blogeditor · 13 de agosto de 2015
Por: Tammam Aloudat
Al entrar al departamento de nutrición del hospital materno-infantil, una mujer sentada al borde de una cama nos miró con recelo. Los extraños normalmente no acompañan al personal médico a esta hora del día. El bebé respiraba rápido y parecía tener dolor. Pedí permiso a su madre para examinarlo. Parecía más relajada una vez que le hablé en árabe. Le comenté que trabajaba con Médicos Sin Fronteras (MSF) y que estábamos visitando la ciudad de Ibb para evaluar la situación médica y explorar formas en las que podamos apoyar a las instalaciones médicas, que están en dificultades debido a los bloqueos, bombardeos y la guerra.
El director del hospital nos brindó información sobre la situación actual y continué mi conversación con la madre. Me dijo que ella había venido desde una villa que está a dos horas de la ciudad de Ibb. La preocupada madre me dijo que su bebé de 5 meses estaba sufriendo de diarrea y vómito severo. Mientras examinaba al bebé, el pediatra me comentó que el niño estaba sufriendo de deshidratación pero que ya había mejorado después un día de tratamiento. La madre sonrió mientras escuchaba las buenas noticias, pero su rostro se tornó sombrío de nuevo. Cuando le pregunté por qué, me explicó que su esposo y ella habían tenido que pagar 15,000 YR (unos 75 dólares estadounidenses) para poder llegar al hospital y que tendrían que pagar la misma cantidad para poder regresar; una cantidad que muy pocos yemeníes pueden costear y que dejará a la familia endeudada por un largo tiempo.


Esta es mi segunda visita a Yemen. Desde la última vez que vine, en 2011, hay algunas cosas que no han cambiado para nada. Como la bondad y hospitalidad de la gente, así como también los largos cortes de electricidad. Sin embargo, muchas cosas han cambiado para peor. Hoy, largas filas de autos esperan frente a las gasolineras y los puntos de revisión se han incrementado. Las pacíficas noches de Yemen se han vuelto ruidosas por los sonidos de ataques aéreos y armas antiaéreas. Para mí, la mayor diferencia fue que el estado general de optimismo se había convertido en desesperación y miedo por el futuro. Es, tristemente, un miedo justificado, pues los yemeníes están pasando por uno de los peores conflictos armados que MSF ha visto nunca.
[contextly_sidebar id=”GiXM82Srt5uO3rFQn9NBNHUHJEcaLsyx”]Después, mientras nos dirigíamos a una de las escuelas de la ciudad de Ibb en donde algunas personas se habían refugiado, nos encontramos con familias que habían llegado a la ciudad huyendo de las áreas sometidas a luchas y bombardeos severos. Muchos han llegado de Ta’iz y Al Dhale’, mientras que otros han tenido un largo viaje desde Sana’a o incluso Sa’ada. Alrededor de 20 hombres y varios niños curiosos se acercaron a nosotros para charlar. La mayoría de los chicos se pararon cerca de sus padres o hermanos mayores, pero un niño de 5 años se paró cerca de mí, su pequeña mano sosteniendo mi camisa.
Fui incapaz de concentrarme totalmente en la discusión por estar reflexionando sobre las condiciones inhumanas en las que los niños yemeníes son forzados a vivir día a día. La mayoría de nosotros, en Occidente, podemos recibir atención psicológica después de un evento traumático, pero los niños de Yemen han sido desplazados de sus hogares y están siendo privados de sus necesidades básicas, atención médica, escolaridad e incluso alimentación; todo mientras sus familias luchan por sobrevivir. Pasé mis dedos por el cabello del niño en un intento por ofrecerlo algo de calidez y compasión, dos cosas que actualmente están escaseando para los niños yemeníes.

Fue la voz de mi colega la que me hizo regresar a la conversación. Señalándome, le estaba diciendo a un hombre: “Hable con el doctor”. Un hombre alto con una sonrisa cansada, usando una camisa vieja y el tradicional Futah yemení (una especie de falda o kilt) se acercó a mí. Me explicó que él tenía una enfermedad cardíaca y comenzó a describir cómo su salud se había deteriorado desde su llegada a Ibb. Sonrió cuando le pregunté por qué se había tomado tanto tiempo en venir al hospital. Dijo que, incluso si la consulta era gratis, no tenía nada de dinero para comprar los medicamentos.
Pronto, la discusión se trasladó al tema de la escasez de alimentos. Durante el Ramadán, los vecinos ofrecieron comida a la gente que vive en las escuelas debido al Iftar (la comida de la tarde que da por terminado el ayuno diario). Estas donaciones se detuvieron después del Ramadán. Las organizaciones internacionales no están brindando ayuda alimenticia a la gente viviendo en las escuelas, quienes no pueden pagar por sus alimentos. Los niños de Yemen, que ya han sufrido décadas de malnutrición, sufrirán aún más si el mundo no les brinda comida y medicamentos. Aun así, los esfuerzos para cubrir esta necesidad están siendo obstaculizados por las constantes luchas, bloqueos y bombardeos.


Yemen está experimentando una guerra despiadada. Espero que en la próxima vez que vuelva al país, la guerra haya terminado. Hasta entonces, MSF continuará asistiendo a la gente de Yemen y hará que el mundo escuche sus voces, para que todos conozcan la realidad tras los encabezados que sólo hablan de victorias, retiradas y negociaciones.
* El doctor Tammam Aloudat es subdirector médico de MSF
Informe Yemen: la hemorragia constante
La situación de la población de Yemen está marcada por una multitud de problemas generados por el conflicto armado que comenzó el pasado 26 de marzo. MSF documenta en un informe la falta de acceso a la salud de la población civil yemení y el colapso del sistema sanitario en un país desgarrado por la guerra. Leer el informe (en inglés)