Redacción Animal Político · 22 de noviembre de 2022
Pues qué creen. Ayer me puse a hacer mandados aprovechando que mis perritos están en la guardería, por un viaje de trabajo a Mérida que tuvimos que hacer el marido y yo. No vayan a creer que somos desobligados. Como Baco y Lola regresan hasta este martes por la noche, me solté el chongo e hice mi lista: tintorería, recorrido por División del Norte para comprar accesorios para el baño, visita a la tienda consentida para surtir las croquetas de Baco, las croquetas de Lola, los palitos de carne, las galletas de algarroba, las patitas de pollo que tanto les gustan y las bolsitas para las heces.
La tintorería estaba cerrada por el festivo, así que me fui directo a las tiendas de accesorios para el baño. Qué maravillas que hay, eh. Decidí que después de la espectacular regadera que nos tocó en el hotel, no estaba dispuesta a tolerar más los cinco chorritos de agua que salen por los extremos y cero por el centro de la traqueteada regadera de casa. Aproveché el descuento del 40 por ciento por el Buen Fin y salí feliz rumbo a la tercera parada de mi lista. La apoteosis.
¿Les ha tocado ir a Fantasías Miguel cualquier día de fiesta? La perritienda estaba irreconocible. Recién remodelada una vez que la gerencia cayó en cuenta que no estaba aprovechando al cien ese target creciente que somos las personas con perrhijes, pusieron a competir la Navidad con el Mundial en cada estante de los numerosos pasillos que reciben a la ávida clientela, dispuesta a gastar en sus criaturas hasta el último peso del aguinaldo que aún no recibe.
De la botita con galletas para que Santa llegue a casa, al suetercito navideño que estoy dispuesta a comprar si me consiguen uno igualito de mi talla para que salgamos los tres a pasear. ¿Y qué pero le ponen a las camisetas de la selección nacional? Nomás porque había mucha gente y qué nos dura Polonia, pospuse la compra para regresar más temprano esta semana, probarles la talla correcta y estar listos para el partido del sábado contra Argentina. Mejor porra no tendrán, que se enteren desde ya Martino y sus muchachos.
La fila para pagar serpenteaba de las cajas a los pasillos llena de humanos y de perritos que, desafiando mi renuencia a convivir entre multitudes, ayer me llenó de alborozo. Las señoras atrás de mí intercambiaban recomendaciones para una joven dubitativa sobre algún producto que no alcancé a escuchar, mientras se ofrecían amablemente a cuidarle el carrito para que fuera por él. El precioso perrito de adelante se dejaba apapachar por quien pasara a su lado, ante la mirada complaciente de su humana. Por acá un pastor alemán muy bien portado esperaba pacientemente a que su humano escogiera entre un suéter rojo y otro suéter rojo, y por allá dos caniches hermosos que me recordaron a mi adorado Chuchito no dejaban de estirarse para olfatear la estantería de galletas a granel. Horas antes, en otra sucursal de la perritienda de confianza, la querida Gabi Warkentin se dejaba seducir por el guardarropa que una señora llevaba para su perrita, que ni en sus mejores años ochenteros la maestra se atrevió a soñar.
A diferencia de cuando tienes que recoger a tus perritos del grooming y ya llevas 20 minutos en la fila aunque llegaste a tiempo y quieres zapear a alguien, en esta ocasión se respiraba un ambiente de festejo, de gozo, de un poco de alegre desmother. De emoción contenida porque, clara que sí, ya está aquí la Navidad y nada nos impedirá festejarla como se debe esta vez: ni las largas filas de espera, ni la revoltura de ganchos con suéteres donde no encuentras la talla que buscas pero uno es más bonito que el otro y mira nada más qué preciosidad, ni mucho menos la cuenta que pagas con tarjetazo, total que hay Buen Fin.
Ayer regresé feliz a casa porque caí en cuenta que ya estoy en modo pero mira cómo beben los peces en el río, con toda la actitud para festejar la mejor fecha del año como no lo había hecho desde el 2020. Y decidí que antes del sábado esta casa se viste con árbol, esferas, luces y guirnaldas. Qué mejor que la Navidad para compartir algo lindo, así que también sacaré los renos en su triciclo y el tapete de la entrada que le da la bienvenida a Santa y a quien se quiera apersonar de buena fe y en son de paz. Nos lo merecemos. ¡Feliz Navidad!