Redacción Animal Político · 11 de julio de 2023
La acción más reprochable del gobierno de López Obrador-Morena ha sido sin duda, su intento hasta ahora fallido por destruir el INE y someter a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, porque atentan contra la democracia y la posibilidad que tienen los ciudadanos de cambiar al partido en el poder y de hacer respetar sus derechos constitucionales.
Esta aspiración autoritaria y hegemónica de AMLO-MORENA es el mayor peligro que vive la democracia mexicana, si se consolidan en el poder en las elecciones del 2024, es muy probable que el INE y la SCJN sucumban ante la andanada autoritaria de un nuevo sexenio morenista.
La democracia mexicana habría sido un periodo nuevamente pasajero de nuestra historia (como la república restaurada) y la hegemonía de un solo partido y el posible maximato de AMLO terminarían con las elecciones libres, el régimen de partidos, el equilibrio de poderes y muchas de las libertades de los mexicanos, aunque siguiendo la tradición mexicana sería un régimen autoritario con ropajes y formas democráticas como el viejo PRI.
Este escenario es el que una buena parte de la clase media mexicana quiere evitar.
Según el INEGI, en 2020 el 42.2% de los hogares en México pertenecían a la clase media y el 1.2 a la clase alta. En los hogares de clase media el promedio de escolaridad fue de 11.2 años, es decir, casi terminada la preparatoria y en la clase alta 15.2 años (muy avanzada la educación universitaria). En la clase baja el promedio de años de estudio fue de 8.2 (educación básica) y solamente en el 18.6% de los hogares por lo menos un adulto tenía mínimo un año de educación superior (en la clase media y alta fue de 51.2 y de 91.9 respectivamente).
En una encuesta publicada por El Financiero el martes 2 de mayo, el 67% de los mexicanos con educación básica aprueban la gestión de López Obrador, el indicador baja a 52% de entre los que tienen educación media y el 44% de los que tienen educación superior.
Algo interesante es que entre los ciudadanos que se dijeron morenistas el 98% aprobó el desempeño de López Obrador, pero entre los simpatizantes de la oposición solo el 16% lo aprueba y entre los apartidistas el 53%.
Quizás lo que estos datos muestran es que las clases medias no tienen comprometido su voto, sino que votan libremente con base en la información que tienen de un partido, sus candidatos y el efecto de las campañas.
El llamado voto duro de los partidos tiende a ser más restringido en número y las llamadas “maquinarias electorales”, es decir, del grupo de gente controlada por estructuras partidarias que votan de manera “corporativa” tienen su peso, pero no son las que definen elecciones con mucha participación como la elección presidencial.
Entonces no sería exagerado decir, que las elecciones se ganan en las campañas y no con el voto duro o con el tamaño de las “maquinarias electorales”.
La insistencia del Frente Amplio por México por integrar a Movimiento Ciudadano está estrechamente vinculado a la necesidad de ofrecer a las clases medias una alternativa que impida el resurgimiento del partido hegemónico y de lo que eso implica para una sociedad tan diversa, compleja y necesitada como la mexicana.
Es muy posible que el conjunto de votos que aportan las clases medias a los partidos que se oponen a Morena y sus aliados sean las que determinen la elección y si se dividen entre dos opciones ratificarán al partido en el poder.
De pronto la postura de algunos de los dirigentes más importantes de Movimiento Ciudadano es difícil de entender, el discurso de “vieja política” y “nueva política” tiene sentido como eslogan, pero carece de contenido práctico ¿qué significa vieja o nueva política? En los ciclos políticos de las sociedades siempre hay una dialéctica entre nuevo y viejo, pero a la hora de gobernar, el consenso y la negociación de intereses sintetizan los intereses y las propuestas de los contrarios.
No se busca la hipotética hegemonía de “la nueva política” sobre “la vieja política” (esa política ya existe) sino articular los intereses de una sociedad diversa en casi todo, particularmente en sus preferencias políticas.
Si algo nos enseña la historia política de las naciones democráticas es como los partidos políticos y los líderes que ganan elecciones, cuando son sometidos a las realidades del poder como designar servidores públicos de alto nivel, pasar iniciativas legales en el Congreso, aprobar las prioridades presupuestales, desarrollar obras de infraestructura, lidiar con las críticas en los medios, competir en elecciones intermedias y locales y un larguísimo etcétera tienen que pactar con las otras fuerzas políticas (nuevas y viejas) y llegar a acuerdos para sacar adelante políticas públicas.
No parece que en política exista algo químicamente puro. La democracia no busca el gobierno de los buenos, ni siquiera de los mejores, sino como diría Karl Popper en la Sociedad Abierta y sus Enemigos, la democracia permite crear instituciones, equilibrios y contrapesos que puedan detener las políticas de malos gobiernos cuando falten los mejores.
Tratando de conservar la alternativa que propone Movimiento Ciudadano y lograr un triunfo electoral en 2024 no está nada fácil, el artículo 87. Numeral 4. de la Ley General de Partidos Políticos establece que “ningún partido político podrá registrar como candidato propio a quien ya haya sido registrado como candidato por alguna coalición.”
Dicho de otra manera, si por alguna razón Movimiento Ciudadano postulara a Xóchitl Gálvez tendría que hacer una coalición con el PAN, el PRI y el PRD, la buena noticia es que cada partido podría aparecer por separado y la gente podría votar por el partido de su preferencia, aunque postularan a la misma candidata.
Los datos tampoco mienten, en la elección presidencial de 2018 votó el 63.4% del padrón electoral, López Obrador y su coalición recibió 30.1 millones de votos (mdv), mientras que las otras coaliciones 24.8 mdv. Como es sabido PAN-PRD-MC iban en coalición y obtuvieron 12.6 mdv, mientras que PRI-Verde-Nueva Alianza 9.2 mdv, el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” 2.9 mdv.
Dicho de otra manera sumando los votos de los opositores a López Obrador habrían obtenido 24.8 mdv, y la diferencia con la coalición ganadora hubiese sido de 5.2 mdv.
Para las elecciones intermedias de 2021 las coaliciones cambiaron ligeramente, el Partido Verde, el PT y Morena, compitieron juntos en muchos distritos electorales y en otros fueron por separado, la suma de sus votos fue de 20.9 mdv. Del mismo modo el PAN, el PRI y el PRD compitieron juntos en muchos distritos y en otros cada uno por su cuenta, pero la suma de sus votos fue de 19.3 mdv. Movimiento Ciudadano fue solo en todos los casos y obtuvo 3.4 mdv.
En el hipotético caso de que se hubieran repetido las coaliciones de 2018 (con la excepción del Verde que pasó del PRI a Morena) la coalición opositora hubiera obtenido 22.7 mdv, apenas 2 mdv menos que los votos obtenidos en la elección presidencial, pero 1.8 mdv más que Morena y sus aliados.
Considerando que en la elección presidencial votó el 63.4% del padrón y en la intermedia de 2021, el 52.6% es decir, un decrecimiento en la participación del -16.9%, la votación de Morena y sus aliados decreció -30.5% (por debajo del abstencionismo), en tanto la oposición en su conjunto (incluyendo MC) decreció solamente -8.2% (por arriba del abstencionismo).
¿Una hipotética coalición de PAN, PRI, PRD, MC, sería igual o superior a la suma de sus partes? Dependerá de la o el candidato y la forma en que se elija, pero la inercia hegemónica de Morena y sus aliados más la fuerza de 23 gobiernos estatales y del gobierno federal no son una fuerza menor.
Movimiento Ciudadano es una fuerza política con una postura política llena de futuro, pero ¿Sólo puede ganar las elecciones? ¿Cuál es la carta que tiene Dante Delgado para que Movimiento Ciudadano ofrezca a la clase media la alternativa ganadora que tanto demanda?
Por el momento parece que Xóchitl ha capturado la imaginación de la clase media.