Dulce Ramos · 11 de mayo de 2011
‘-¿Y creen lograr algo con la marcha? ¿Ya ha habido varias marchas y no ha cambiado algo, o si?
Me preguntaba mi tía Lupe (que toda familia mexicana que se precie de serlo, tiene una tía Lupe en su alineación).
-Yo fui a las primeras dos -me comentaba- pero yo no vi que la cosa cambiara, es más, parece que está empeorando cada vez más. Sólo se ven muertos en todos los noticiarios todos los días; un día sí y el otro también.
-Además a tu primo Toño le acaban de abrir el negocio y se llevaron casi todo, por suerte no había nadie a esa hora, porque si no, no me puedo imaginar qué hubiera pasado, ya sabes que es de armas tomar. Dudo que la marcha haga que me sienta más segura, que pueda salir de mi casa sin que ande con el Jesús en la boca.
-La verdad no sé hasta dónde va esto a parar.
Lo que no sabe mi tía Lupe, es que la estrategia de combate al crimen que emprendió el Presidente Calderón se centró principalmente en los delitos que tienen que ver con el crimen organizado (en donde participan tres o más personas), como el narcotráfico, el secuestro, la trata de personas y no los delitos que les llaman del fuero común, como son robo con o sin violencia, asesinato, narcomenudeo (si, la pasada reforma al artículo 73 constitucional). Todos estos delitos, son responsabilidad de las autoridades locales (estatales, principalmente) tanto para prevenirlas, como para castigarlas.
Entonces, parece que estamos hablando de dos cosas completamente distintas. Una, los delitos del fuero federal (delincuencia organizada) que son responsabilidad del gobierno federal y a la cual se ha centrado la estrategia de combate al narcotráfico de Calderón, y los delitos del fuero común, responsabilidad de los gobiernos de los estados y del Distrito Federal. Por lo tanto, el que le roben los espejos a tu coche, te asalten en el micro, roben tu negocio, te asesinen o te secuestren (siempre y cuando sean máximo dos personas) deben ser atendidas por las policías y procuradores estatales.
-¿Entonces, lo del hijo de este Señor Sicilia qué?
Bueno, ese caso es un verdadero galimatías. De lo poco que verdaderamente se sabe y se puede entender, es que a un amigo del hijo de Sicilia lo robaron, o lo insultaron o qué se yo, pero alguien le hizo algo, él fue junto con unos amigos (entre ellos el tío de alguien que era un ex militar) a reclamarle a una de esas personas que “agredió” al amigo y después, todos desaparecieron, para ser encontrados muertos y encajuelados junto con otras personas que no tenían ninguna relación. ¿Me sigues? (mi tía, con cara de circunstancia, asiente la cabeza ligeramente).
Ok, bueno, pues en teoría eso sería primero tal vez un robo, luego un secuestro (privación ilegal de la libertad, pues), luego asesinato. En teoría, los tres delitos, si no se cometieron por más de dos personas, debería ser investigado por la autoridad estatal. Esto, en el supuesto de que esta autoridad estatal quisiera y estuviera en la posibilidad material de hacerlo. No lo hizo y el asunto escaló. Las autoridades estatales argumentaron que como “presumiblemente” más de dos personas habían cometido los asesinatos (análisis de bola de cristal, por supuesto) y que por lo tanto, era un delito del crimen organizado, y entonces ya era responsabilidad de las autoridades federales investigarlo. Pasó el tiempo y ni la autoridad estatal ni la federal decían “esta boca es mía”, y ante esto, pues Sicilia, el padre de uno de los jóvenes asesinados, comenzó a hacer presión ante los medios de comunicación exigiendo que se investigara el asesinato de su hijo y de sus amigos. La única respuesta de las autoridades federales y estatales fue la evasiva y el clásico “pase de bolita”.
-¡Qué canijos!
Pues sí tía, pero luego, resultó que la policía federal dijo que ya habían encontrado a los culpables (declaración sin proceso judicial previo, claro está) y los presentó ante los medios de comunicación.
-Si, los vi en la tele, pero esta vez creo que se les terminaron las playeras Polo, jeje.
Pero después, el procurador del estado dijo que ellos habían encontrado a los culpables, quienes ya habían confesado y después, también el Ejército presentó a su culpable. Lo curioso es que parecía que cada uno de los “culpables” de cada una de las autoridades tenía una versión distinta de los hechos y no guardaban conexión alguna entre ellos.
-Pues lógico, eso si encabrita.
Pues sí tía.
-¿Entonces es cuando este Señor Sicilia convoca a la marcha?
Exacto, a partir de ahí, empieza a organizarse con más personas para realizar la marcha que empezó el 5 de mayo y terminó el domingo pasado en el Zócalo del Distrito Federal.
-Pues con toda razón.
En parte si. El punto es que a su demanda de justicia, se le empezaron a unir más personas que se han sentido agraviadas por distintas causas, y si bien, marcharon todos exigiendo justicia, creo yo que lo que faltó fue un mensaje común, con propuestas más articuladas.
-¿Pero los ciudadanos no tenemos porqué dar propuestas concretas, no? Eso le toca al gobierno, tanto al federal como a los estados.
-Para eso los elegimos, se supone que son los buenos, ¿no? Si no, ¿para qué les pagamos?
-A nosotros los ciudadanos nos toca mostrar nuestra inconformidad o decirles cuando estamos de acuerdo, pero son ellos, las autoridades quienes son responsables de escucharnos y de proponer cosas realistas, que resuelvan los problemas.
-Para eso pagamos impuestos –concluyó tajante mi tía Lupe y luego se paró y se fue a seguir cocinando.
-Creo que si debí haber ido.
Después de esa conclusión de mi tía Lupe, ¿para qué estudié tantos años si iba a llegar a lo mismo?