Maricela Rosales · 27 de febrero de 2012
Para las mujeres nuestra escena favorita es cuando Clark Gable besa a Vivien Leigh por primera vez en “Lo que el viento se llevó”. Para los hombres es cuando se le ve la ropa interior a Sharon Stone en “Bajos Instintos”.
Cuando termina una relación, una mujer llora y abre su corazón a sus amigas. Habla del tema horas, días y semanas, buscándole todas las ópticas que admita la historia, incluso las descabelladas. Luego escribe un poema titulado “Todos los hombres son idiotas”. Después seguirá adelante con su vida.
El hombre es más lento, también para olvidar. Al principio dirá que ha terminado una etapa, buscará quien le enjugue las lágrimas e intentará convencerse que ha dado vuelta a la página. Seis meses después de la ruptura, llamará a las 3 de la mañana un domingo y dirá “sólo quiero que sepas que estoy muy bien, que todo va muy bien desde que terminamos. Y además te odio. Pero me gustaría que supieras que creo que todavía podemos volver a intentarlo”. Esto se conoce como la llamada “te odio/te quiero”, que el 99% de los hombres han hecho alguna vez.
Así de diferentes somos y todos lo sabemos. En una época donde las relaciones de pareja se rompen por nimiedades, que haya quien supere obstáculos aparentemente insalvables, no deja de sorprenderme.
Así de sorprendente me pareció la película “The Artist” nominada para El Óscar, que he de confesar que los primeros 15 minutos no sabía que esperar de ella, pero poco a poco me fue envolviendo la temática, la música y la actuación.
También les confieso que “The Help” era mi favorita hasta antes de ver ésta pero nunca he sido muy buena para atinarle al ganador y no por que sea una buena crítica, pues uno de mis deleites es ir al cine, pero bien sabemos que es una premiación en donde giran múltiples intereses, por lo menos ese es mi consuelo.
“The Artist” es una historia de amor, y un tributo al concepto del silencio. Una magnífica película que contagia positivismo y que reivindica el amor por el cine. En los tiempos que vivimos de inmediatez e imágenes en 3D. Nada menos que hacer una película en blanco y negro y muda. Qué maravillosa es la insensatez en algunas ocasiones.