blogeditor · 19 de julio de 2019
Votar debe ser un acto sencillo para los electores, sin embargo en México desde 2009 sufragar por coaliciones se convirtió en una acción compleja que dificulta la emisión del voto y obstaculiza el cómputo y escrutinio de casilla.
Un beneficio de la reforma de 2007-2008 fue el prohibir la trasmisión de votos entre partidos políticos, para ello, vedó la utilización de un logotipo de coalición en la boleta, pero, produjo una desventaja, ya que obligó a los electores a conocer y dominar las variantes de voto válido a favor de una alianza, además, propició que los funcionarios de casilla tuvieran que clasificar, sumar y registrar individualmente los votos de los partidos coaligados.
Hasta aquí, el sufragar por una coalición era una acción de mediana complejidad, que implicaba que los ciudadanos, en su doble papel de electores y funcionarios, surcaran trabas para votar y para contabilizar los sufragios, pero, que no suponía una mayor contrariedad para su cabal cumplimiento.
Una reforma que no analiza los efectos, buenos y malos, en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de las obligaciones, tiende a ser una reforma inconclusa. Este es el caso de la reforma de 2014, que tuvo como finalidad el flexibilizar procesos en favor de una mayor participación y un menor gasto; para ello introdujo las modalidades de coalición, la concurrencia de los comicios federales y locales y la casilla única.
Estos elementos generaron una mayor complejidad al desincentivar el voto en bloque, dominar la integración de las coaliciones -federales y locales- para sufragar, conocer las variantes de voto válido por cargo y por tipo de coalición, y mayor duración en el cómputo y escrutinio de casilla.
Las conexiones entre elementos produjeron diversos escenarios que embrollaron la función electoral de los comicios de 2018, puesto que propiciaron el surgimiento de los siguientes contextos:
El inconveniente ha sido resuelto categóricamente por los electores, al emitir un voto sencillo, es decir, la ciudadanía votó por un solo partido coaligado, en lugar de sufragar por una combinación de dos o tres fuerzas. Votar simple es una de las enseñanzas de las elecciones de 2018: el 96.70 % de los votos fueron emitidos a favor de un solo partido y el 03.30 % expresados por dos o tres fuerzas coaligadas:
La tendencia del voto simple data de las elecciones de 2009; desde ese entonces se ha constituido una tendencia de votación sencilla que debe ser considerada como una solución para resolver la singularidad del sufragio:
El legislador debe atender al llamado histórico de la ciudadanía para otorgar mayor certeza y claridad para la emisión del voto. El voto sencillo simplificaría las labores de clasificación, sumatoria y registro de votos; eliminaría elementos en el acta de escrutinio y cómputo; reduciría el tiempo invertido por los CAE para impartir la capacitación a los funcionarios de casilla, y bajaría el costo de los materiales utilizados en la casilla y en la capacitación.
* César Hernández González (@ZezarHG) es asesor de la presidencia del Instituto Nacional Electoral.