Redacción Animal Político · 11 de mayo de 2024
Por largo tiempo, la discriminación racial fue tolerada y propiciada ante el retraso en el establecimiento de normas e instituciones específicas de combate a estas prácticas, así como la protección a las víctimas, pues fue hasta la reforma constitucional del 2001 en materia de derechos y cultura indígena que se establece la cláusula que prohíbe la discriminación por origen étnico y nacional. Es hasta 2003 cuando se promulga la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, para la posterior armonización en las entidades federativas.
A pesar de este marco normativo, el esfuerzo de prevención para generar cambios culturales, es decir, propiciar la sensibilización de la sociedad para modificar sus creencias, actitudes y comportamientos hacia las personas indígenas y afromexicanas aún presenta escasos resultados. Las distinciones contra la población afromexicana basadas en su tono de piel, origen étnico y nacional se hacen día a día, como si estas diferencias constituyeran una ofensa o amenaza, al tiempo que otorgaran minusvalía a una persona.
En México la discriminación racial ha adquirido múltiples formas y resulta preocupante que en diversos espacios se lleve a cabo, como en el ámbito de convivencia escolar. En tiempos recientes, ocurrieron tres casos de bullying o acoso racista entre adolescentes que derivaron en actos graves de violencia física, como el de Juan Zamorano, de 14 años y origen otomí, a quien sus compañeros de clase molestaban por ser indígena, constantemente hostigaban por hablar y comunicarse en su lengua materna, hasta el grado de que le rociaron alcohol y luego le prendieron fuego, causándole quemaduras graves. Otro caso es el de Norma Lizbeth de 14 años, quien perdió la vida en 2023, tras ser brutalmente golpeada por una de sus compañeras de clase, ante los ojos de otros alumnos. Ella era molestada por su tono de piel y ante la impotencia de no ver fin a las agresiones verbales y físicas, acudió en defensa, a una pelea concertada por su agresora.
Santiago Zayas fue agredido con un cuchillo afuera de su casa por un compañero de la preparatoria de la Universidad de América Latina de Puebla. En varias ocasiones Santiago fue amenazado debido al tono o color de su piel, su ascendencia cubana y por ser afrodescendiente. Ante la indignación que provocó este caso, colectivos, organizaciones, activistas y personas aliadas del movimiento afromexicano nos congregamos para acuerpar la exigencia de justicia en favor de Santiago y su familia. En una productiva reunión en la que nos acompañó el abogado colombiano y defensor de derechos humanos Alí Bantú Ashanti, quien desde su experiencia en los casos que ha conducido a través del Colectivo Justicia Racial nos fijó su postura respecto a este flagelo y expresó su solidaridad con el joven agredido.
A pesar de que en los casos de Juan Zamorano y Norma Lizbeth ya existe una sentencia en contra de sus respectivos agresores, el caso de Santiago se mantiene en la impunidad, pues no sólo no se ha logrado aprehender a su agresor, sino que tampoco es investigado como un crimen de discriminación racial. Él y su madre han afrontado una cruzada en busca de justicia ante unas autoridades que les han obstaculizado el acceso a una justicia satisfactoria y reparativa.
La responsabilidad en la prevención y combate de la discriminación racial incumbe a todas las personas. En el acceso a la justicia, esto implica acciones contundentes como medidas de reparación con Fiscalías que cuenten con una vocación transformadora, de tal forma que sea no sólo restitutiva sino también correctiva, pues el racismo tiene serias consecuencias físicas y psicológicas en la vida de las personas. Estas acciones deben extenderse a todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo el escolar, donde una de las tareas primordiales del personal escolar debería ser la detección oportuna de los casos de bullying racista y la creación de un protocolo de atención a víctimas, para evitar que estos terminen en violencia extrema, feminicidio, homicidios o un delito de odio racial.
Es esencial que los medios de comunicación asuman su responsabilidad en la promoción de la igualdad y la inclusión. La adopción de lenguaje inclusivo, libre de estereotipos y de discurso de odio, es fundamental en el propósito de informar, transmitir y entretener. Esto no solo contribuirá a una representación más equitativa y precisa de todas las comunidades en la sociedad, sino que también ayudará a combatir la discriminación racial en todas sus formas.
La discriminación racial no debe minimizarse; sus manifestaciones no constituyen hechos aislados, pues son producto de la existencia arraigada de estereotipos, estigmas y prejuicios, y los casos que ocurran requieren que se les dé seguimiento. La violencia no soluciona el problema de discriminación racial. Acudamos a los mecanismos institucionales y a las organizaciones. De la misma manera, el aislamiento tampoco constituye la salida, necesitamos tejer redes de solidaridad para acompañarnos en la exigibilidad de nuestros derechos y de un trato digno.

* Celeste Sánchez Sugía (@maria_celestess) es afromexicana y directora de Afrodescendencias en México, Investigación e Incidencia (@afrodes_mx), colectivo interdisciplinario interesado en contribuir en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y libre de racismo.