blogeditor · 14 de octubre de 2014
¿Y ahora qué? ¿Cómo no dejarse llevar por la desesperanza? ¿Cómo resistirse a la resignación? Son preguntas que lo persiguen a uno. Las tragedias de Iguala y Tlatlaya, así como los años de violencia con su estela de muerte y destrucción, dejan ansias de explicaciones que permitan vislumbrar salidas al horror. Aún no hay respuestas y se multiplican las preguntas.
Ante este lamento sigue la duda ¿qué debe cambiar? Ante lo podrido, todo. Pero, ¿qué priorizar? Pensando en esto, hay cifras que dan cuenta de lo que ha cambiado y no en México al paso de los años. Quizá puedan dar pistas a explorar, sin evidenciar necesariamente causalidad.
En los últimos 70 años México se ha transformado. Bastante. La población se ha multiplicado por 5.7 veces, la esperanza de vida al nacer prácticamente se ha duplicado y la mortalidad infantil se ha reducido en casi 90 por ciento entre 1940 y 2010. El analfabetismo que abarcó a la mayoría de la población hace siete décadas, ahora se ha reducido a sólo 6 por ciento (igual es mucha).
La economía, por su parte, se ha transfigurado por completo. Un reflejo es la población ocupada que pasó de ser predominantemente agrícola a una de servicios, mientras que la red nacional de carreteras aumentó 37 veces en este tiempo. Por su parte, en 1940 casi 65 por ciento de la población vivía en localidades menores a 2,500 habitantes, ahora lo hace el 23 por ciento.
En suma, tenemos a ciudadanos más numerosos, saludables, con más educación, mejor conectados, con empleos “modernos” (aunque con una transición sin salvaguardas). Y, no obstante, sin un futuro promisorio.
¿Qué no cambió en todo este tiempo? Por lo pronto, un indicador: la distribución del ingreso. Mientras que en 1950 la quinta parte de la población más rica acumuló el 59 por ciento del ingreso disponible, la quinta parte más pobre acumuló sólo el 5.6 por ciento. 70 años después las cosas prácticamente no han cambiado: la quinta parte más rica acumula el 50.2 por ciento del ingreso disponible y la más pobre acumula 4.9 por ciento. Lo pobres tienen menos pastel que en 1950.
[contextly_sidebar id=”wlpqj0mAQul0m9NirHcvJCg5F4ZYDA4F”]Esta distribución del ingreso refleja instituciones que mantienen un status quo en esencia oligárquico. Mientras que como nunca México destina la mayor parte de su presupuesto al gasto social (entre 1940 y 2010 pasó del 17 al 55 por ciento, respectivamente), las políticas públicas no han servido para redistribuir el ingreso, pues se debaten entre subsidios regresivos, una insuficiente y limitada recaudación y una franca desprotección de los vulnerables (como son las políticas de contención al salario mínimo y los embates a la capacidad negociadora de los trabajadores). En todo caso, son cursos de acción que han mantenido altos niveles de pobreza para garantizar clientelas políticas que una y otra vez han reproducido un orden donde la agencia de los pobres y su representación es prácticamente inexistente con un Estado que discrimina y tiene “debilidades selectivas”, como apuntan José Merino y Andrés Lajous.
Ante este sistema anquilosado, no es de extrañar por ejemplo el aumento impresionante de la migración como una estrategia de salida para mejorar condiciones de vida. Como otra cosa que sí cambió, la población mexicana o de origen mexicano en Estados Unidos pasó de 0.4 a 10.3 por ciento del total de ese país entre 1960 y 2010. Otra estrategia de los mexicanos fue, quizá, buscar actividades más lucrativas como las ilegales para aumentar su ingreso disponible.
México requiere una profunda reforma en lo social. Un elemento es la distribución del ingreso. Quizá el reto del siglo XXI. De otra manera, es posible que muchos indicadores mejoren: salud, educación, infraestructura, pero no tendremos una sociedad más igualitaria y, por tanto, cohesionada dentro de la diversidad. Para que exista una reforma en lo social, se requerirá una reforma política con mecanismos eficaces de rendición de cuentas y que mejore la representación de los intereses de quienes históricamente no han tenido voz. Hasta aquí unas pistas, pero la emergencia nacional exigen más ideas, más explicaciones y más acciones. Es tiempo de aportar.
* Fuentes: Conapo, Indicadores Demográficos 2010-2050 | INEGI, Censo de Población y Vivienda 2010 | INEGI, ENIGH 2010 | INEGI, ENOE 2014 | INEGI, Estadísticas Históricas de México, 2009 | SCT, Anuario Estadístico 2010 | SHCP, Cuenta Pública 2010 | US Census Bureau, Historical Census Statistics on the Foreign-Born Population of the United States: 1850 to 2000; y The Hispanic Population: 2010.
** Dato de 1960.
*** Dato de 1950.