¿Y por qué tanto naco?

Lady Mossad · 20 de mayo de 2011

¿Y por qué tanto naco?

Antes de que venga la policía del lenguaje nacional, mejor conocida como CONAPRED, a mandarme tomar un curso de buenas y progresistas maneras, quiero aclarar que la utilización del vocablo naco no está dirigido a estigmatizar y/o denigrar a ningún ser humano, por lo menos no de mi parte.

 

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Tengo un placer culpable que confesar: me gusta ver los programas mexicanos retro y de preferencia los que se producían cuando aún no había nacido, es decir, antes de los 80’s. Ahora bien, acotación pertinente: no crecí con programación de la televisión mexicana, ni siquiera en castellano. Sí, leyeron bien: yo conocí a Chabelo y sus catafixias cuando ya era mayor de edad.

 

Por ahí debe venir un poco mi fascinación por las formas, las maneras, los ambientes, las atmósferas, etcétera; y porque creo que yo jamás vi a ninguna de mis cinco tías tan bien peinadas como salen las señoras copetonas en la televisión de los cincuentas.

 

Descubrí hace tiempo que hay algunos canales de películas y cómicos que transmiten exclusivamente todo ese montón de producciones de hace 10, 20, 30, 40 y más de 50 años. Estos programas cómicos, en particular, son interesantes porque si los vemos a la distancia y con una óptica un poco más crítica nos damos cuenta de los vericuetos verbales que hacían de cada libreto para exponer un punto de vista fuera de los márgenes que establecía el gobierno, y en últimos términos, la misma sociedad.

 

A la luz de todo esto, me pareció interesante hacer un ejercicio comparativo desde mi propia subjetividad. No crea que me puse a medir, contar, analizar y diagnosticar… no, pero un fin de semana sí tuve la televisión prendida para con atención y propósito analizar el humor actual. Luego me dediqué por varios días a ver simultáneamente programas de comedia, tanto actuales como retro. Pueden llamarme ociosa si quieren, pero en algo tengo que utilizar mis horas nini en este país.

 

Mi inquietud particular era recabar nociones del sentido del humor, o del discurso que se maneja sobre la construcción institucionalmente apre(he)ndida de sentido del humor, porque me parece más rescatable desde el punto de vista psicocultural, la capacidad de la sociedad de ridiculizarse a sí misma, de mostrarse grotesca, exagerada y la pretensión de un ego marcadamente nacionalista, o eso creía.

 

Todo mi mega choro anterior para decir que luego del ejercicio se me quedó sonando en la cabeza la siguiente pregunta:

– ¿Ser naco es chido?

 

Conforme fui explorando en las distintas épocas del humor me percataba de una constante que me chocaba, un hilo conductor que me producía enfado: invariablemente en todas encontraba una exacerbación de lo “naco”. Siendo esta una sociedad tan clasista no me sorprende en nada la sublimación de personajes que pretenden caricaturizar y mascotizar a las clases menos “refinadas”, a veces menos educadas y no siempre menos económicamente solventes. Me explico: hay ricos muy nacos, ¿y luego los narcos qué?

 

Pongámoslo así, desde la comedia de carpas hasta los programas de bajo presupuesto de televisión nacional de paga, el humor sobre lo jodido que defiende a capa y espada el burlarse de nuestra miseria y nuestro perenne fracaso, ¿es chido…?

 

Entiendo que décadas atrás la justificación retórica del naco o del peladito tipo: Palillo, Clavillazo, Cantinflas, Piporro et al, tenían un sustrato crítico que habían de constreñir una realidad altamente castrante, más que censurada. No tengo mucho conocimiento del teatro previo a las carpas, así que no puedo asegurar que fue ahí donde se gesta la caricatura de visión de los vencidos; aunque ahí sin duda había algo, tal vez sea que de ese teatro de carpas salen los exponentes que posteriormente lo masifican en el cine y en el radio, luego la televisión, luego… en fin, haga sus cuentas.

 

Hasta aquí quiero aclarar también, que no estoy criticando el hecho de gustar o no de lo naco, cada quién sus filias y sus fobias; mi intención es replantear estos personajes que aparecen como una constante, que culturalmente algo nos quieren decir de nuestro propio sentido del humor, de nuestra forma intrínseca de exponernos.

 

Lo naco hasta donde entiendo significa: NAcido COrriente; insisto, no le hablen todavía al CONAPRED si se están poniendo el saco solos; el naco es una afrenta al elitismo, al clasismo, a la disparidad en las clases sociales que no tienen un mismo acceso a un mismo nivel de educación, mucho menos a un mismo nivel de vida.

 

Dicen que en México la vida es un chiste, que todo se toma a chiste hasta la muerte, los mexicanos se burlan de todo y más de su miseria; en eso se sustenta la tragicomedia mexicana, en la ironía de revolcarse sobre la memoria de sus fracasos, de sus pérdidas y del dolor que no termina de dejar ir; recuerdos que viene cargando como costal lleno de piedras y se acumulan más y más. Esa ironía que es sólo expresión de amargura que hace sus veces de sentido del humor, de paliativo, de quererse hacer más listo que la realidad que lo somete, de normalizar y asimilar esa actitud revanchista de a poquito como forma de sobrevivir.

 

Porque finalmente el naco siempre es un ser victimado por su circunstancia, violentado por el autoritarismo y está sujeto a una forma sometida de lenguaje del doble, triple, cuádruple discurso, insinuaciones, sugerencias, indirectas, que se deben leer al revés para llegar hasta su mensaje, ¿y luego el albur, apá?. Eso es una gran limitante, porque encajona (y encojona, de necedad) hasta terminar imitando lo que supone que critica. Y sin embargo se vuelve el vicodin por excelencia.

 

Esa ironía creada para hacer soportable la realidad que está sustentada en el sospechosismo del gozo y del placer, eso de gozar, del placer y de regodearse en la abundancia, de cuestionar la disparidad y las carencias, de querer ser más, de querer ser mucho, todo eso no es de buenos cristianos, por eso ser naco está bien.

 

Amor amargado vuelto sarcasmo que no es más que una expresión de temor, del estar llevándonos la chingada y seguirse riendo de lo jodido; porque estar jodido está bien, así nació, así creció y jodido se quiere morir, como José Alfredo que cantaba que la vida no valía nada; a mayor miseria, mayor comedia; como si morir de hambre o de ignorancia fueran complemento para morir de risa. Y seguir ignorando, seguir haciéndole al pendejo, seguirse riendo y nunca indignarse.

 

Porque el naco no será refinado, ni tampoco instruido, pero nunca es pendejo. El naco siempre logra encontrar un camino “chistoso” para salirse con la suya; pendejo no es, se hace pendejo porque le conviene, porque así no se somete a las reglas que pretenden constreñirlo y con las que no está de acuerdo, es decir, prefiere rodearlas para no cuestionarlas.

 

Y es que en ese discurso hay una internalización del fracaso y del sometimiento que no se puede ignorar; el naco es un fracasado y es hasta romántico ser nacamente fracasado porque justifica moralmente que su humildad (o poco refinamiento). Está bien visto, porque como buen naco tiene un corazón bondadoso que sufre, que se sobrepone a su fracaso y sometimiento todos los días, y además se ríe cínicamente de quienes lo quieren someter; él es un chingón y eso es lo chido.

 

El naco es el epítome perfecto del victimismo mexicano, del fracaso anticipado, de asumir que todo está perdido sin siquiera imaginar intentarlo, de rendirse cínicamente antes de tiempo. ¿Para qué si ya todo está jodido? Es una forma de ver la vida desde lo comodino de la derrota y la flojera, de lo cobarde pero creyéndose muy cabroncitos y muy listos.

 

Todo esto pasaba por mi cabeza mientras hacía recuento de daños frente al televisor, reconstruía ingratamente y por encimita lo que es muy evidente, cuánta internalización de ese carácter de lo naco hemos normalizado. Así que mejor me indigné, acabé mi nano análisis, apagué la televisión y vine a escribirlo… que es lo único que se me ocurrió que podía hacer por el momento.

 

Por cierto, ¿y usted qué tan naco es?