¿Y ustedes para cuándo?

Fundar, Centro de Análisis e Investigación · 1 de septiembre de 2011

¿Y ustedes para cuándo?

Por: Melissa Ortiz Massó, investigadora del área de Transparencia y Rendición de Cuentas de Fundar.

 

Llegó septiembre y con él el inicio de sesiones en el Congreso, el penúltimo de esta legislatura. Quedan ahora escasos meses para que ambas Cámaras resuelvan lo que en dos años no han resuelto (sin contar lo que ya venían arrastrando).

 

Cada vez es más frecuente escuchar voces desde distintos espacios que nos advierten sobre el rezago legislativo, de los sueldos estratosféricos de nuestros legisladores y de sus prestaciones excesivas. Todo en un momento en el que las y los mexicanos esperamos resultados puntuales y reclamamos transparencia y rendición de cuentas por parte de nuestros gobernantes y representantes.

 

Sin embargo, hay que reconocer que al mismo tiempo hay poco conocimiento, amplio y generalizado, sobre el Congreso y su papel en el sistema político. Entre otras razones, esto se puede atribuir a la ausencia de mecanismos reales y efectivos de comunicación política entre ciudadanos y legisladores para que el trabajo de estos últimos sea verdaderamente conocido y entendido. La información que los ciudadanos tenemos del Congreso suele provenir de los medios de comunicación y generalmente estos nos muestran la parte más escandalosa de este poder y sus integrantes.

 

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, el 60% de los ciudadanos dijo tener poco o nada de interés en la política, y alrededor de la mitad de los ciudadanos dijeron estar de acuerdo con la frase “a las personas del gobierno no les interesa mucho lo que las personas como usted piensan”. La mayor parte de la ciudadanía opina que los diputados y senadores toman más en cuenta sus propios intereses o los de sus partidos al elaborar las leyes.

 

Pero, ¿y si queremos saber exactamente qué pasa en el Congreso? ¿Qué pasaría si tratáramos de convencerlos de que en la Cámara sí se hacen algunas cosas bien y que no todo es excesos y derroche? ¿Con qué y cómo demostrarlo?

 

Los canales de comunicación del Congreso son todo menos amigables para la ciudadanía, se trata de medios de información interna que dejan mucho que desear para la interacción con la ciudadanía. La información no es clara, ni oportuna, ni está actualizada. La páginas web son un laberinto que hacen virtualmente imposible localizar información verdaderamente relevante para el análisis.

 

Aquellos que con espíritu aventurero nos hemos animado a meter una solicitud de información sobre el trabajo legislativo nos topamos con unidades de enlace que están sujetas a consejos integrados por los propios diputados; es decir, son juez y parte. ¿Qué clase de objetividad y neutralidad puede haber con un esquema de esa naturaleza?

 

Por esa razón no extraña que las auditorías realizadas a los grupos parlamentarios en la Cámara de Diputados sea información reservada. Si uno quisiera inconformarse con tal respuesta y quisiera meter un recurso de revisión, los canales se complican aún más toda vez que hay que hacerlo por escrito y enviarlo a “alguien” en el Órgano Rector de las políticas y lineamientos en materia de transparencia, acceso a la información pública y protección de datos personales de la Cámara de Diputados. La Unidad de enlace no remite al interesado con la persona responsable, ni hay forma de hacerlo de manera electrónica. Para nadie es un secreto que aún para los que habitan en el DF es muy complicado ir a la Cámara de Diputados, ¿cómo será para quienes viven en Monterrey, Hermosillo, La Paz o Chetumal?

 

A través de los intrincados canales que nos ofrece el Congreso podemos saber el cúmulo de iniciativas que hay y qué comisión está encargada de atender qué asuntos, pero si quisiéramos saber cómo se llegan a los acuerdos nos topamos con pared. A menos que uno sea un avezado cabildero o un reacio activista social resulta muy complicado tener acceso a las discusiones en comisión y saber qué intereses están moviendo los hilos. No hay rendición de cuentas por parte de las y los legisladores para saber quiénes participaron en las discusiones y cómo lo hicieron. Los integrantes de la Cámara de Diputados tienen la obligación de elaborar informes y actas del trabajo en comisiones pero normalmente terminamos con meros relatos y pases de lista de los asuntos que discutieron sin el mayor detalle que dé cuenta de porqué se llegó a tal o cual decisión. A esto hay que sumarle el lenguaje técnico y poco amigable con el que exponen la información.

 

La sociedad mexicana ha madurado y avanzado más que el propio Poder Legislativo y es ya el momento de que tengamos el Congreso que necesitamos y merecemos: uno que rinda cuentas, no sólo con informes de legisladores que tienen más tufo a precampaña que a rendición de cuentas. Exigimos un Congreso que dé espacios para la participación ciudadana, que se comunique con sus representantes, que abra TODA la información y que no reserve la información verdaderamente relevante.

 

En los últimos años, los diputados han enviado al Ejecutivo contundentes mensajes cuando se trata de que rinda cuentas o de que sea transparente y les entregue información. Ahora es momento de preguntarles: ¿y ustedes para cuándo?

 

*Ocupa tu lugar en el congreso, visita www.curul501.org