Virus: ¿partícula de Dios o ignorancia científica?

blogeditor · 31 de marzo de 2020

Virus: ¿partícula de Dios o ignorancia científica?

Las escenas de templos vacíos de todas las religiones en todo el mundo son desalentadoras porque es ahora cuando las comunidades de creyentes anhelan verse los rostros y escuchar las voces de los demás para compartir el peso de penas, aligerar la carga y hacer espacio para posibles alegrías. El alivio espiritual era creer en algo más, y el alivio físico era pertenecer a algo más. Todo lo que por miles de años habíamos practicado dentro de nuestros sistemas de creencias, lo rendimos en un instante.

En cuestión de días, las religiones de todo el mundo aprendieron a ser virtuales. Templos que nunca tuvieron una cámara transmiten sus servicios en vivo. Las comunidades religiosas mantienen el espíritu de esperanza al ver las caras de sus creyentes y líderes en píxeles. Entonces… ¿Dónde realmente reside Dios… en los templos o en el corazón? ¿Cuál es el fin de un ritual… bautizo o funeral? ¿Cuál es el propósito de reunirse para orar? ¿Cómo se puede absolver a las personas por WhatsApp, Zoom o Skype?

La tecnología es una solución para algunas personas dentro de los organismos religiosos, pero muchas otras creyentes, en muchas partes del mundo, no pueden acceder al internet. Las personas físicas viven y mueren en sus células sociales, en sus comunidades, no en las redes sociales.

La pérdida de una comunidad física en tiempos de duelo desgastará espiritualmente a la humanidad en general, añadiendo a la pérdida de vidas, la pérdida del contacto y consuelo humano.

Ante el encierro prolongado de un estimado de cinco mil millones de personas, ¿cómo se prepararán los humanos para contemplar y superar el miedo a lo desconocido sin el acceso a las tradiciones milenarias de su religión?

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En el mundo viviente, la unidad fundamental es la célula. Todos los procesos de la vida ocurren dentro de ella. Una célula puede definirse como el estándar de actividad biológica, limitada por una membrana, y capaz de reproducirse independientemente de otro sistema. Por lo tanto, todo organismo con vida (humana, animal, vegetal, hongos y bacterial) están formados por células.

Los virus, más pequeños que las bacterias, tienen solo una capa de proteína que cubre un fragmento genético de ARN o ADN. Aunque en ese fragmento existe toda la información para existir, la información que necesita el virus para reproducirse no está. Por eso deben ingresar a una célula viva y hackear sus sistemas de reproducción. Debido a que los virus dependen de otros sistemas para reproducirse, la ciencia aún no concluye si están vivos o no. Científicamente, la mera definición de la vida y la no-vida se encuentra en el misterio de lo viral.

¿Son espíritus malignos, invasores del espacio o el límite de lo científico?

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Uno de los desafíos en los esfuerzos para combatir la propagación de COVID-19 es la actitud de comunidades religiosas y sus líderes. Aunque los gobiernos han pedido a sus pueblos que se confinen a sus hogares y eviten las multitudes, algunos grupos religiosos se niegan a cooperar.

La cosmología de todas las religiones dice: todo sucede por la voluntad de deidades, y Él, o Ellas, lo ha previsto todo. La vida y la muerte son parte de un destino que no se debe temer. Es más, se debe de acoger y aceptar, dice. El temor a seres supremos objeto de adoración siempre debe destacar sobre cualquier otro miedo, incluida la muerte, incluido el COVID-19.

¿Cómo puede una sociedad contrarrestar el poder abstracto de sus propias creencias ante una calamidad de conocimiento científico? ¿Cómo se puede explicar la ciencia a personas cuya educación y cosmología no la consideran?

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Todos los sistemas de creencia por naturaleza son plurales, variados y generalmente informados por la identidad geográfica de la que se proviene. Las creencias nunca están separadas de los otros aspectos de la vida. Por eso, las formas y cosas en las que creemos nunca pueden realmente ser independientes de los conceptos bajos los cuales construimos instituciones, ya que informan y alimentan organismos sociales que reproducen nuestras mismas creencias en la política, arte, matrimonio, sanidad, mercado, dieta, atuendo, economía y funerales.

Esto no quiere decir que la religión represente una forma de teocracia subyacente o totalitarismo mental. Para nada. La religión simplemente reconoce que las creencias y prácticas tocan e informan todas las facetas de la vida humana y, por lo tanto, no pueden separarse de lo cotidiano o mundano, porque sin ellas no se pueden reproducir. De esta manera, las religiones, creencias o espiritualidades son verdaderamente holísticas, dando paso a imaginar que alguien como Marx, de vivir en tiempos de COVID-19, escribiría que la religión es el virus de las masas porque se infiltra a todos los mecanismos institucionales y reproduce sus creencias.

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La enfermedad, en la cosmovisión de muchos pueblos y creencias, no simboliza solo un desequilibrio del cuerpo, sino también un desequilibrio en la vida social. Un malestar puede estar relacionado con un castigo kármico que provoca colapso físico o fracturas de relaciones personal o fracasos en el porvenir.

En la situación del COVID-19, es muy probable que la falta de comprensión de la epidemia y la falta de experiencia entre los trabajadores de la salud y la poblacion entera para prevenir la propagación, limite todas nuestras capacidades de respuesta.

Si la Religión encontró cómo paliar espiritualmente la agonía de enfermedades, la ciencia descubrió como prevenirlas. Pero explicar ciencia, y elevarla como un absoluto, no es suficiente para que la comunidad humana sujeta a supersticiones o creencias lo entienda. Y menos a poblaciones cuya única forma de ver el mundo es a través de su religión. Su sistema de creencias y las herramientas que tienen para entender el mundo científico no son las mismas que las de una cientóloga danesa, un judío en Cuba, o un matemático musulmán. Y aun así, cuando se les ha intentado explicar científicamente la epidemia, ¿por qué va a cambiar sus hábitos solo porque “expertos” lo dicen? ¿Puede la Ciencia hablar el lenguaje de cualquier Religión?

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Es normal que las mentes humanas se resistan a nueva información, especialmente cuando contradice un conjunto establecido de creencias y ritos que posan un riesgo directo a la salud de la población local y regional.

La mejor parte de las religiones humanas nos enseña que no necesariamente debemos considerar la enfermedad como nuestro enemigo. Más bien, podemos verla como un mecanismo para limpiar, purificar y equilibrar nuestros planos físicos, emocionales, mentales y espirituales.

La peor parte de la religión humana nos dice que el enemigo son los valores que están fuera del credo. Y nos dirá que el COVID-19 es el mecanismo a través del cual la Tierra y nuestra sociedad serán purificadas para castigar a aquellas que promueven y practican la diversidad sexual, el aborto, la eutanasia, el materialismo y demás contradicciones al credo adscrito.

La arrogancia de la ciencia, y también de la religión, es lo que provoca catástrofes. Irónicamente, aunque sus métodos difieran, ambas parten del mismo precepto: “nunca sabremos Todo”. De ahí ambas buscan conciliar nuestra ignorancia (con la voluntad de Dios o con evidencia empírica), a la vez que alaban nuestra pequeña existencia en la inmensidad de un vacío que no da tregua.

La vida, como una congregación de células, solo existe en este planeta. La ciencia y la religión lo confirman. Pero ¿qué hay del virus?: la ciencia duda su confirmación. ¿Y la religión? Apenas empieza.

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Creyentes no olvidarán fácilmente que son verdaderamente parte de una Deidad eterna. La Religión les recuerda una y otra vez: no tengas miedo. Pero la gente tiene miedo. Fieles de todo el mundo están buscando respuestas en un momento en que no existen respuestas.

Arabia Saudita prohibió la peregrinación de la Umrah. Irán canceló las oraciones de los viernes. Singapur instó a su gente traer sus propios tapetes a las mezquitas. En el Vaticano, un hombre solitario, vestido de blanco, le habló a nadie y millones escucharon. En Israel, las sinagogas aplazan las ceremonias hasta “nuevo aviso”. En Irlanda, los cementerios han sido cerrados y los procesos funerarios se realizan con prontitud.

La naturaleza altamente contagiosa del virus ha dejado a muchas religiones lidiando con cuestiones de obligación y fe. ¿Cómo se ayuda a los enfermos cuando puede significar poner en peligro la vida de los sanos?

Cada generación tiene su desafío apocalíptico: la bomba nuclear, el susto del SIDA, la gripe porcina, la crisis de los misiles cubanos: siempre ha habido algo catastrófico que amenaza a cada generación. Y para las religiones, lo mejor que se puede hacer para combatir el pánico y el colapso es tranquilizar a sus creyentes a través de congregaciones masivas, y confirmarles que su destino está en esas deidades eternas que alaban en colectivo.

¿Qué hacer cuando el temor a Dios es mayor que el temor a una enfermedad? ¿Quién quiere ser héroe/heroína durante una pandemia? ¿Qué harían Jesús, Mahoma, Teresa, Confucio, Buda, Abraham, John Smith y Shiva? Es un gran cambio de paradigma.

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La fuerte tradición cultural y religiosa de México de celebraciones comunales constituyen factores sociales y de comportamiento importantes que plantean serios desafíos para contener la propagación del virus. Las oraciones congregacionales, las peregrinaciones, los servicios religiosos y las reuniones masivas entre diferentes comunidades pueden exponer aún más a la poblacion vulnerable del país al virus letal.

Si bien no hay duda de que la infraestructura de salud a nivel mundial es inadecuada y necesita mejoras considerables, entonces el verdadero éxito de enfrentar una crisis de salud de esta magnitud y escala depende en gran medida de enfrentar otros factores socioculturales que van más allá de la infraestructura física de los centros de salud, dispensarios, hospitales, etc.

Más allá del extenso aparato de salud pública, las prácticas sociales religiosas, las actitudes y el comportamiento de creyentes son factores que tienen una gran influencia en la reacción social y por ende la propagación o contención del virus. La forma en que creemos y lo que creemos requieren una atención considerable en la formulación de medidas políticas para abordar la crisis.

La promoción de cambios sociales y de comportamiento a través de la comunicación creativa y educativa debe emplearse como una estrategia para aumentar la conciencia de medidas sanitarias preventivas, como la cuarentena en el hogar y el distanciamiento social. Esto dentro del marco amplio de la estrategia de comunicación de salud para combatir el virus. La estrategia debe emplear medios de comunicación, actividades a nivel comunitario, comunicación interpersonal, TICs y la inteligencia artificial para llevar el mensaje de salud, cultura y educación, y que el mensaje se quede, a todas las personas en todas las comunidades para prevenir este y siguientes esparcimientos. Promoviendo programas culturales y educativos basados en la evidencia, y difundidos a través de las comunidades religiosas o seculares, pueden ayudar a mejorar el conocimiento de actitudes y comportamientos públicos, no solo para prevenir la propagación del virus físico, sino también la propagación del virus digital de la desinformación.

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COVID-19 está aquí para quedarse en el mundo de los vivos. Por eso, a lucha contra ese virus requiere esencialmente un enfoque holístico que integre los aspectos infraestructurales, sociales, conductuales y psicológicos. Así, a la par que se combate, se comienza la construcción del nuevo mundo, entre dioses y virus. Tal vez, ante todo esto, concluyamos que la religión es la mejor excusa para contar cuentos y la ciencia el mejor trabajo para contemplar la vida.

* Nemer Naime es escritor y sociólogo que ha destinado su creatividad a desarrollar y liderar estrategias de comunicación y promoción de la salud a través de la cultura y la educación en la frontera México-Estados Unidos, África Subsahariana y México. Tipazo.