un movimiento extremadamente plural que ha intentado, mediante el principio de la “autonomía en las asambleas locales”, crear una estructura que abrace y no censure esa pluralidad. Muchos llegamos al movimiento con prejuicios como los que menciona Pérez de Acha. Algunos miembros de universidades privadas llegamos cegados, creyendo que algunos eran “rompedores” y “ultras”. De manera idéntica, algunos estudiantes de universidades públicas desconfiaban de los de las privadas, creyendo que su corazón no estaba con la ciudadanía y que eran unos “blanditos”, “fresas” y “burgueses”, que querían maquiavélicamente controlar al movimiento. Tales prejuicios no eran ajenos a las relaciones dentro de las mismas universidades públicas y privadas. Había tensiones y falsas concepciones dentro de universidades como la UNAM, o relaciones ásperas entre integrantes de universidades privadas, como ITAM e Ibero.
Sin embargo, la lucha hace hermanos. Veo con emoción las fuertes amistades que se han generado entre estudiantes que se sentían antagónicos. Los prejuicios y las líneas artificiales que antes nos dividían, se han roto. Esto por ningún motivo quiere decir que, al romperse, se halle homogeneidad en el resultado. La pluralidad de ideologías persiste y debemos estar contentos de que ese sea el caso. Pero de esto no se sigue que no todos queramos el éxito del movimiento y deseemos un país más democrático y más justo.
Estoy convencida de que los prejuicios se rompen cuando trabajas hombro con hombro con aquél que recientes y desconoces. El trabajo en conjunto saca a la luz las verdaderas intenciones de la gente. Es fundamental conocer la biografía de una persona, aquellas experiencias, conocimientos y sentimientos que lo hacen ser lo que es. La ideología y los modos de actuar de un integrante del #YoSoy132 reflejan su trayecto de vida, sus más oscuras vivencias, así como sus grandes momentos. El enojo ante la realidad del país es parte del denominador común. Las experiencias de vida y de lucha, así como el enfoque de la educación que hemos tenido, distinguen a una persona que decide escribir una propuesta de ley de aquella que aboga por levantar la pluma de una caseta; distinguen a aquel que está dispuesto a poner su cuerpo por la causa, de aquel que decide dialogar con un granadero. Ambas son igual de legítimas. Uno no debería de juzgar una u otra postura sin antes entender de donde vienen. ¿Cómo entenderlo? Conviviendo. Aquél que ha visto sus esfuerzos cegados por las instituciones reaccionará distinto a ellas, que aquél que cree en sus bondades.
Uno de los grandes logros del movimiento ha sido el entendimiento que se ha creado entre las partes. ¿Cómo conciliar las diferentes posturas? Teniendo objetivos en común y permitiendo que cada quien use los mecanismos que considere para llegar a ellos, con una única restricción: principios democráticamente establecidos. ¿Habrá tropiezos? Sí. Somos un movimiento joven en pleno proceso de aprendizaje. Tenemos el derecho a equivocarnos.
Invito a celebrar la diversidad del movimiento. No la censuremos con categorías artificiales. Hace mucho tiempo que el país no había observado a universidades privadas marchando hombro con hombro con universidades públicas. Nunca antes había presenciado al marxista, al liberal y al anarquista haciendo conjuntamente acciones. El movimiento #YoSoy132 rompió paradigmas. En mi opinión y abiertamente generalizando y exagerando, la desigual sociedad mexicana altamente clasista, racista, prejuiciosa y discriminadora, visible desde la época colonial, ha tejido categorías y creado muros entre los distintos contextos económicos, regiones, etnias e identidades lingüísticas. La educación no sólo ha fallado al omitir ser un espacio nivelador de desigualdades, sino que ha hecho lo contrario: ha creado estructuras artificiales que dividen a la población.
El pobre es chofer, muchacha, jardinero, sirviente del rico. El pobre resiente al rico: todo rico es malo. El rico, por su cuenta, crece siendo servido, se siente superior. El moreno rico es un infiltrado, el rico es blanco. Para él, el moreno es feo y naco. La diversidad en México es censurada y abatida con las armas más poderosas. Debemos erradicarla. Debemos apenarnos de ella. La diversidad sólo se festeja en septiembre. El mexicano es aquél mestizo que habla español, lleva una vida urbana, sueña con ganar un auto en Televisa y ve el fútbol y las telenovelas en familia. Las lenguas indígenas no sirven de nada. Todos debemos hablar español. El güero es bonito, el moreno sucio. Estas categorías son agravadas por el querido duopolio televisivo, por las telenovelas y sus historias de ricos y pobres, por aquellas “autoridades morales” que ve el mexicano por horas sentado frente a la televisión.
Se exaltarán ante estas declaraciones porque sí, también somos hipócritas, redondeamos nuestros pesos en el OXXO.
El movimiento #YoSoy132, sin intención de hacerlo, ha sacado a miles de jóvenes de estos cajones y los ha hecho cuestionar las categorías. Esto no quiere decir por ningún motivo que seamos libres por completo de ellas, sería ingenuo decirlo. Pero definitivamente las acepciones antes descritas con las que llegamos a la primera Asamblea General Interuniversitaria (AGI) han desaparecido en muchos de los miembros más presentes del movimiento. Por ello y por todos estos avances, es insultante leer declaraciones que nos encasillen en categorías ficticias. No veo en la opinión de Pérez de Acha el desarrollo que hemos dado a lo largo de este proceso. Deduzco que esto es así por no haber estado presente de manera activa en las actividades, no haber ido a AGIs, mesas de trabajo y juntas. Me atrevo a decir que Pérez de Acha no vivió el movimiento en carne y hueso, más allá de las primeras semanas. Por ello, observo que sus posturas se estancaron en el tiempo.
Nada de lo anterior quita que sea esa su opinión y análisis; lo que critico no son sus posturas, sino los hechos en los que las basa.
[i] Seis ejes de democratización de medios: de1. Establecer un modelo en el que se reconozca el ejercicio de la comunicación a entidades estatales, comerciales y ciudadanas no lucrativa. 2. Las telecomunicaciones y la radiodifusión deben reconocerse como servicio público. 3. La obligación del Estado de garantizar las condiciones para el ejercicio de la libertad de expresión. 4. El Estado deberá favorecer presupuestal y jurídicamente que los proyectos autónomos locales y comunitarios. 5. Adecuar la legislación nacional a los estándares internacionales en materia de medios de comunicación. 6. Alfabetización mediática con miras a eliminar la brecha cognitiva a la par de la digital., www.yosoy132media.org
[ii] www.yosoy132media.org
*Valeria Hamel, (@valehamel) alumna de derecho del ITAM y vocera de la asamblea #YoSoy132-Itam.
Réplica a la columna “La democracia de #YoSoy132” escrita por Gisela Pérez de Acha el 19 de septiembre.