Violencias, la barrera del Estado y la acción social

blogeditor · 8 de marzo de 2021

Violencias, la barrera del Estado y la acción social

Cunden el miedo, el dolor, la desesperación, la frustración y el hartazgo social ante las violencias. No hay conversatorio en el que me toque participar donde no fluya alguno o varios de estos sentires y parece que más y más gente se instala en la resignación.

Mucha gente prefiere no contarse la historia que tiene enfrente: si la razón de la existencia del Estado es protegernos, entonces el Estado, en estricto sentido, no está -es para otro espacio la discusión si alguna vez estuvo-. Nos provoca incluso más temor del que ya tenemos reconocer semejante confirmación, así que para muchas personas lo mejor es mirar a otro lado.

Solo que mientras la inmensa mayoría mira hacia otro lado, todo tipo de violencias evolucionan, se agudizan, profundizan y, lo peor, parecen normalizarse.

A la vez, se acentúa una contradicción que muy pocas personas refieren. La reproducción de las violencias es acompañada de dos procesos exactamente opuestos; por un lado, el Estado se niega a descifrarlas a profundidad, pero, por el otro, la sociedad civil organizada, la academia, el periodismo y comunidades de base de la mayor diversidad vienen produciendo interpretaciones cada vez más sólidas, mejor informadas, con más evidencia empírica de soporte y sujetas a ejercicios de análisis más y más profundos.

¿Hasta dónde se puede estirar tal despropósito, colocándose a la zaga el Estado, frente a los saberes que producen los actores independientes? Imposible saberlo. Lo que parece claro es que debemos distinguir cuándo las instituciones públicas prefieren evadir e incluso esconder las violencias porque ellas mismas están implicadas en su reproducción, frente a otra posibilidad que es cuando el aparato público no tiene las competencias para siquiera imaginar otra manera de interpretar e intervenir las propias violencias.

Las elecciones de 2021 apenas empiezan y los homicidios violentos al parecer asociados a ellas ya se cuentan por decenas; matar a otra persona por motivos políticos, como hacerlo intencionalmente por cualquier motivo, encuentra en todo caso un contexto de noventa por ciento de impunidad promedio nacional, como nos ha informado la organización Impunidad Cero.

El Estado mexicano está a mi parecer completamente extraviado frente a las violencias, si de la promesa formal de reducirlas hablamos -es en otro lado la discusión sobre si en realidad funciona el Estado para cumplir esa promesa-. Confirmar que no existen medidas exitosas de reducción de las violencias es grave, pero es peor comprobar que, cuando sí las hay, la tenaz manipulación política tiende a destruirlas, incluso cuando han sido reconocidas por la sociedad civil y la academia.

¿Cómo capitalizamos el saber independiente creciente en torno a las violencias, a través de la acción social? ¿Qué hacemos con los saberes y las competencias que han venido desarrollando la sociedad civil organizada, la academia, el periodismo y las comunidades de base, colocados a veces muy por delante de la narrativa oficial? ¿Cómo organizar la acción social, de tal manera que trascienda la barrera del Estado?

La sociedad debe responderse estas preguntas, más allá de las instituciones públicas, a pesar de ellas, por encima de ellas y, si de vez en cuando se puede, con ellas.

La otra es decidir que lo mejor es seguir esperando el tren que no va a llegar de las reformas democráticas de las políticas asociadas a la reducción de las violencias.

Ustedes dirán.

@ErnestoLPV