blogeditor · 1 de junio de 2015
Por: Alma Beltrán y Puga (@almandina19)
Cada vez más se difunde con mayor alcance los beneficios de la placenta. Curiosamente, las mujeres no nos enteramos de la existencia de este maravilloso órgano hasta que estamos embarazadas. Seguramente, la placenta fue mencionada en mis clases de biología en la secundaria, pero la olvidé hasta el día que nació mi hija. Por fortuna, yo estaba demasiado inconsciente para ver su salida, pues la acompaña un río de sangre. Una vez expulsado el bebé del útero, la placenta es como un gran corazón que se desprende y deja de latir. Ha cumplido su función vital: la de dar alimento durante el embarazo, y solventar las necesidades de respiración y excreción del feto. Formada por células provenientes del espermatozoide y el óvulo, la placenta es excepcional. Tiene propiedades inimaginables más allá de las biológicas para el desarrollo del feto durante el embarazo.
Por ejemplo, es un magnífico revitalizador de mujeres parturientas. Después de la labor de parto, que suele ser extenuante, no hay nada mejor que un licuado de mango con placenta. Para prepararlo, únicamente hay que licuar unos mangos, o la fruta de la estación que se tenga a la mano, un poco de agua, hielo y un trocito de la placenta que acaba de salir, y ¡boom! He ahí un cocktail de energía y vitaminas energético, mejor que cualquier Redbull o Gatorade disponible en el mercado. Lo recomiendo ampliamente. No sabe mal.
[contextly_sidebar id=”tj5mU9LyuZa5xL9CvuMWLp0SWDygF8iL”]También ya hay doulas que están transformando la placenta en un kit medicinal post-parto muy útil. Después del alumbramiento, recomiendan guardar la placenta en un toper en el refrigerador para que ellas puedan convertirla en: tinturas para el bebé, pastillas para el post-parto, y pomada contra las rozaduras. Todo lo cual resulta muy necesario durante la cuarentena. Yo me acabé el bote de pastillas de placenta y creo que tuve una mejor regulación hormonal durante los posteriores 40 días al nacimiento de mi hija. La pomada contra las rozaduras nos sirvió muchísimo durante los tres primeros meses. Y conservo las tinturas para momentos de cambios, por ejemplo, cuando Catalina se vaya por primera vez al kínder es recomendable darle unas gotitas disueltas en agua.
Recuerdo también cuando Ana Mizrahi fue a mi casa a llevarme el kit de medicina placentaria que traía una hojita con dibujos de la placenta y un atrapasueños hecho con el cordón umbilical de Catalina. Nos explicó que la placenta es como un árbol que cuando se pone contra una hoja blanca se le dibuja la silueta. Esta impresión es el recordatorio del primer árbol que le dio de comer a mi hija. Algunos pueblos indígenas piensan que la placenta es un recordatorio de donde provenimos, una forma de arraigo, de inicio de la historia personal. Por eso la plantan y en el sitio que queda, se marca el lugar de origen de la persona.
Espero que muchas mujeres se sumen a descubrir lo que la placenta trae en sus adentros, que la utilicen en la recuperación del parto y puedan un día decirle a sus hijas e hijos quién los alimentó durante nueve meses, y la historia de dónde vienen.
* Alma Beltrán y Puga es Coordinadora de Incidencia en Política Pública y Legislativa