Visa mexicana para Fidel

blogeditor · 7 de julio de 2015

Visa mexicana para Fidel

Luego de su heroica gestión en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, en donde salvó numerosas vidas emitiendo visas mexicanas aún a costa de su propia seguridad, y una vez completada la misión diplomática que lo llevó después a Portugal, Finlandia y Suecia, Gilberto Bosques volvería a La Habana.

Había estado allí justo después de unirse a la rebelión de Adolfo de la Huerta contra el gobierno de Álvaro Obregón y su candidato a la Presidencia, Plutarco Elías Calles. En Cuba gobernaba “el Chino”, el aristócrata de origen asiático y convicciones liberales Alfredo Zayas y Alfonso, que peleó en la Guerra de Independencia contra España y que luchaba ahora contra la Enmienda Platt. Bosques traba amistad con los líderes del movimiento obrero y los integrantes de la “Protesta de los 13” y obtiene de un grupo relevante del gobierno de Zayas un barco con material de guerra para organizar la revuelta en Yucatán. Una vez que Calles llega a la Presidencia de la República, Bosques se exilia en Cuba por un breve periodo.

No cabía duda, por lo tanto, que el nombramiento de Bosques como Embajador en Cuba a partir de 1953, después de un año de que el puesto estuviera vacante, obedecía mucho más a sus grandes habilidades políticas en tiempos especialmente convulsos que a una afinidad con el régimen de Fulgencio Batista, quien algunos meses atrás había depuesto al presidente Prío Socarrás mediante un golpe de estado. Sólo así se entiende que justo el día del asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, el secretario de Relaciones Exteriores de México, Luis Padilla Nervo, le enviara un telegrama a Estocolmo confirmándole el nombramiento. Como era de esperarse, el gobierno cubano otorgó su beneplácito más bien de manera renuente.

“Vea usted como tratar a este tiranuelo”, fue la última instrucción del presidente Adolfo Ruiz Cortines antes de su viaje. El estado de fermentación revolucionaria de Cuba era a tal grado delicado que aún el tema central del primer discurso de Bosques en suelo cubano, sobre la alegada afinidad entre las luchas de José Martí y Miguel Hidalgo a propósito de los centenarios coincidentes de ambos, levantó cejas entre la elite golpista.

[contextly_sidebar id=”cXxsXgACGDjuEMTufVYV9WmMXZnyxi9g”]En realidad, como ha señalado Rafael Rojas, la intención de Ruiz Cortines era mantener la peculiar política mexicana hacia Cuba, cuya característica esencial era la dualidad de México como Revolución inspiradora de movimientos nacionalistas, agrarios y antidictatoriales en el Caribe y, a la vez, como gobierno diplomáticamente relacionado con dictaduras de la región, país de asilo para revolucionarios exiliados y, a la vez, interlocutor de autoritarismos caribeños respaldados por Estados Unidos.[i] Bosques era, en ese sentido, el personaje ideal en función de su experiencia con regímenes totalitarios, su conocimiento vasto en materia de asilo y, muy importante, como quien garantizaría “la imagen revolucionaria de México dentro del panorama latinoamericano”.[ii]

Una de las primeras acciones de la gestión de Bosques al frente de la Embajada, a la que llegó formalmente el 23 de noviembre de 1953, fue precisamente asilar a participantes del asalto al cuartel Moncada. Esto confirmó las sospechas del régimen cubano de que Bosques se identificaba plenamente con los objetivos del grupo que con el nombre de Legión del Caribe, marcó la pauta de la lucha contra las dictaduras del momento.

De acuerdo con su propio testimonio, mientras la persecución contra los opositores políticos a Batista se recrudecía, Bosques decidía sobre cada solicitud de asilo con la mayor prontitud posible, frecuentemente sin consultar a México. Su política dio refugio lo mismo a comunistas que a liberales y eso produjo crecientes presiones de parte del gobierno de Batista para demandar la cárcel, la expulsión o el regreso a Cuba de distintos grupos de la diáspora cubana en México.[iii] El propio agregado militar de la Embajada de Cuba en México habría participado, de acuerdo con el propio Bosques, en el secuestro al hijo de Fidel Castro en México. [iv] Fidel se encontraba en aquel entonces cumpliendo una larga y dura sentencia luego de ser juzgado por su participación en el asalto al cuartel Moncada en la prisión de la Isla de Pinos, la misma que Zayas y Alfonso consiguió que regresara a la soberanía cubana. La entrada en vigor de una ley de amnistía en mayo de 1955 lo puso en libertad.

Ya en La Habana, Bosques refiere que lo visitó varias veces en la Embajada Mexicana. Para entonces México ya era sede del Club de exiliados José Martí, fundado en 1954, sobre el que Castro tenía una ascendencia innegable. Durante las conversaciones, Castro narraba sus audaces planes de revolución mientras Bosques le advertía de la información confidencial que circulaba sobre la supuesta preparación de atentados en su contra. “Sabemos que se prepara un complot para matar a Raúl Castro, sacar a usted de sus casillas –era conocido el temperamento de Fidel, quien siempre iba armado- y aprovechar la ocasión para matarlo. Yo creo que es urgente su salida del país. No espere usted. Le damos inmediatamente su visa para México”.[v] Castro, recuerda Lillian Liebermann en su documental, pide primero a Bosques otorgarle el asilo a su hermano. Bosques termina, en cambio, por convencerlo de que sea él quien llegue primero a México.

En efecto, el 7 de julio de 1955, hace exactamente sesenta años, Fidel llegó a Mérida y, algunas horas después, a Veracruz en un avión DC-6 de dos motores. Era un vuelo comercial tras el cual viajó en autobús hacia la ciudad de México para alojarse temporalmente en un pequeño departamento de la colonia Tabacalera.[vi] En México emitió sus Manifiestos revolucionarios y organizó con los sobrevivientes del Moncada el regreso a Cuba que terminaría con el triunfo de la Revolución. Sin la intervención de Gilberto Bosques, la llegada del Granma a Cuba podría no haber sucedido y el curso de la revolución cubana podría haber cambiado radicalmente. Con el triunfo de la Revolución, Bosques se convirtió en uno de los Embajadores extranjeros más cercanos a la nueva elite cubana. Fue un entusiasta impulsor de las primeras reformas parcialmente inspiradas en el cardenismo y un hombre genuinamente preocupado por la consolidación en Cuba del ideal revolucionario que él creía tan cercano a la experiencia mexicana.

A tal grado llegaría esta relación de amistad y confianza mutua que en la víspera de uno de los momentos más álgidos del periodo conocido como Guerra Fría, la crisis de los misiles de 1962, se especuló que Fidel Castro había solicitado nuevamente asilo a la Embajada Mexicana con su amigo el Embajador Bosques.[vii] Luego de su separación de la Embajada de México en 1964, Bosques abandonaría para siempre la actividad diplomática. Los ideales revolucionarios, bajo el gobierno de Díaz Ordaz, dejarían definitivamente de orientar la política de México en Cuba. El nuevo Embajador era el general Fernando Pamanes Escobedo a quien desde el principio de su gestión la prensa estadounidense atribuyó el proyecto de “corregir el rumbo”. [viii]

 

 

* Arturo Magaña Duplancher (@Duplancher) es internacionalista por el Colegio de México con maestría en la misma disciplina por la Universidad de Leiden, Países Bajos. Desde 2003 se ha desempeñado en ambas Cámaras del Congreso como asesor, investigador, analista en materias vinculadas a la política exterior de México, historia diplomática, derecho internacional y diplomacia parlamentaria así como Secretario Técnico de distintas Comisiones legislativas especializadas en temas internacionales. Se desempeñó también como Director de Investigación del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques del Senado de la República. Es miembro asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y obtuvo el premio Genaro Estrada de la Secretaría de Relaciones Exteriores a la mejor tesis en historia de las relaciones internacionales de México en 2007.

 

 

 

[i] Rafael Rojas, “México y las dictaduras caribeñas (1934-1959)”, Istor. Revista de Historia Internacional, núm 39, año X, 2009 , pp 136-137.

[ii] Enrique Camacho Navarro, Un nacionalista mexicano y su postura antiimperialista: Gilberto Bosques en Cuba (1953-1964)., en Agustín Sánchez Andrés et al, Artífices y Operadores de la Diplomacia Mexicana: siglos XIX y XX., México, Porrúa-UNAM-CCyDEL, UMSHN, 2004, p. 455.

[iii] Véase el intercambio epistolar entre Bosques y el entonces canciller Luis Padilla Nervo, Archivo Histórico Genaro Estrada, Expediente personal de Gilberto Bosques, tomo III, foja 1, 17 de julio de 1956,.

[iv] Graciela de Garay, Gilberto Bosques: el oficio del gran negociador, Historia Oral de la Diplomacia Mexicana, México, Secretaría de Relaciones Exteriores- Instituto Matías Romero, segunda edición, 2006, p. 118.

[v] Ibid., p. 120.

[vi] Werner Altmann, Mexico e Cuba: revoluçäo, nacionalismo e política externa, Rio Grande del Sur, Unisinos, 2001, p. 49.

[vii] The New York Times, “Envoy denies rumor Castro got asylum”, 23 de febrero de 1962, p, 9.

[viii] Los Angeles Times, “Mexico´s New Envoy to Cuba cool to Castro”, 1 de abril de 1965, p. 21.