Vulnerabilidad y medidas de protección de policías ante COVID

blogeditor · 30 de octubre de 2020

Vulnerabilidad y medidas de protección de policías ante COVID

Las policías del país no experimentan con la misma intensidad la pandemia, ni cuentan con los mismos recursos para afrontarla. En el presente artículo —tercera publicación de los resultados del estudio “La Función Policial ante el COVID19”1— hablaremos de los grados de vulnerabilidad de las policías ante el virus COVID19 y de las distintas medidas con las que las corporaciones han buscado proteger a sus elementos. Esto incluye las medidas “duras” —como materiales de protección y prestaciones laborales— y también medidas de protección “suaves”: maneras en que la institución le hace saber a sus elementos que se preocupa por ellos y procura mitigar los efectos emocionales que tiene el agotamiento laboral durante la contingencia. Si bien las medidas de protección “duras” y “suaves” no son intercambiables, las segundas son particularmente importantes para el estado emocional de los oficiales y, por lo tanto, para su salud y su interacción con la ciudadanía.

1. ¿Cómo afrontan las corporaciones policiales del país el riesgo de contagio entre sus elementos?

Sabemos que las y los oficiales —junto con el personal médico— se encuentran en la primera línea de respuesta a la contingencia. En general, es prácticamente inevitable que estén expuestos al virus. Sin embargo, distintas  corporaciones policiales trabajan con condiciones y capacidades distintas. Esta varianza en condiciones y capacidades determina en gran medida tanto el nivel de vulnerabilidad y riesgo para los policías, como el grado al que una corporación lo puede mitigar o subsanar.

1.1 Vulnerabilidad de los elementos

En términos generales, la vulnerabilidad de los elementos está ligada a cinco cosas: 1) el porcentaje del personal operativo que se considera población vulnerable (personas de la tercera edad, embarazadas o diagnosticadas con alguna condición como hipertensión, diabetes, obesidad o tabaquismo), 2) la presencia de personal con síntomas de COVID19, 3) la realización de pruebas para comprobar o descartar posibles contagios, 4) el tener casos confirmados y 5) el fallecimiento de oficiales por COVID19.

Entre las corporaciones contactadas, el promedio de personal considerado vulnerable ante el virus es 12.7%; la mitad de las corporaciones tienen menos del 10%, mientras que una cuarta parte tiene más del 20% de población vulnerable. Diez corporaciones municipales reportaron que 30% o más de su personal operativo se encuentra entre la población vulnerable al COVID19.

Las acciones tomadas respecto a la población vulnerable varían considerablemente: el 65.1% de las corporaciones reportaron haberles mandado a resguardarse en casa, mientras que casi un 10% asignó a este personal a puntos fijos, donde el contacto con otras personas es reducido, como vigilando edificios que no están en uso. En casi el 20% de las corporaciones ofrecieron una mezcla de estas dos medidas, de acuerdo al grado de vulnerabilidad ligado a las condiciones de salud de los elementos o bien permitiéndoles decidir si querían ir a casa o seguir laborando. Únicamente tres corporaciones rurales y una urbana afirmaron no tomar ninguna medida de protección a los elementos vulnerables—y una de ellas reportó, además, que el 60% de su estado de fuerza está en alto riesgo. Las medidas de protección tienen sentido, pero también generan fricciones. En condiciones normales, tanto enviar un policía a casa con licencia como asignarlo a un punto fijo son consideradas castigos. La percepción de castigo puede llegar a evitar que los oficiales se resguarden: por ejemplo, en una policía urbana con el 15% de estado de fuerza vulnerable, ningún elemento optó por irse a casa al presentarles la oportunidad. Es decir, los policías no quieren dejar de trabajar, pero se saben en riesgo.

Para principios de junio de 2020 casi la mitad de las corporaciones (55/112) reportó tener personal con síntomas de COVID19, pero solamente 43 afirmaron hacer pruebas a sus oficiales. Algunas ni siquiera sabían si los oficiales se realizaron pruebas o no. Para la aplicación de pruebas, las corporaciones dependen de su cobertura de salud o de la capacidad de atención de la instancia de salud estatal correspondiente (como cualquier otro ciudadano), así como los criterios de aplicación de pruebas de estas instancias (por ejemplo, si determinados síntomas o el contacto con contagiados amerita o no realizar prueba). Únicamente una policía urbana reportó que su autoridad municipal gestionó pruebas proactivas a sus mandos (es decir, sin síntomas previos).

Ocho corporaciones—pertenecientes a algunos de los estados más afectados por la pandemia—reportaron entre uno y doce oficiales fallecidos para principios de junio.2 Cinco de ellas son policías estatales y las otras tres de municipios urbanos. Evidentemente, el contagio al interior de la corporación generó estrés entre los oficiales: una de estas corporaciones reportó elementos que no querían volver a casa por el riesgo de contagiar a sus familias.

1.2 Medidas de protección

Para proteger a sus elementos, independientemente de su grado de vulnerabilidad, las corporaciones del país adoptaron distintas medidas, incluyendo la adquisición de materiales y de rutinas de protección, así como prestaciones de seguridad social, médicas y seguros de vida.

La entrega de equipo de protección es bastante común entre las corporaciones: cubrebocas (97.3%), gel antibacterial (90.2%), guantes (75%), careta (42.9%) y la sanitización de patrullas o equipo compartido (48.2%). Únicamente una corporación comentó que no entrega ningún material a los elementos, pero les exige el uso de cubrebocas. Bajo circunstancias “normales”, los oficiales suelen invertir sus recursos para comprar parte de su equipo (Enecap, 2017). Ante la contingencia, más de la mitad de las corporaciones aseguraron que sus elementos compran material de protección, particularmente cubrebocas, guantes o gel antibacterial. Ya sea por comodidad, calidad, para sentirse más protegidos o “por gusto”.3

Encontramos otras medidas de protección menos comunes: 31.2% de las corporaciones sanitizaron y/o incorporaron controles sanitarios en la entrada a las instalaciones de la corporación, 20.5% entregaron goggles y 18.7% trajes de Tyvek o de bioprotección (para el manejo de cuerpos posiblemente contagiados). Una cuarta parte tomó diariamente la temperatura de los oficiales o incorporó algún otro control médico para identificar elementos con síntomas del virus. En ocasiones, este control se extendió a indagar si entre sus familiares existían  posibles contagios. Por otra parte, 11.6% de las corporaciones dejaron de pasar lista de manera presencial para minimizar el contacto entre elementos. Y dos corporaciones adquirieron un túnel sanitizante por el que deben pasar los elementos antes de cada turno.

Veinte corporaciones cambiaron sus protocolos, instruyendo que los policías evitaran detenciones por faltas administrativas no graves para reducir el contacto entre policías y detenidos, así como el riesgo de contagio en celdas. Para ello, los oficiales requieren ejercer más funciones de mediación o bien se limitan a dar recomendaciones y advertencias. Además, 28 corporaciones instauraron protocolos formales o informales para interacciones con la ciudadanía, particularmente al momento de realizar detenciones. Por ejemplo, una policía rural indagaba si las personas detenidas habían tenido síntomas del virus y posteriormente los policías se lavaban las manos con cloro y jabón. Una corporación urbana entregaba un cubrebocas y gel antibacterial a cada persona detenida, además de sanitizar la patrulla posteriormente.

Un reto inesperado para algunas corporaciones fue concientizar a sus mismos oficiales sobre la gravedad del virus. Es común que, en la cultura policial, exista una visión algo distorsionada de los riesgos. En una policía urbana, por ejemplo, tuvieron que arrestar elementos por no cumplir con las medidas de protección, mientras que en una estatal únicamente el aumento de los contagios en la entidad logró que los oficiales lo tomaran con seriedad. Previendo esto, una corporación urbana organizó pláticas de personal médico sobre el virus. Dos policías estatales y una urbana generaron un protocolo para la llegada de los elementos a sus casas. Una corporación urbana incluso capacitó a un grupo de elementos en protección personal y manejo de cadáveres posiblemente contagiados para que ellos replicaran la capacitación a otros elementos.

En cuanto a otras prestaciones, la mayoría de las corporaciones (80%) ofrece un seguro de vida a sus elementos. De las 16 corporaciones que no lo ofrecen, una de ellas no tiene seguridad social o atención médica, mientras que nueve se limitan a ofrecer atención médica básica en un consultorio local. Por otro lado, cuatro corporaciones otorgan seguro de vida, pero ningún tipo de atención médica. Si sumamos las corporaciones que no ofrecen seguro de vida, que no ofrecen seguridad social o cobertura médica —o ninguna de las dos— encontramos 18% de las corporaciones con preocupante grado de desprotección. Como podemos ver en la Figura 3, las corporaciones urbanas y estatales suelen tener mayores grados de protección para sus elementos, quienes tienen niveles distintos de vulnerabilidad. Por el contrario, las corporaciones semiurbanas y rurales tienen menos medidas de protección, pero también en general menores grados de vulnerabilidad. Sin embargo, un posible contagio al interior de estas corporaciones promete un escenario sumamente complicado para los oficiales, sus familias, e incluso para la corporación y el municipio. En la única policía que no cuenta con ninguna cobertura, nos relataron que los elementos están bastante preocupados y molestos: “a veces se sienten abandonados los compañeros”.4 5

2. Protección “suave” o “nos interesa que estés bien”

La contingencia ha traído consigo no solo el riesgo de contagiarse del virus, sino también un alto nivel de desgaste físico y emocional para los oficiales. Contar con el material de protección y con la cobertura médica o social mínima es imprescindible, pero las cargas laborales adicionales en condiciones de mayor precariedad pueden también tener implicaciones para la salud de los oficiales y —como hemos visto en otras áreas de nuestro proyecto— para su interacción con la ciudadanía. En respuesta, distintas corporaciones adoptaron una serie de medidas, por ejemplo: 1) otorgaron recursos materiales y apoyos “extra” en reconocimiento de la labor de los oficiales, 2) mejoraron la comunicación entre oficiales y mandos, 3) procuraron el reconocimiento por parte de la ciudadanía y 4) procuraron mejores interacciones con los ciudadanos.

 2.1 Otorgar apoyos “extra”

Los recursos o apoyos “extra” que destinaron las corporaciones son muy variados: por ejemplo, una corporación urbana compró malla sombra y botellas de agua para los oficiales que están en filtros sanitarios y una policía estatal otorgó alimentos y agua a sus oficiales tres veces al día. El presidente de un municipio rural otorgó dos alimentos diarios a sus oficiales y un apoyo quincenal de $2,000. Otra corporación urbana estaba “cabildeando” un bono para sus policías. Hay corporaciones que otorgaron apoyo médico adicional a sus elementos: por ejemplo, dos estatales tuvieron la capacidad para atenderles internamente. Además, el personal médico de una de ellas visitaba a los oficiales en calle para asegurarse que no les faltara material de protección. Por último, una policía estatal que sufrió el fallecimiento de oficiales por COVID19 buscó brindar apoyo psicológico a sus compañeros y familiares.

2.2. Mejorar la comunicación entre oficiales y mandos

La relación entre oficiales y mandos afecta de manera importante su trabajo: si los oficiales no reciben buen trato, respaldo y empatía de sus mandos es sumamente complicado que ellos sean empáticos con la ciudadanía. La comunicación cercana entre oficiales y mandos puede tener distintos fines: una policía urbana entabló comunicación constante y directa con los elementos para evitar rumores ante posibles contagios, mientras que en otra los mandos contactaban a los oficiales que faltaban para conocer su estado de salud y hacerles sentir así que eran valorados por la corporación. En una policía estatal notaron que el mismo hecho de monitorear el estado de salud de sus elementos abrió vías de comunicación con ellos para compartir su estado emocional y problemáticas personales. Pese a la importancia de mejorar la comunicación demostrada en estas corporaciones, fueron muy limitados los casos que hicieron ajustes de este tipo: únicamente el 5% lo mencionó.

2.3 Procurar el reconocimiento por parte de la ciudadanía

Una manera distinta de reconocer el trabajo de los policías fue mediante donaciones externas, que no solo pueden mitigar la limitación de recursos —como material de protección— sino que a la vez mandan un mensaje de cuidado y reconocimiento a los oficiales. Casi la mitad de las corporaciones entrevistadas (55/112) recibió donaciones, pero de las 20 corporaciones identificadas como particularmente vulnerables por falta de seguridad social o seguro de vida, únicamente dos recibieron donaciones. Las donaciones vinieron de empresas, de ciudadanos particulares, asociaciones civiles, funcionarios o universidades. La mayoría de ellas se dieron en material de protección o de limpieza; en ocasiones se otorgaron alimentos, bebidas o despensas.

Por otra parte, en ciertos casos la preocupación misma de la ciudadanía y su interés por estar informados llegó a facilitar el acercamiento con los oficiales: una policía rural activamente buscó mantener informada a la ciudadanía y otra afirmó que su presencia en locales y con perifoneo facilitó el acercamiento. Una policía urbana dio informes constantes a sus comités vecinales mediante grupos de WhatsApp. Por su parte, una estatal recibió agradecimientos a través de redes sociales. Aseguró también que tanto las quejas en contra de los policías como sus ausencias laborales han bajado, lo cual atribuyen a la cercanía con la ciudadanía en filtros sanitarios.

Una cuarta parte de las corporaciones mencionaron tener mayor cercanía con la ciudadanía y una tercera parte reportó recibir agradecimientos verbales o mediante redes sociales. Sin embargo, únicamente 17 corporaciones hablaron de mecanismos planificados para lograr esta cercanía. Y lo que es un tanto desconcertante, únicamente en seis corporaciones coincidió que reportaron implementar estos mecanismos y ser testigos de tener mayor cercanía.

2.4 Procurar interacciones positivas con la ciudadanía

Además del agotamiento de los oficiales, las actividades realizadas por la contingencia llegan a generar nuevas tensiones con los ciudadanos. Por ejemplo, una policía rural aseguró que sus elementos están estresados y preocupados por no contagiarse y a sus familias, lo cual se exacerba al ver que la población no cumple con las medidas de protección. Otras corporaciones refirieron a la dificultad de responder a manifestaciones por el cierre de negocios, hacer detenciones por no cumplir con decretos gubernamentales o evitar la asistencia a entierros. Una policía suburbana incluso comentó estar acostumbrados a recibir insultos de borrachos y personas “influyentes”, pero les duele que ahora “las amas de casa los insultan” por las restricciones o que los niños antes “querían tomarse fotos con ellos y ahora les dicen cosas”.

Algunas corporaciones se anticiparon a esta situación: una policía urbana impartió una capacitación sobre cómo informar a la ciudadanía y cómo ser más sensibles “al humor ciudadano”. En otro caso, el área de Prevención del Delito capacitó al resto de los oficiales sobre cómo dar atención a la ciudadanía sin sentirse agredidos. Otra policía urbana entendió que el cambio de horario que sufrieron—de 12 horas de trabajo por 24 de descanso a 12 por 12— fue difícil para los elementos, pero activamente trabajaron con los policías en el manejo de emociones y los incentivaron con días de descanso o rotándolos de actividades para evitar el hastío. Una policía estatal circuló videos animados entre sus elementos para mostrarles cómo tratar a los ciudadanos, cómo acercarse y cómo entrevistarlos.  Por último, una policía estatal creó un grupo de jóvenes voluntarios para vigilar que se cumplieran las medidas de protección, evitando así fricciones directas con la policía. Dos corporaciones urbanas concientizaron a sus elementos para comprender que hay ciudadanos que tienen necesidad de salir a la calle y reparten cubrebocas para que estos ciudadanos se protejan.

En una policía urbana, consideraron que el que los policías entreguen las despensas del gobierno generó mayor aceptación y reconocimiento. Una policía estatal afirmó que al involucrarse en la atención de la pandemia en las calles, los oficiales se sienten “auténticos protectores sociales”. De manera similar, en otra policía estatal comentaron que los elementos han “tomado como suya esta causa de mitigar los efectos de la pandemia”. Por otra parte, dos corporaciones urbanas buscaron que sus oficiales identifiquen hogares vulnerables para dirigir adecuadamente los apoyos municipales y generar “redes solidarias”: que los vecinos mismos apoyen a estas personas. Estas estrategias les permiten “sentirse protagonistas de una buena labor”. Si bien esto muestra que la contingencia puede utilizarse como una oportunidad para cambiar la manera en que los oficiales perciben su labor, únicamente el 12% de las policías lo reportaron, por lo que puede ser una oportunidad de aprendizaje para otras corporaciones.

Inclusive, hay oficiales que tomaron una actitud proactiva: en una policía urbana, los elementos “adoptaron” a una familia que conocían y que sabían que se encuentra en condiciones precarias, comprándoles despensas con sus sueldos. Otra policía urbana se organizó internamente para comprar alimentos y repartirlos en colonias pobres. Una estatal emprendió una campaña “si puedes dona, si ocupas toma”, primero entre compañeros y luego abierta a la ciudadanía. La última corporación reportó que incluso subió la productividad recientemente.

La pandemia obligó a las policías a adaptarse rápidamente a circunstancias desconocidas. Parte de su capacidad de respuesta se observa en el grado de protección “dura” y “suave” que ofrecen a sus oficiales. Encontramos varianza en cuanto a los mecanismos de protección “dura” entre las distintas corporaciones entrevistadas, con casos de preocupante desprotección de los oficiales. Sin embargo, lo que más resalta es lo poco extendidas que resultan las medidas de protección “suaves” entre las corporaciones, siendo que varias de ellas no exigen un gasto “extra” y que, por el contrario, pueden traer importantes beneficios para la corporación, con repercusiones más allá de la contingencia.

* Adina Radosh Sverdlin (@IPA_LAC) es doctorante en el Centro de Criminología y Estudios Sociolegales de la Universidad de Toronto y maestra en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana. Rodrigo Canales (@canalesro) es profesor asociado en la School of Management de Yale. Se especializa en teoría organizacional y teoría institucional. Actualmente, realiza investigaciones sobre organizaciones policiales en México y políticas de desarrollo. También ha trabajado temas de finanzas y microfinanzas, así como la guerra contra las drogas.

 

 

 

 

1 Entre a abril y junio del presente, entrevistamos a 112 corporaciones policiales municipales y estatales del país como parte del estudio “La Función Policial ante el COVID19” Contactamos a policías de municipios urbanos, semiurbanos, mixtos y rurales, de acuerdo a las categorías del PNUD. Disponible aquí.

2 Como es de esperarse, posterior a la aplicación de la entrevista, varias de las corporaciones contactadas elevaron su número de oficiales contagiados. Por ejemplo, una policía estatal que en junio reportó 9 fallecidos, dos meses después reportó 33. Una policía municipal que reportó 2 fallecidos en junio, para agosto reportó 10.

3 Fuera de la corporación que reportó no entregar ningún material a sus elementos, pero exigirles el uso de cubrebocas, el resto aseguró que se encarga de otorgar el material que utilizan. Sin embargo, como se reporta más arriba, los elementos llegan a conseguir material por sus propios medios.

4 Para calificar el grado de protección se tomaron en cuenta: 1) las medidas de protección ante el virus, 2) la cobertura médica o seguridad social y 3) el contar con seguro de vida.

5 Para calificar el grado de vulnerabilidad se tomaron en cuenta: 1) el porcentaje de estado de fuerza vulnerable, 2) la presencia de personal con síntomas de COVID19 y la aplicación de pruebas para comprobarlo, 3) la presencia de casos positivos y 4) el fallecimiento de oficiales por COVID19.