blogeditor · 8 de junio de 2020
El océano está a un aliento de distancia. Esto no lo digo solamente para evocar un sentimiento de paz en medio de la incertidumbre que estamos viviendo a raíz de la pandemia de COVID-19, sino en un sentido literal. Cada vez que inhalamos, 70% del oxígeno que llega a nuestros pulmones proviene del mar. En otras palabras, dependemos del océano mucho más de lo que creemos, pues no sólo está presente en todas y cada una de nuestras respiraciones, sino en todas las funciones vitales de nuestro planeta. Por eso, no exagero cuando digo que voltear al mar en este momento se vuelve vital y necesario.
El océano ayuda a regular la temperatura del planeta, lo que hace posible el desarrollo de la vida como la conocemos. También ayuda a regular ciclos vitales, como el ciclo del agua y del carbono; de hecho son fundamentales para mitigar el cambios climático, pues son un almacén mundial de dióxido de carbono. Dicho de otro modo, el océano es el sistema que da sustento a la vida en nuestro planeta.
Desde un punto de vista socioeconómico, millones de personas dependen del océano como fuente de empleo y alimento. A nivel global, aproximadamente una de cada dos personas obtiene su principal fuente de proteína de productos del mar, mientras que 350 millones de empleos están vinculados al océano, ya sea a través de la pesca, el turismo, o el sector energético, por mencionar los más importantes. No obstante, pocas veces somos conscientes de todo lo que aporta a nuestra vida, desde el aire que respiramos, hasta el alimento que nos provee.
Hoy que celebramos el Día Mundial del Océano, y a la luz de algunos de los desafíos que como país enfrentamos ante la pandemia de COVID-19, quiero recordar la estrecha relación que guardan los océanos con nuestras vidas y proponer dos soluciones para proteger su salud y la nuestra, incluso para quienes vivimos lejos de la costa: consumir más pescados y mariscos mexicanos, y ejercitar el músculo del consumo informado y responsable.
Voltear al mar para mejorar nuestra salud
La pandemia ha evidenciado la importancia de garantizar que la salud y la buena alimentación sean verdaderamente un derecho -y no un privilegio- para todos los mexicanos. Llevar una buena alimentación es fundamental para mantenernos sanos. Sin embargo, en México 70% de la población adulta padece de sobrepeso u obesidad, lo que incrementa el riesgo de padecer enfermedades como diabetes, padecimientos cardiovasculares, hipertensión, enfermedad cerebrovascular y cáncer. Paralelamente, el 23% de los mexicanos vive en pobreza alimentaria y el 12.5% vive con desnutrición crónica, generando deficiencias en su desarrollo físico y cognitivo. Una manera de ayudar a mejorar tanto la alimentación, como la salud en nuestro país, es voltear hacia el mar y promover el consumo de pescados y mariscos mexicanos.
El pescado es un alimento de gran valor nutricional. Es la proteína animal más saludable que existe, posee un alto contenido proteínico, grasas saludables (como omega 3 y ácidos grasos), nutrientes indispensables para el desarrollo (como vitamina D, que ayuda a la fijación de calcio y formación de musculatura) y minerales que ayudan a fortalecer el sistema inmune (como el Zinc), entre otros.
Fomentar el consumo de pescados y mariscos nos ayudará a mejorar nuestra alimentación y avanzar hacia la soberanía y la seguridad alimentaria. Al mismo tiempo, optar por productos nacionales significa apoyar a más de 2 millones de familias que dependen directa o indirectamente de la pesca para subsistir y cuyo bienestar se ha puesto en riesgo tras el coronavirus.
Voltear al mar para cuidar al océano y a quienes dependen de él
En México, 42% de los municipios costeros son zonas de alta y muy alta marginación. El cierre de mercados nacionales e internacionales de productos del mar y la disminución de la actividad turística como consecuencia de la crisis de COVID-19 han exacerbado está situación. Como consumidores podemos apoyar a revertirla si volteamos al mar y elegimos pescados y mariscos mexicanos, sobre todo aquellos que provienen de comunidades comprometidas con la sustentabilidad y el cuidado de nuestros océanos.
En nuestro país, existen muchas comunidades pesqueras que han mejorado sus prácticas de pesca y operan con una visión de sustentabilidad, ayudando así a conservar la vida marina y mejorar su economía y su calidad de vida. Ejemplos hay muchos y de costa a costa, desde Baja California, hasta Yucatán. Apoyarles es también cuidar al océano y, por lo tanto, cuidarnos.
Por eso, si aún no decides qué comer el día de hoy, voltea al mar. Opta por pescados y mariscos mexicanos. Infórmate o pregunta sobre su origen -de dónde viene, quién lo pescó, cómo lo pescó, si tiene o no una eco-certificación-. Considera a todas las personas que están detrás de los productos que llevas a tu mesa, desde pescadores y trabajadores en plantas procesadoras, hasta transportistas y comercializadores. Elige responsablemente. Date un respiro, llénate de mar, y recuerda que cuidar al océano es cuidar la vida misma.
* Laura Rodríguez Harker es Vicepresidenta para América Latina y el Caribe del Programa de Océanos de Environmental Defense Fund.