De la xenofobia al discurso de la amistad intercultural

Redacción Animal Político · 14 de septiembre de 2023

De la xenofobia al discurso de la amistad intercultural

¿Habías escuchado que México es uno de los cuatro corredores migratorios del mundo? La ubicación geopolítica del país con los Estados Unidos ha provocado que en las últimas cuatro décadas (Durand, J. 2016) miles de personas provenientes de Centroamérica transiten irregularmente el territorio mexicano para cruzar la frontera norte, con el fin de buscar condiciones laborales y de vida más dignas que en sus países de origen. Así, la mejora económica que ofrece la superpotencia americana es el principal estímulo del flujo migratorio.

Esto no es de extrañar. La migración es un fenómeno social inherente al ser humano. La movilidad de personas o grupos de personas se ha dado a lo largo de la historia; sin embargo, eso no significa que la relación entre grupos, naciones o personas receptoras y migradas sea armónica, pues el contacto con otras poblaciones puede generar fricciones y diferencias. Es por eso que el país enfrenta ahora nuevos retos, ya que hay nuevas poblaciones con características y necesidades específicas que se tienen que atender. Uno de estos retos son los discursos de odio basados en la xenofobia y el racismo dirigidos hacia las personas migrantes en condiciones de vulnerabilidad.

Hay que entender primero qué son los discursos de odio. De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (2015), los discursos de odio son opiniones dogmáticas, destructivas y sin justificación, que tienen la intención de humillar y excluir a personas o grupos que han sufrido históricamente discriminación. El peligro que supone la generación de discursos de odio contra las personas migrantes es de un potencial muy alto para la vulneración y violación sistemática de los derechos humanos.

Desmontar los discursos de odio no es tarea fácil. La primera dificultad consiste en saber que existen y reconocer aquellas reproducciones en la narrativa que las sustentan y propagan. Para esto es útil pensar en el modelo del triángulo de la violencia, propuesto por Johan Galtung, compuesto por tres vértices: violencia directa, cultural y estructural. La violencia cultural y estructural son la base de las violencias, a ejemplo de iceberg, corresponden a la parte cubierta por agua que no se puede percibir a simple vista, pero que es más grande que la parte superior que sí se ve (violencia directa), por lo tanto corren el peligro de ser normalizadas por falta de visibilidad. En sintonía con este modelo, el discurso de odio se puede situar como una acción de violencia directa, misma que se identifica con mayor facilidad que otras violencias, ya que se hace evidente de diversas maneras, por ejemplo, a través de insultos, golpes, amenazas, etc. Sin embargo, se encuentra sustentada por violencias sistemáticas de tipo cultural y estructural, como la discriminación histórica. Además, la violencia cultural y estructural recaen en prejuicios, estigmas y estereotipos arraigados en el ideario colectivo, muchas veces justificadas en la pureza étnica y en los procesos de colonización. De esta manera, la migración ha sido considerada como un fenómeno indeseable en las sociedades modernas, así mismo el discurso político de países desarrollados estigmatiza y criminaliza a las personas que provienen de otros grupos étnicos o raciales.

A partir de esos modelos discursivos que se replican en conversaciones cotidianas, redes sociales, periódicos, revistas, noticieros, diversas producciones televisivas, etc., llegan a permear en la sociedad mexicana, asociando lo extranjero como lo invasivo, sospechoso, peligroso y dañino.

La actual crisis migratoria, exacerbada por la pandemia del COVID-19, el conflicto bélico en Europa del Este, los regímenes autoritarios en América Latina, la devaluación de las monedas y la pauperización de los salarios han provocado que cada vez más personas se sumen a las caravanas de inmigrantes. Hecho que vuelve a poner sobre la mesa el tema latente de discriminación en el país y que trae consigo la práctica discursiva de odio hacia personas migrantes.

Para entender mejor el problema de los discursos de odio hacia esta población es necesario precisar que la xenofobia no aplica contra todas las personas que vienen del extranjero, sino que es selectiva y se aplica contra quienes no son considerados deseables. Handerson Joseph e Iréri Ceja mencionan que la xenofobia se aplica en lo general a poblaciones empobrecidas y racializadas a diferencia de las personas extranjeras leídas, blancas y con poder adquisitivo. Es decir, la xenofobia está ligada estrechamente con el racismo. Los modos en que este discurso puede introducirse en una sociedad son a través de discriminación étnica o racial. En términos prácticos, las dos modalidades son formas de xenofobia, es decir, rechazo de lo extranjero. En este sentido, los discursos de odio están fuertemente reforzados por la discriminación étnica y racial, que si bien no son sinónimos, muchas veces van acompañados. Es importante señalar que el entrelazamiento entre ambos tipos de discriminación aumenta la vulneración hacia las personas migrantes, pues ellas pueden verse afectados por más de un tipo de opresión.

Con esto como base hay que leer los datos que muestra la Encuesta sobre Discriminación de la Ciudad de México (EDIS) 2021. Esta encuesta mide la percepción de las personas que habitan la ciudad sobre la discriminación. Aquí se señala que el 55.2 % de las personas encuestadas percibe que hay discriminación hacia personas extranjeras.

El proceso migratorio, según Urzua (miembro de la Sociedad Interamericana de Psicología) y Ferrer (quien es psicólogo especializado en ciencias del comportamiento), genera diversas consecuencias tanto a nivel macro-social, considerando los efectos de la migración a nivel económico, social, político y cultural, como micro-social, donde cobran relevancia las consecuencias de manera individual, afectiva y emocional.

Los discursos de odio, como ya se mencionó, traen consigo la formación y propagación de actitudes y contextos de violencia, en este caso hacia las poblaciones migrantes. Esto tiene a su vez múltiples consecuencias, empezando por considerar el daño directo, emocional y/o psicológico, que pueden producir las amenazas, el acoso, y otros ataques dirigidos a cierta persona, por motivos de odio e intolerancia (Isasi, A. C., & Juanatey, A. G., 2016). De por sí, el hecho de salir de su país ya es algo que conlleva cargas de estrés importantes, y el recibir tratos de violencia a partir de ciertos mensajes puede agravar cualquier conflicto emocional que ya pudieran traer.

Desde este primer aspecto ya se puede visualizar como otra consecuencia la vulneración de diversos derechos, como son la privación del derecho de igualdad, ya que se les da un trato diferenciado, inclinado al maltrato, por su lugar de origen o su color de piel. Al mismo tiempo existe la vulneración del derecho a la salud, ya que este tipo de discursos atenta directamente contra el bienestar mental y hasta físico de las personas migrantes. Se atenta también contra el derecho a la libertad de tránsito, el derecho al trabajo, entre otros, lo que retrata cómo estas personas en ocasiones ya no son vistas como tal, todo a raíz de una serie de comentarios que forman prejuicios y estereotipos que despojan a las personas de su dignidad humana. Si la condición misma de movilidad humana ya les impide a las personas migrantes el poder vivir de manera plena su vida y el ejercicio de sus derechos, los discursos de odio pueden poner en riesgo los derechos que les quedan, que podrían ejercer en su recorrido y los cuales ayudarían a cuidarlos en su trayecto.

La negación de estos derechos es uno de los principales componentes de la discriminación y según Mera-Lemp, M., Bilbao, M., & Martínez-Zelaya, G. (2020), la discriminación percibida es una importante fuente de estrés, la cual puede mermar el bienestar de las personas. Para el caso de las personas migrantes, la discriminación percibida ha sido conceptualizada como un estresor crónico, dado que las personas identifican de forma permanente que el contexto en el que se desarrollan es altamente aversivo para ellas (Mera-Lemp, M., Bilbao, M., & Martínez-Zelaya, G.,2020), lo que repercute de manera importante en su bienestar integral.

Es importante asociar la movilidad transfronteriza como un proceso histórico, natural y como derecho humano, consagrado a nivel internacional (Declaración Universal de los Derechos Humanos, Art. 13) así como en el marco jurídico nacional y local. Los grupos sociales se desplazan de un lugar a otro desde tiempos inmemorables, han sido distintas las motivaciones como las expuestas en los párrafos anteriores.

Aceptar y respetar a las personas migrantes significa valorar la diversidad cultural y promover el sano intercambio de costumbres, saberes y potenciales beneficios de las y los extranjeros. Y es aún más que eso: es el reconocimiento de la dignidad del otro, así como en sentido contrario es la primera pauta de una cultura de derechos humanos.

El discurso de odio, disfrazado de un mecanismo de protección nacionalista, es una herramienta de sumisión y estigmatización de lo externo. Desestructurar las nociones negativas del otro permitirá construir otras expresiones orales o escritas diferentes que pueden fomentar una cultura de la diversidad y de respeto a los derechos humanos.

Este tipo de mensajes, la estigmatización, los prejuicios y los estereotipos, son construcciones ideológicas que ponen una venda en nosotros y nosotras, que nos impide reconocer a las otras personas como iguales, como sujetos de derecho y como dignas de respeto. Es necesario repensar las consecuencias de dichos discursos y buscar vías y medios para prevenir y erradicar dichas ideas, así como prácticas ligadas a ellas. Una manera de hacerlo es el desempleo de palabras ofensivas, estigmatizadas, lo cual sirve como una oportunidad de generar contranarrativas a este tipo de discursos, que puedan fomentar nuevas perspectivas relacionadas a la construcción de una cultura de paz, de no violencia, de tolerancia y de aplicación de derechos humanos.

Un discurso de la amistad es más poderoso para fortalecer las autoestimas individuales y colectivas (Urzua, Ferrer, Olivares, Rojas, & Ramírez, 2019), y favorecernos de un intercambio intercultural que nos seguirá quedando como herencia.

* Red Ciudadana por la Igualdad y la No Discriminación de la Ciudad de México (REDCii) 2022 es una iniciativa del COPRED para difundir el derecho a la igualdad y la no discriminación, está conformada por personas ciudadanas. Este texto fue elaborado por Miguel Ángel Ceballos Soria, Isis Irais García Feria, Carlos Carmona Salado y Erik Ricardo León Juárez, pertenecientes a la REDCii 2022.

Este texto refleja la opinión de las personas autoras. El Copred brinda solamente el espacio para la libertad de expresión de quienes participaron en la Red Ciudadana.

 

Referencias:

Durand, J. (2016). Historia mínima de la migración México-Estados Unidos. Ciudad de México: El Colegio de Mexico.

Hopenhayn, M., & Bello, A. (2001). ONU, División de Desarrollo Social. Santiago: CEPAL. Recuperado el 14 de Septiembre de 2022 de aquí.

Isasi, A. C., & Juanatey, A. G. (2016). El discurso del odio en las redes sociales: Un estado de la cuestión. In Ajuntament de Barcelona. Recuperado el 20 de septiembre de 2022, de Informe_discurso del odio_ES (barcelona.cat)

Mera-Lemp, M., Bilbao, M., & Martínez-Zelaya, G. (2020). Discriminación, aculturación y bienestar psicológico en inmigrantes latinoamericanos en Chile. Revista de psicología (Santiago), 29(1), 65-79.

Urzua, F., Ferrer, R., Olivares, E., Rojas, J., & Ramirez, R. (Diciembre de 2019). El efecto de la discriminación racial y étnica sobre la autoestima individual y colectiva según el fenotipo autoreportado en migrantes colombianos en Chile. Terapia Psicológica, 37(3).