Redacción Animal Político · 9 de octubre de 2023
Parir en medio de regaños y fiscalización de la sexualidad deja huellas. Además de las consecuencias que a nivel físico generan los múltiples tactos, la episiotomía y la presión en el vientre, la violencia obstétrica tiene un fuerte impacto en la salud mental de las mujeres y personas gestantes.
Según datos de la ENDIREH 2021, los gritos, la indiferencia y las frases humillantes o denigrantes suelen ser algunas de las respuestas para quienes se quejan de dolor, quieren saber cómo evoluciona su parto o intentan buscar una postura que aminore el traqueteo de las contracciones.
“¿Así gritaba cuando lo hizo?”, “Si sigue gritando no la vamos a atender”, “Si se queja la vamos a dormir”. Estas son algunas de las expresiones que se normalizaron en las salas de parto y que, por fortuna, desde que la violencia obstétrica se ha posicionado como un tema relevante en la discusión pública, están siendo cuestionadas y denunciadas: ¿Por qué a una mujer en trabajo de parto se le exige soportar cualquier cosa como castigo por tener una vida sexual activa? ¿Cómo se construye y reproduce la asimétrica relación médico-paciente que obliga a las parturientas a enfrentar burlas y amenazas mientras su cuerpo se rompe?
Aunque reconocer la violencia obstétrica y sus diversas manifestaciones ha contribuido a verla como una forma específica de violencia institucional y de género que constituye una violación a los derechos humanos, aún hace falta profundizar en sus consecuencias a fin de atenderlas, visibilizarlas y hacer posible que las personas sobrevivientes de este tipo de violencia tengan acceso a la justicia y a una reparación integral del daño acorde a sus necesidades.
En algunos casos acompañados por GIRE se han obtenido sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Recomendaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y comisiones de derechos humanos locales, que señalan que las autoridades competentes deben considerar en la reparación integral las secuelas físicas y psicológicas de la violencia obstétrica. Si bien es más probable que los daños a nivel físico queden registrados en expedientes y peritajes, y por lo tanto sean más tomados en cuenta, existe el gran reto de dejar de considerar como importantes sólo las pruebas tangibles.
Dado que este tipo de violencia no sólo se expresa en lo físico, es imprescindible poner atención en las manifestaciones más sutiles, las no visibles, cuyo impacto llega a trastornar las distintas esferas de la vida de las personas: familia, trabajo, pareja, amistades. Favorecer el acceso a la justicia para quienes han vivido violencia obstétrica implica atender también las afectaciones a la salud mental. Por ello es necesario preguntarse, por ejemplo, cómo afectan las humillaciones y los juicios en la seguridad, autoestima y vínculos sexoafectivos de quienes sufren esta violencia.
Aunque hay información sobre las consecuencias psicológicas, como la depresión postparto (en quienes experimentaron violencia obstétrica puede aumentar hasta seis veces la probabilidad de desarrollarla), el síndrome de estrés postraumático y la ansiedad, resulta complicado demostrar estas afectaciones porque el foco se ha puesto en el daño que se puede ver y comprobar.
En este sentido, el llamado que en 2023 hace la Organización Mundial de la Salud, en el marco del Día Mundial de la Salud Mental, para impulsar medidas que promuevan y protejan la salud mental de todas las personas como derecho humano universal, es una gran oportunidad para reflexionar sobre las maneras en que nos aproximamos al reconocimiento y la erradicación de la violencia obstétrica como problema estructural del Sistema Nacional de Salud.
Las experiencias de acompañamiento muestran que existe una enorme necesidad de que las resoluciones de los casos de violaciones a los derechos humanos en el ámbito de la atención del embarazo, parto y postparto confieran a las manifestaciones psicológicas de la violencia obstétrica la misma importancia que a las físicas. Tomar en cuenta las consecuencias de las prácticas sutiles, normalizadas tanto en las salas de parto como en la esfera de lo social, hará posible que las mujeres y personas gestantes tengan acceso a servicios de salud reproductiva respetuosos de los derechos humanos, y también que vivan procesos de acceso a la justicia más apegados a sus necesidades.
Desde GIRE trabajamos a favor de los derechos reproductivos y generamos información útil tanto para el personal de los servicios de salud como para las personas usuarias. Si quieres conocer un poco más sobre las formas de contribuir a la erradicación de la violencia obstétrica, te recomendamos consultar este folleto. Si necesitas orientación o acompañamiento, contáctanos.
* Alehi Balderas (@alehbal) es Abogada de Documentación y Litigio de Casos y Dunia Campos (@duniaverona) es Responsable de Contenidos y Campañas en @GIRE_mx.