¿Y si la rebeldía se nos volvió conservadora?

Joel Aguirre · 9 de septiembre de 2026

¿Y si la rebeldía se nos volvió conservadora?

Por Silvia Esquivel Canul*

En mi adolescencia tuve, y todavía tengo si soy honesta, una obsesión con los libros de distopías. Para mi yo de 14 años, leer sobre personas de mi edad capaces de liderar rebeliones, desafiar gobiernos y, de paso, intentar salvar al mundo era fascinante. No importaba que muchas de esas historias fueran poco realistas, exageradamente dramáticas o que sus protagonistas parecieran tener una capacidad sospechosamente conveniente para sobrevivir a cualquier desastre, lo importante era la idea: alguien podría cuestionar las reglas, imaginar que las cosas podían ser diferentes y, sobre todo, atreverse a desafiar el sistema.

Quizá por eso me resulta curioso que, mientras crecía, esa idea de rebeldía que parecía tan natural en las historias que consumíamos fuera perdiendo espacio en la vida real. La sensación de que las juventudes debíamos cuestionar lo aprendido, desafiar las normas y preguntarnos quién decidió que las cosas tenían que ser así parece haberse ido diluyendo con el tiempo, y en un giro un poco irónico, algunas de las ideas que durante años creímos superadas están regresando, no necesariamente como discursos abiertamente conservadores, sino disfrazadas de consejos de vida, estéticas “tradicionales”, videos de menos de un minuto y trends que prometen enseñarnos cómo deberíamos vestir, comportarnos, relacionarnos o construir una familia.

Y aunque es cierto que ha habido tendencias que “desafían” lo que se considera aceptado o correcto por la mayoría, como las batallas de aura o los therians, que han sido objetos de críticas y burlas, hay muchas otras que han pasado sin mayor observación y que al contrario, se han vuelto un tipo de aspiración. 

¿Y si algunas normas nuevas se cuestionan mucho más que otras?

Nos parece ridículo que alguien compita por tener “más aura”, pero perfectamente normal que un algoritmo nos diga cómo debería verse una mujer “femenina”, cómo debería comportarse un hombre “de verdad” o cuál sería la relación de pareja ideal.

Tal vez el problema no sea que las juventudes hayan dejado de cuestionar las normas, sino que algunas normas nuevas se cuestionan mucho más que otras.

A primera vista, muchas de estas tendencias parecen centrarse únicamente en el autocuidado o la vida equilibrada. Pero, en el fondo, varias de ellas retoman ideas que durante décadas sostuvieron estructuras sociales profundamente desiguales. El “clean girl aesthetic” o rutina de skin care no es conservadora por sí misma, tampoco lo es querer cocinar, cuidar la casa o llevar una vida tranquila. El problema aparece cuando estas elecciones vienen acompañadas de discursos que presentan los roles tradicionales de género como naturales, superiores o incluso necesarios.

Conceptos como tradwife, stay-at-home girlfriend o la llamada “energía femenina” pueden convertir expectativas históricas sobre las mujeres y los hombres en simples elecciones de estilo de vida. Al mismo tiempo, ideas relacionadas con agendas progresistas son rápidamente descalificadas como “woke” o “inclusión forzada”.

Algunos datos parecen confirmar este giro. Un estudio de la empresa de investigación Ipsos identifica una creciente diferencia entre hombres y mujeres jóvenes en distintas actitudes sociales y políticas, con hombres de la generación Z mostrando, en varios países y temas, posiciones más centristas o conservadoras que las mujeres de su misma generación.

¿Buscar refugio en discursos que prometen orden, estabilidad y respuestas sencillas?

Algo similar ocurre con ciertos patrones de consumo. Un reporte de la consultora McKinsey & Company ha observado que durante periodos de recesión aumentan las compras de productos de cuidado personal y belleza en el hogar, como tintes para el cabello, kits de manicura o productos de baño. En tiempos inciertos, pequeños rituales de control sobre la vida cotidiana pueden ofrecer una sensación de estabilidad.

Esto no significa que toda una generación se esté volviendo conservadora. La realidad es mucho más compleja. Las juventudes estamos creciendo en medio de crisis económicas, polarización política, conflictos armados y una sensación constante de incertidumbre. Bajo este contexto, no resulta extraño que algunas personas busquen refugio en discursos que prometen orden, estabilidad y respuestas sencillas.

Quizás, entonces, las juventudes no hayan dejado de rebelarse. Quizá simplemente estamos aprendiendo a reconocer unas formas de rebeldía mientras ridiculizamos otras y dejamos pasar algunas ideas antiderechos cuando vienen envueltas en un filtro bonito y un video de 45 segundos.

Tal vez las distopías que tanto me gustaron nunca fueron tan exageradas; simplemente no imaginamos que el futuro también podía parecerse demasiado al pasado. Y quizás el verdadero reto no sea solo rebelarnos contra lo que heredamos, sino seguir imaginando alternativas cuando regresar a lo conocido parece mucho más fácil. 

*Silvia Esquivel Canul es abogada y especialista en derechos humanos, interesada en explorar las formas en que se cruzan la cultura, la política y la vida cotidiana. Es una firme creyente de que la indiferencia nunca es neutral y actualmente colabora como investigadora del Centro de Investigación Aplicada en Derechos Humanos “Digna Ochoa y Plácido” de la CODHEY. Redes: @silviaesquivel.zip

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