blogeditor · 18 de agosto de 2017
Por: Sergio Leyva Ramírez (@LeyvaSergio)
En una serie de ensayos bajo el título La democracia ausente, el intelectual liberal mexicano Roger Bartra en 1986 le lanzó una provocación y una pista a la izquierda mexicana que vivía un proceso de unificación orgánica, pero que en el terreno político seguía basando su participación en formas ortodoxas de lucha: “No sólo de ideología vive el consenso”[1].
Hace un mes la dirigencia nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD) tomó una decisión trascendental en vísperas de la próxima elección presidencial del 2018 al aprobar la búsqueda de un Frente Amplio. Con esto el PRD dejó su melancólico monólogo de la unidad de la izquierda, pateada por AMLO y su partido morena, y abrió el diálogo político a buscar una coalición más amplia de partidos y actores, principalmente con Acción Nacional (PAN).
Más de uno hemos quedado sorprendidos con la reconversión de línea política de varios actores “antialiancistas”, responsables dentro del PRD, del resultado electoral en Coahuila y el Estado de México.
Tal parece ser que la confrontación de dos estrategias claramente diferenciadas al interior, desde 2016, culminó en un proceso de síntesis: Fragmentar el voto opositor sería posibilitar el margen electoral del fraude de Coahuila o el triunfo del Estado de México por parte del PRI; por el otro lado, construir una mayoría política donde el conjunto de fuerzas opositoras se vean representadas podría traer un triunfo democrático como en Nayarit.
No han faltado quienes desde la alcoba de su sectarismo arrojan tomates a la idea del Frente; tres hechos son importantes asomarles de la historia: el primero es que la tentación en el PRD de crear una gran coalición o Frente (izquierda y derecha) en México es tan añeja como el partido mismo. Segundo, que a pesar del largo camino de recriminaciones ha sido posible construir alianzas entre estas fuerza políticas desde 1991 hasta 2017. Y último, sin que ningún partido renuncie a sus doctrinas ni cercene sus posibilidades electorales futuras, un gobierno de coalición daría una solución a la crisis como en Alemania (1966) o Chile (1989).
Basta recordar que a finales de febrero de 1999, en el umbral de su tercer candidatura, Cuauhtémoc Cárdenas le propuso públicamente al PAN que la oposición en una gran alianza postulara para la elección del año 2000 a un candidato presidencial común de un Frente Opositor Único. El presidente del PRD era Andrés Manuel López Obrador, quien pidió a la derecha que “a pesar de los contrastes ideológicos – aceptara el Frente – y antepusiera la liquidación del régimen de partido de Estado”[2] (Obrador dixit).
Andrés Manuel, otrora un demócrata, declaró: “Si en unas primarias ganara Fox, votaría por él”[3]. Ambos parecían haber olvidado y perdonado su largo camino de recriminaciones al PAN: Cárdenas, la votación para la destrucción de la papelería electoral del fraude el 21 de diciembre de 1991, y Obrador, la creación del FOBAPROA el 12 diciembre de 1998.
Aquel Frente Opositor Único a contrapelo de ambos partidos avanzó en foros y trabajos para la construcción de la denominada “Agenda del Cambio Democrático”, conducidos por Dante Delgado, pero se desengarzó de su eslabón más débil: la candidatura y el método de selección. Mientras el PRD planteaba la celebración de primarias abiertas, pues Cárdenas confiaba en su capacidad de convocatoria en las urnas, el PAN proponía que la designación se diera a través de encuestas pues estas parecían favorecer a Fox.
El primer domingo de julio, hace 17 años, Vicente Fox ganó y Cuauhtémoc Cárdenas perdió (al hilo) su tercera elección. Naufragó aquel Frente Opositor Único, junto a él la transición democrática; el PRI no tardó más de dos sexenios en recuperar el poder en México y de buscar la vuelta en U.
Estamos en época de definiciones, en aproximadamente tres meses cerrará el tiempo de registro de coaliciones ante el INE para el proceso electoral 2018. Si las encuestas no mienten el primero de julio del próximo año podríamos votar una mayoría política capaz de obtener un triunfo electoral con el objetivo de desmontar el viejo estado autoritario y de excesos.
Conviene en esta ocasión que las dirigencias tanto del PAN y del PRD se apliquen una vacuna contra los vetos y el narcisismo de sus precandidatos. De lograrse, para alguno significará que tendrá que encabezarlo una fuerza partidaria distinta. Creo yo debería ser la o el mejor posicionado en las encuestas. No es en la candidatura presidencial donde se agota el Frente sino en el horizonte de acuerdos democráticos para el futuro del país, pensemos en tres mínimos: acabar con el régimen de privilegios y corrupción, pacificar al país y una sociedad de derechos plenos.
Como en el pasado, todo dependerá si formas ortodoxas minen esa posibilidad, o por un interés general sea ahora el consenso el que sobreviva y se imponga a actores, intereses y vallas ideológicas.
* Sergio Leyva Ramírez, Secretario Nacional de Jóvenes del PRD.
[1] Bartra, Roger (1986); La democracia ausente: México, D.F. , Ed. Grijalbo.
[2] Proceso, 7 de marzo de 1999, p. 10
[3] Ibídem, p. 1