blogeditor · 10 de octubre de 2012
Del latín exigere, el verbo exigir significa, según la Real Academia de la Lengua Española, “pedir imperiosamente algo a lo que se tiene derecho”. Bueno, pude haber citado a Wilkipedia como Guadalupe Loaeza, pero ya está muy choteado.
¿Se han dado cuenta que la banda tenochca está acostumbradísima a quejarse por todo, pero no a exigir sus derechos? Y no hablo sólo de los derechos políticos, que mal que bien se han hecho medianamente exigibles recientemente, sino sobre todo como consumidores o beneficiarios de programas públicos. Pareciera que la raza cósmica está más inclinada a quejarse que a exigir sus derechos.
Del latín quassiare, el verbo quejar o aquejarse significa “expresar con la voz el dolor o pena que se siente” y para eso, los tenochcas nos pintamos solos. Sólo manoteamos, nos lamentamos, se la mentamos al susodicho, pero no exigimos.
¿Cuántas veces no hemos invocado a los mil demonios porque “la ancha” no es ni el taco placero (Paquita la del Barrio, dixit) que nos prometió la compañía de siempre o alguna de las nuevas y no podemos conectarnos a internet por más que lo intentemos una y otra vez y apretemos con tierna inocencia y hasta desesperanza el botón que busca redes?
¿Cuántas veces la llamada que estamos haciendo en el mamocel se corta sin explicación alguna o muchas veces aparecen cargos estúpidos en nuestros recibos de pago? ¿Cuántas?
¿Cuántas veces compramos algo que no funciona y nos quedamos con el coraje al ver que en la tienda no nos lo quieren cambiar porque dicen que la garantía de la tienda ya venció y tenemos que investigar dónde diablos está la oficina de atención a clientes del fabricante en… Latinoamérica?
La ancha.
– Si desea información sobre contrataciones, marque 1; si desea información sobre subscripciones, marque 2; si quiere reportar una falla técnica, marque 3; si quiere servicios “ondimand”, marque 4; si desea que lo atienda un asesor, marque cero; si quiere que se repita el menú, marque el signo de número.
– ¿Bueno?
– Espere, su llamada está siendo canalizada a un asesor, continúe en la línea por favor.
– ¡Que la ching…!
– Espere, su llamada está siendo canalizada a un asesor, continúe en la línea por favor.
– Moni, ya llevo 10 minutos en la línea y no contestan.
– ¡Móndrigos!
– Espere, su llamada está siendo canalizada a un asesor, continúe en la línea por favor.
– Oye Moni, ¿hace cuántos días levantaste el reporte de que no teníamos Internet?
– Desde el jueves pasado y hoy ya es miércoles.
– ¿Y no vienen estos canijos?
– Me dijeron que era una “falla mayor”, que parecía que “alguien había cortado la fibra óptica”.
– Me lleva.
– Espere, su llamada está siendo canalizada a un asesor, continúe en la línea por favor.
– Bueno, ¿con quién tengo el gusto?
– Con Marco Cancino.
– ¿En qué le puedo ayudar?
– Mire, pues espero que en mucho. Llevamos ya varios días sin Internet…
– ¡Siete días!
– Ok, llevamos ocho días sin internet y nosotros necesitamos el servicio debido a nuestro trabajo.
– Tiene que levantar un reporte.
– ¡Pero si ya lo tenemos!
– ¿De verdad? ¿qué número de reporte tiene?
– El milochomil.
– Espere un momento. Lo comunicaré con el área de seguimiento.
– ¡Oiga, no!
– Espere, su llamada está siendo canalizada a un asesor, continúe en la línea por favor.
– ¡Estos jijos, me cae que me las van a pagar!
– Espere, su llamada está siendo canalizada a un asesor, continúe en la línea por favor.
– ¿Bueno, en qué puedo ayudarle?
– ¡Tengo casi una semana sin internet, quién carajos va a venir a arreglarlo!
– Disculpe, ¿cuál es su nombre?
– Marco Cancino.
– Muchas gracias, ¿cuál es su problema?
– ¡Ustedes!
– ¿Perdón?
– Llevo casi una semana sin Internet en la oficina y quedaron de pasar a arreglarlo desde el viernes de la semana pasada y es el día en que no aparece nadie.
– Le ofrezco una disculpa señor Cancino, resulta que no hay ningún reporte registrado a su nombre.
– Pero, pero, pero tengo un número de reporte.
– Lo siento, creo que hubo un error en el área de seguimiento técnico y no está dado de alta su reporte. Tendré que comunicarlo al área de atención a clientes para que levante el reporte.
– ¿Cómo?
– Lo comunico.
– Espere, su llamada está siendo canalizada a un asesor, continúe en la línea por favor.
Y lo peor, es que hacer trámites o requerir servicios con las autoridades no necesariamente es una mejor experiencia.
La visita del pollo al proctólogo.
– ¡Uuuuuy joven, no puede verificar su coche!
– ¿Por qué no?
– Pus porque aquí en el sistema, mire, aparece que tiene dos infracciones sin pagar.
– ¿Sin pagar?
– Sí.
– ¿Cómo es eso posible, si aquí tengo los recibos de pago?
– ¿Los trae?
– Sí, mire.
– Deje ver. No, no le sirven.
– ¿Cómo que no me sirven?
– Es que no están dados de alta en el sistema de finanzas del defe y si no están dados de alta, pus no valen.
– ¿Y eso es…. mi culpa?
– Ni mía joven, pero si no está en el sistema no puede verificar su unidá.
– Y entonces, ¿qué debo hacer?
– Pus debe ir a la tesorería a que se lo aclaren.
– Si aclarado lo tengo… ¿Y perder medio día?
– Yo no puedo hacer nada.
– ¿Y con quién me quejo?
– Pus ni idea, búsquelo en lainterné.
Fui de inmediato a tesorería aclarar el asunto y me encontré con la noticia que en efecto “Fuente Ovejuna” había olvidado cargar la información al sistema.
– Señorita, ¿con quién me puedo quejar?
– ¿De qué señor?
– Pues de este error.
– Allá está el buzón de quejas. Espero le hagan caso.
– ¿Qué la SETRAVI no está coordinada con la Tesorería?
– Claro, pero luego se les olvida actualizar la información.
– ¿Y a quiénes se les olvida?
– Pues al área responsable.
– ¿Y cuál es el área responsable?
– La de sistemas.
Medio día perdido.