¿Y qué hago yo ante tanta inseguridad?

blogeditor · 24 de agosto de 2017

¿Y qué hago yo ante tanta inseguridad?

Por: Yair Maldonado Lezama (@YairOrangista)

Hace diez años el panorama general en México no distaba mucho de nuestro cotidiano actual: escueta movilidad social lastrada por altos índices de pobreza y pésima redistribución de la riqueza, una esfera política evidenciada como corrupta, pérdidas en el juego del comercio internacional, y un largo etcétera [1]. Pero hace una década también se sembró la semilla cuya flor hoy no vive sin drogas y más bien causa escozor en la población: la guerra contra las drogas, rebautizada contra el narco, marcando así el inicio del escalamiento de la violencia generalizada. Hoy, los índices de aprobación de esta estrategia se han visto caer sistemáticamente, y la percepción de que ha fallado y que además cuenta con la colusión estatal se ha incrementado [2].

Así pues, nuestros principales problemas son, según la ciudadanía misma: la corrupción y el crimen organizado; éstos se traducen en un ambiente de inseguridad y violencia que afectan a toda la población. Esta afectación varía de acuerdo a la ubicación geográfica, pero existe en todo el territorio nacional. Entonces, ¿qué puede hacer una persona harta de esta inseguridad como tú y yo?

Primeramente, revisar las motivaciones del prohibicionismo estatal y las de quienes ingresan al mercado negro en México. Aquí un recuento reducido en calorías, sin gluten e hipoalergénico.

Motivaciones detrás del prohibicionismo como política

En México el prohibicionismo nació en 1620, inicialmente atacando al peyote, puesto que ‘alteraba la conciencia de los indígenas’ y escandalizaba a los europeos. Manipulando la opinión pública se argumentó que dichas sustancias ‘degeneraban la raza’ [3] y gestaríase así el primer instrumento legal prohibicionista y sin argumentos científicos de muchos. (Menos mal que hoy en día no persisten estos prejuicios en la clase política…).

A nivel internacional se crearon comisiones y tratados contra las drogas (en cursiva por su carácter conceptual excluyente y autoritario; enfocándose sólo en ciertas sustancias psicotrópicas) desde inicios del siglo veinte, ya fuese producción, consumo, comercio, transporte, etc. Estas actitudes prohibicionistas también estaban basadas solamente en prejuicios morales contra ciertas sustancias, basta que googleen a Harry Anslinger [4].

El movimiento antidrogas logró consenso global punitivo e impuso su modelo de seguridad pública, teniendo como epítome a la UNODC, una versión internacional de la DEA. En México mientras tanto (s. XX), la prohibición era tratada como un tema de salud y por médicos (prejuiciosos y moralistas, pero con enfoque de salud y adicciones, mínimo), para después, por presiones internacionales (estadounidenses) resignificarlo como un problema de seguridad interna y trasnacional.

Como podemos intuir hasta ahora, el trato era marcadamente diferenciado entre drogas. Es decir, si las razones estuviesen enmarcadas bajo un enfoque de salud, tanto el alcohol como el tabaco hubiesen sido prohibidos por sus afectaciones a la salud, notablemente peores que, por ejemplo, la mariguana o el LSD. No sorprenderá que las malas lenguas investigativas hayan descubierto varios lobbies de industrias que claramente motivaron campañas gubernamentales contra plantas y compuestos químicos que han demostrado tener beneficios medicinales (agropecuarios, textiles, comerciales, fiscales, etc.)[5].

Motivaciones detrás del mercado negro

Para exponer el narco mexicano de manera sucinta, nadie mejor que Pardo [6]:

Viajar por zonas deprimidas de México es entender que, en muchas de ellas, el crimen organizado es la única presencia constante, el principio y el fin de la realidad cotidiana. Allí donde no llega el Estado […] lo ilícito es en ocasiones la única fuente de trabajo. […] Los eslabones más débiles de la cadena, como los cultivadores o las mulas, no suelen plantearse si lo que hacen está bien o mal. Solo trabajan en lo que pueden para subsistir.

Al iniciar la guerra, los cárteles aprendieron rápidamente a congraciarse con autoridades locales para garantizar su subsistencia. Un viejo problema llamado corrupción fue alimentado con dinero y poder, llegando a todos los niveles gubernamentales. Hemos atestiguado la insurgencia de muchos grupos nuevos, originados por la fragmentación de organizaciones criminales, las cuales han desarrollado estrategias de supervivencia violentas, cooptando todo a su paso, y creando redes financieras internacionales.

En el 2006, la mariguana, cocaína y metanfetaminas eran la fuente principal de ingresos del crimen organizado [7], actualmente las actividades criminales se han diversificado e incluyen: lavado de dinero, trata de personas [8], secuestros, extorsión (migrantes incluidos), tráfico de armas, terrorismo, entre muchos más.

Hoy

Claramente, el problema [ya] no es el usuario problemático de drogas, sino las redes de crimen organizado que cubren varios países y amasan un enorme poderío económico, geográfico, político y armamentista. No aprendimos de la historia de Al Capone.

En algunas partes del mundo ha habido un cambio de estrategia, pero el nuevo liderazgo estadounidense está considerando retroceder, a pesar de buenos resultados para desincentivar el consumo de sustancias nocivas mediante su control o campañas informativas: tabaco [9] y alcohol [10]. El objetivo principal hace un siglo –recordemos‐ era detener su consumo por su carácter perjudicial para la salud. Evidentemente hemos perdido el control.

Los Países Bajos, Suiza y Portugal han sido usados como ejemplos en cada ocasión para demostrar que una perspectiva de salud con gestión de riesgos y reducción de daños es más benéfica para luchar contra el creciente consumo de drogas [11], que una abyecta guerra cuyos costos sociales no van acorde a una democracia moderna. Muchas alternativas se han versado ya:

1) un enfoque de salud, enmarcado bajo el derecho al libre desarrollo y acompañado de programas de gestión de riesgos y reducción de daños [12];

2) campañas y programas basados en evidencia. ¡Basta de criminalizar, marginalizar y estigmatizar!;

3) programas de sustitución de cultivos, [des]incentivando económicamente las zonas claves para cultivo de drogas;

4) reconocer el alto consumo en EUA, donde mientras haya espacio para un mercado negro, habrá una contraparte criminal que ofrezca los bienes ilícitos [13];

5) legalizar o descriminalizar. Controlar producción, consumo, transporte y comercialización tal como se hace con el tabaco o fármacos; etc. [14] .

Entonces, ¿qué puede hacer una ciudadana de a pie, tú, o cualquiera?

Garantizar que el debate sobre las drogas no sea un tema tabú entre funcionarios de elección popular, pues el carácter polémico e impopular de dicha discusión imposibilita su resolución [15]. Necesitamos abordar el tema abiertamente, tomando en cuenta a todas las partes involucradas [16].

Platiquemos con la gente a nuestro alrededor, convenzámoslos con evidencia científica que las sustancias no son el enemigo ya. Hablemos de cómo lo que nos mata es la estrategia prohibicionista actual. Conversemos sobre controlar la producción y consumo. Disuadámoslos que el usuario mexicano tiene la culpa. Recordemos que la muerte viene patrocinada por las armas del norte de la frontera. Urjamos un cambio de estrategia. Basta de estigmatizar al usuario, basta de legitimar la violencia. Infórmate, informa.

 

 

* Yair Maldonado Lezama es internacionalista por el ITESM, y maestro en Desarrollo con enfoque Social y Humano por el IHEID en Ginebra, Suiza. Exalumno del programa del Diplomado en Política de Drogas, Salud y Derechos Humanos del Programa de Política de Drogas del CIDE, y del diplomado en evaluación de Políticas Públicas por la Escuela de Gobierno JFK.