Maricela Rosales · 16 de abril de 2012
Los cambios nos gustan, no nos gustan, los provocamos, a veces somos conscientes de ellos y muchas veces no, ni siquiera nos percatamos. También están los que esperamos y esperamos y jamás llegan o al menos eso creemos. Imaginémonos que estamos esperando cruzar una calle, pero no nos animamos porque pensamos que si cruzamos podría pasar un auto o un camión y atropellarnos, así que nos dedicamos a ver pasar los autos, los camiones, etc.
Caemos en la rutina de nunca ni tomar un autobús que nos lleve a otra parte ni atravesar y tomar otro camino, nos hacemos viejos y aunque no lo creamos, la inmovilidad que significa el miedo a no realizar ningún cambio nos cambia.
Los cambios siempre llegan y aunque tú y tú y tú no quieran abrir su puerta, entran a tu vida o salen. Hay personas que continuamente se preguntan ¿para qué cambiar? Todo está bien así, mi sillón, mi tele, mi refresco, pero la vida siempre se encarga de explicarte por qué todo cambio es bueno.
Estamos -y no según yo, muchas personas lo dicen a diario- ante un cambio, cambio climático, cambio de consciencia, cambio político.
¿Desde dónde estás observando a la política, a las personas que están en la política? ¿Realmente crees en la política? Y si no, ¿por qué no? Por inocencia o por desconocimiento.
Creo que aquellos que hoy aspiran a ser nuestros gobernantes deberían por empezar a preguntarse ¿qué ley se necesita para potenciar el trabajo en equipo, para dar feed back positivo a quién hace un buen trabajo, para lograr la participación de los ciudadanos…?
Tengo la fortuna de conocer muchos de ellos que están ansiosos por participar pero no encuentran los canales para llegar a quién toma las decisiones, hace poco un taxista me decía que realmente la culpa de todo lo que le sucede a nuestro país no son los gobernantes, somos nosotros, los que nos sentamos frente a la televisión a consumir miles de mensajes sin fondo, sin causa; le pregunté que cual sería la solución que él plantearía, me contestó: lo primero que hay que eliminar son las telenovelas y el fútbol.
-¿Telenovelas y fútbol? Pero cómo, si es el pan del pueblo.
-Pero es un pan podrido.
Un pan podrido…no pude evitar reírme, el taxista me resultó mejor publicista que algunos que están a cargo de las campañas de los presidenciables.
La evolución de la sociedad, las crisis; estamos rodeados de trivialidades, hemos aumentado -y quizá me equivoco- nuestra capacidad de esperar, de caer en la rutina. La actual generación de niños es capaz de pasarse horas enfrente de un televisor apretando los botones del playstation, Xbox o lo que sea, esperando, esperando.
Vivimos en una sociedad de pánico. Vivimos muertos de miedo y en ese contexto no se toman las decisiones razonables ya que uno solo piensa en su propio interés.
A mí por lo pronto me gustaría tener una sociedad con mucho carácter social que decida en qué y cómo emplear los recursos que se puedan obtener de las donaciones que pudiera hacer la clase de nivel económico alto.
La Responsabilidad social es clave en el progreso de una nación, y no lo digo yo, es un concepto básico…publiqué hace tiempo un tuit que iba más o menos así: “Estoy muy indignada por lo que pasa en Sierra Tarahumara y por eso publiqué tres tuits de inconformidad” *por supuesto que como siempre fui irónica*.
Hay puntos claves que debemos observar en nuestro entorno y que de mejorarlos podría decirse que contribuimos y aportamos a nuestra responsabilidad:
• Aprendamos permanente.
• Busquemos un mayor equilibrio entre trabajo, familia y ocio.
•Defendamos la igualdad de retribución y perspectiva profesional entre hombres y mujeres.
• Y no descuidemos nuestra salud y seguridad en el lugar de trabajo y en nuestro hogar.
Va más allá que quitar las telenovelas y el fútbol *aunque igual no se me hace mala idea*. No nos quedemos mirando sin movilidad en la acera, con miedo a cambiar el rumbo… Yo también estoy cómoda en mi casa sin abrirle cada vez que el cambio toca a mi puerta. Mi mamá me enseño que no hay que abrirle a extraños, pero algún día debo abrir, ¿no creen?
Aquí les dejo un clásico una bella poesía del chileno Julio Numhauser, interpretada por la Sosa… que la tonadita se les quede pegada por un buen rato…¡Hasta la próxima!