Volver al futuro

Redacción Animal Político · 29 de julio de 2025

Carl Sagan me hizo soñar con vida en otros planetas. La idea del Voyager navegando en el espacio con un par de discos que en 130 minutos de música y 150 imágenes son una carta de la humanidad al infinito me generó en su momento no solo emoción: esperanza.

Antes de Sagan y el Voyager, fueron series como Viajeros en el Tiempo (Quantum Leap) o Los Halcones Galácticos (Silverhawks). De nada. No es necesario agradecer si al leer esto ya entonas la canción que marcó muchas infancias de quienes nacimos en los 80 del siglo pasado.

Antes, durante y después de eso viven y han vivido en las mentes de muchas personas sin pagar renta, gas, ni luz, personajes y momentos cortesía de Star Trek, Star Wars, Terminator y centenas de proyectos que llegaron a través de páginas de papel, digitales o pantallas.

Estaba bien soñar con el futuro. Bien, muy bien. Teletransportación, autos que vuelan, cyborgs y nuevas maneras de pensar. Michio Kakú y Donna Haraway me hicieron creer que sí, que hay por dónde y para dónde.

Vaya que el presente -o eso que llamamos presente- es rejego y poco generoso con la idea de futuro. No lo digo yo: lo sabemos porque nuestro planeta se está calentando a pasos agigantados; porque Trump apareció, hizo lo suyo y regresó más naranja que nunca. Lo sabemos porque somos esa especie que escupe concreto y engulle selvas. Sumemos a ello nuestra adicción al azúcar, las drogas, el petróleo, las pantallas y casi todo lo que genera dopamina ipsofacto.

¿En qué momento llegamos a esto? No hay autos que vuelan aún, pero hay ansiedad y amsiedad. Como nos enseñó bien Cheems, el perrito meme.

Leo a Graham Lee y golpea en la nostalgia que tengo de ese futuro que me hizo admirar por mucho tiempo a quienes se nombraban futurólogos. Leo a Graham Lee y quiero enojarme con el mundo que hemos construido y nuestra mala relación con la tecnología. “Sigamos siendo humanos” (Graham Lee, Planeta, 2025) es una gran idea: una guía para recuperar las 12 habilidades esenciales que estamos perdiendo por nuestra manera de consumir tecnología, que no impulsa necesariamente nuestras capacidades. Porque desde que aprendimos a usar Google Maps o Waze olvidamos más fácilmente los nombres de las calles. Porque un artículo en el New Yorker escrito por Hua Hsu nos alerta: ¿Qué pasa luego de que la IA destruya la escritura universitaria? (What happens after A. I. destroys college writing?) Porque hay gente buscando consuelo en ChatGPT.

Y es que en este absurdum ad infinitum que construimos acelerando siempre desde que apareció el Internet, que suena más a reality show que a política y ha hecho a las Kardashians personajes históricos, nos urge recordar que hay esperanza.

La hay en vernos en persona y hablar del día. La hay en cocinar uno mismo lo que va a comer, vaya alquimia. La hay en llamar por teléfono para escuchar la voz de alguien. La hay en caminar por las mañanas mientras hablas con alguien o en soledad para estar con uno. La hay en el encuentro con el aburrimiento que nos aleja de las pantallas.

Parafraseando a Arthur C. Clarke, maestro futurólogo primigenio, “cualquier tecnología que sea lo suficientemente de avanzada es indistinguible a la magia”. Leo a Lee y a C. Clarke en ese artefacto de papel llamado libro y me acuerdo que -en efecto- hay magia en subrayar, en apuntar al pie de la página y en contarle a alguien que tal o cual frase te tiene volando hace días.

Y es que nos hemos acostumbrado tanto a esta satisfacción inmediata que, creo, hemos dejado de apostar por un mañana viable. Nada como hacer scroll down para no ver otra nota más que anuncia una especie menos o un nuevo lugar en el que hallaron microplásticos. ¿Cómo pensar que es posible un mundo mejor si todo suena a distopía? Vaya, si necesitamos que Graham Lee nos recuerde las ventajas que tiene aprender los teléfonos de quienes queremos de memoria.

¿Cómo? No lo sé. De menos se me ocurre que hablando más e imaginando otras posibilidades. Quizá no para 2050: empecemos con el domingo siguiente. Quizá preguntando más veces al vecino cómo va el día antes de aislarnos planetariamente con nuestros audífonos. En una de esas reuniendo el valor para salir con esos personajes a quienes solo leemos a través de un chat de WhatsApp.

Conviene pensar si volver al futuro es una posibilidad. A ese que nos hacia soñar y no a ese que nos confirma como la plaga más peligrosa que haya habitado la Tierra. Conviene imaginar causas futuras y presentes posibles.

Conviene pensar, vaya.

Posdata: la Tierra seguirá aquí cuando, como se dice en Internet, sólo Cher y las cucarachas existan.