¡Ya no hay valores!

blogeditor · 28 de junio de 2013

¡Ya no hay valores!

Y pensar que nunca tomaba yo en serio aquel lamento agorero de mis tías, mis abuelas y tios-abuelos. Siempre la consideré exagerada y alarmista. Pos con la novedá de que hoy cae sobre nosotros con implacable realidad. ¡Ya no hay valores! No se respetan, no se promueven, no se conocen.

Dos hechos ensucian los pasados días en nuestro deporte, hechos que traicionan su ética y sus valores. Las fiestas futboleras donde al más puro estilo de la “clase política” nos sorrajan la clásica “no hay pruebas”. Es decir, los seleccionados nacionales no niegan que sea cierto que hayan ido a un table tras perder ante Italia en la Confederaciones, sino aseguran que no hay pruebas en lugar de ir con todo contra quien supuestamente los esta difamando y perjudicando. Y el caso del “entrenador” de ciclismo que aún estando las pruebas de la conducta violenta hacia la ciclista Erika Varela, tratándola de subir al coche a la fuerza, nos aplican la juvenil de “no hubo nada”.

El entrenador de ciclismo Arturo Meneses ofrece la pedaleada versión de que su atleta sufría ataque de asma y que no es que la estuviera aventando, sino que la estaba cachando. La ciclista por su parte lo cruza aceptando haber recibido jalones, empujones para obligarla a subir al auto (desde donde por cierto observaba todo el “presunto novio de la muchacha”), pero que no le pegó ni nada (sic). Como un ataque de estrés definió la ciclista el incidente. Cabe señalar que la doctora dijo no tener conocimiento de que la atleta padeciera asma y que en caso de tenerla, se trata con broncodilatadores en aerosol, es decir, que el zarandeo violento no es ni remotamente alternativa.

El deporte es un medio ideal y lúdico para infundir valores, enseñarlos, adoptarlos, practicarlos y gozar de sus beneficios. El deporte es muy generoso; a él también recurren quienes buscan alternativas sociales y culturales más sanas, se practica “con causa” para otros, los desprotegidos, los menos afortunados, pero el deporte es una causa en sí mismo, tal cual, el deporte nos encausa. La honestidad, la responsabilidad, la justicia, la solidaridad, la cooperación, la tolerancia, el respeto, la humildad entre otros son valores universales que pueden y deben aprenderse en la práctica y enseñanza deportiva.

Cuando los futbolistas confunden ser ídolos deportivos con rock stars de caligulezcos desplantes en plena competencia deportiva, es porque los valores se encuentran en clarísimo fuera de lugar. Cuando los entrenadores sienten que su necesidad de “controlar” a los jugadores o atletas tiene más valor que el “respeto” y la “dignidad” de sus dirigidos y echan mano de su autoridad, se pierde el sentido del valor. Y si además hay violencia, el tema es injustificable. Tengamos presente que los valores existen independientemente de nuestras acciones, es decir, el que no se actúe con respeto o justicia no niega la existencia de estos valores.

Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, pero también hay un proverbio hermoso que dice “blanca paloma no rima con hijo de la chingada”. No es labor de la federación de ciclismo, del deporte del Estado de México, de la CONADE, así como de su servidora, insistir en que estos dos personajes del ciclismo reconozcan su “co dependiente táctica deportiva”, allá ellos, pero sí representa una valiosísima oportunidad para Jesús Mena, director de CONADE, y Fernando Platas, Director del deporte en el Estado de México, para poner límites, fumigar y limpiar de estos tipos violentos, a las ligas, asociaciones y federaciones deportivas.

En otras palabras, el que Erika Varela no reconozca la agresión y conducta violenta de su entrenador como tal, no desaparece la violencia. El que el entrenador y presidente de la asociación de ciclismo del Estado de México, Arturo Meneses, no conozca y entienda el respeto, no lo elimina como valor ni lo exime de la responsabilidad de aplicarlo. El que ambos insistan en que no fue un obvio y vergonzoso acto de violencia por parte del entrenador a una atleta, no significa que las autoridades deportivas deban dejarlo pasar sin sancionar al aprendiz de “saca borrachos”. Un personaje que no acepta, conoce y promulga los valores ni la ética deportiva, no debe estar al mando de una asociación deportiva y menos tener a su cargo la formación de atletas. Las federaciones, asociaciones, ligas, deportivos y equipos deben ser lugares saludables, donde atletas jóvenes, infantiles o adultos estén a salvo de sus entrenadores, promotores, directivos y tristemente en algunos casos, hasta de su propia inercia familiar.

Así pues, tenemos en esta esquina a nuestro deporte federado, tan necesario y tan obstaculizado, tan útil y tan usado, tan saludable para todos y él tan enfermo, tan ineludible como tan inaccesible, tan cerca del capital político y tan lejos del capital moral.

Y en esta otra esquina, estos futbolistas, tan famosos, tan privilegiados, tan adulados y señalados, millonarios prematuros (como los llamara Bielsa) de piernas fuertes y principios frágiles, de anhelos grandes y resultados cortos, de sueños mundiales y realidades locales, tan cobijados y tan desprotegidos, tan sobrados para recibir fama y tan escasos para dar ejemplo.

Lo del TRI es de un reflector máximo, de intereses supremos, mismos que parecen haber llevado el “numerito” a la congeladora, aunque al final se sabe que no habrá muchos patrocinadores que quieran vincular su imagen a “tables y/o burdeles”. Predominará el valor comercial.

Lo del ciclismo tiene poco reflector pero la inversión moral pudiera ser de enorme ganancia para Jesús Mena y Fernando Platas. Ojalá no la dejen pasar, eso mandaría un mensaje tan claro y fuerte a tantos otros que andan sueltos y una esperanzadora opción a millones de deportistas.

No es una cuestión de golpes de pecho, ni me espanta ni me sorprende. En el caso de los futbolistas es más la tristeza de ver que, con todo a favor, desprecien y desperdicien el estado de gracia que ofrece el ser un deportista de esa proyección. En el caso del deporte federado, es el coraje por el atraso cultural que de manera lúdica e inmediata pudiera empezarse a revertir.

Por lo pronto y hasta que eso suceda me uno al vaticinio trágico de las sabias generaciones pasadas. ¿Saben qué? ¡Los valores están valiendo!