blogeditor · 8 de junio de 2011
Por José F. Tapia. Director de Estrategia e Investigación en México Evalúa
Este viernes llega a Ciudad Juárez la marcha del Movimiento Nacional por la Paz. Parece que esta marcha de rechazo a la violencia es diferente a las anteriores, tanto por la forma como fue gestada como por la dinámica en que la sociedad se ha sumado a la misma. No hay duda de ello.
Sin embargo, en términos de resultados concretos, más allá de la necesaria catarsis colectiva y un mejor entendimiento del fenómeno delictivo desde el punto de vista de las víctimas, creo que sus resultados serán muy similares a las anteriores expresiones sociales.
No es pesimismo, pero nos hace falta aún saber como consolidar el esfuerzo de estas movilizaciones. Me refiero a saber cómo articular demandas y agendas concretas de acción que en efecto se traduzcan en un costo político para las autoridades y funcionarios públicos.
El hecho es que cuando la autoridad cuestiona directamente a los movimientos ciudadanos: “¿cuál es su reclamo?”, “¿qué necesitan?”, “¿Qué proponen?”, la verdad es que no se sabe que contestar, porque no se han articulado aún esas respuestas. Cuando un ciudadano pide a la autoridad “cambios” o “mejoras al sistema de justicia”, esto es simplemente difícil de cumplir por que no se habla de un cómo (quizá simplemente porque no se sabe como hacerlo). Es aquí donde el apoyo de expertos, centros de estudios y la academia pueden ayudar a crear demandas reales y accionables. “Que renuncien todos” o “por un México con Paz”, son frases muy elocuentes que reflejan el sentir ciudadano, pero no se traducen en programas o políticas de acción concretas.
Para llegar a conformar propuestas especificas nos hace falta una representatividad confiable y ordenada, una que pueda articular de forma clara tanto las demandas expresadas por la sociedad como las directrices de política que emergen del análisis de la información disponible. Es un trabajo conjunto, para el cual las piezas se encuentran ya alineadas. Para estas labores existe ya un Observatorio Nacional de Seguridad, Justicia y Legalidad y la multiplicidad de observatorios que operan ya a nivel local.
Entendamos que las marchas, los foros, los diálogos por la seguridad han transformado muy poco y han hecho mucho menos cuando evaluamos sus resultados; más de lo mismo no va a mejorar la situación. Los grandes temas de implementación y coordinación entre ámbitos y ordenes de gobierno, siguen estando pendientes: el cabal cumplimiento de las leyes EXISTENTES aún no es extensivo, ni evidente. Y el nivel de impunidad en México continúa siendo de los más altos del mundo. La responsabilidad cuando es de todos, no es de nadie. Para ello sólo hay que ver la actitud y acciones de los Gobernadores en el tema, y con ello corroborar que ninguno aborda el asunto con suficiente seriedad e indignación, tan solo la sociedad civil asume hoy esta responsabilidad.
Vale la pena recordar que en términos de propuestas innovadoras existe una corriente a nivel mundial muy acelerada de coordinación social para generar propuestas y soluciones a problemas colectivos. Lamentablemente, hoy lo que éstas obtienen son pocos resultados. Curtis Carlson, ha hecho evidente que las propuestas de cambio que vienen de abajo hacia arriba, es decir, desde los ciudadanos a la autoridad, son muy desordenadas y poco articuladas pero resultan a la vez propuestas novedosas y frescas.
Mientras que las propuestas que vienen de arriba hacia abajo, en este caso de la autoridad al ciudadano, pueden ser propuestas ordenadas pero muy simples, sosas o carentes de visión de largo plazo. Ello obliga a buscar soluciones más cercanas a la gente que ponga a todos a trabajar en metas concretas, para con ello ofrecer un panorama claro de lo que sí se puede lograr y la manera de evaluar estos avances.
La información y las soluciones se generan a nivel local, por ello una mejor coordinación entre autoridad y ciudadanos, acompañada de una ordenada actuación de la sociedad civil que concrete demandas es lo que puede realmente generar los cambios que anhelamos. Esto es lo que debería suceder después de la marcha.