La violencia obstétrica puede costar la vida

Joel Aguirre · 20 de julio de 2026

La violencia obstétrica puede costar la vida

A los 13 años de edad Marielos cursaba un embarazo de alto riesgo. La enviaron al Hospital General de Los Mochis y le dijeron a su familia que le tenían que hacer una cesárea. Un día antes de la fecha programada sintió mucho dolor. La llevaron a urgencias. Ahí le hicieron esperar siete horas antes de atenderla. Su hija nació y a ella la dieron de alta, pero no estaba bien: no veía con claridad, tenía mucha hinchazón y su cuerpo mostraba señales de alarma.

La violencia obstétrica también ocurre cuando el alta médica llega sin seguimiento

En casa convulsionó y tuvo que volver al hospital. La enviaron a terapia intensiva. Necesitaba transfusiones, pero fue muy difícil conseguir donadores. La tuvieron que trasladar a Culiacán para continuar su tratamiento, porque en Los Mochis no tenían lo necesario. 

Después de 27 días la dieron de alta. Sobrevivió, pero no estaba bien. El daño continuó. Vinieron más citas médicas, estudios, medicamentos, malestares. Años después, requirió una operación urgente del corazón. La intervención salió bien, pero durante la recuperación Marielos murió. Tenía 20 años. 

La búsqueda de justicia: “Me sentí abrazada, protegida y valorada”

Rosario, la mamá de Marielos, emprendió un largo camino en búsqueda de justicia. Pero nunca estuvo sola. Con el acompañamiento de GIRE presentó una queja ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Sinaloa, que derivó en la Recomendación 18/2017.

Junto a Rosario y su familia, dimos seguimiento para que las autoridades reconocieran las violaciones a los derechos humanos que Marielos sufrió durante la atención del embarazo, parto y puerperio, y cumplieran con la reparación del daño.

Rosario atravesaba un dolor profundo; no sabía qué hacer ni qué decir. El acompañamiento de GIRE le ayudó a encontrar palabras, resolver dudas y a sostener un largo proceso. Para ella, ser acompañada significó entendimiento, protección, guía. 

“Mi hija tenía muy bonitos planes” 

Marielos quería estudiar medicina, ser nefróloga. Pero la violencia obstétrica terminó con sus sueños. Debió recibir cuidado, seguimiento y protección. Pero no fue así. A veces se piensa que este tipo de violencia solo se manifiesta en gritos o golpes; sin embargo, también ocurre cuando hay una cadena de omisiones y negligencias.

Ella padeció las secuelas de la violencia obstétrica durante siete años. Esperó dos meses para conocer a su hija. Enfrentó el maltrato del personal médico. Soportó el deterioro de su salud. Luchó por su vida hasta que su cuerpo ya no pudo más.

La historia de Marielos muestra que este tipo de violencia puede dejar consecuencias profundas y una de ellas, la más extrema, es la muerte. Porque esta no siempre ocurre durante el parto; puede llegar varios años después.

Lograr una reparación requiere resistencia

Rosario luchó durante 11 años. En medio del dolor y el vacío, buscó justicia para su hija. Y también lo hizo por otras mujeres: porque nadie debería pasar por esto, ninguna más. 

Gracias a su incansable labor, la reparación llegó y, aunque no borró la ausencia de Marielos, reconoció la responsabilidad del Estado. No fue fácil, tuvo que pelear una y otra vez. Tocar las mismas puertas múltiples veces.

Justicia y memoria

Marielos denunció en el Tribunal Simbólico las violaciones a derechos humanos que sufrió. Agradeció a su familia el apoyo brindado para hacer frente a todas las secuelas que le dejó la violencia obstétrica.

Hoy, Rosario, su madre, junto a toda su familia, ha construido un camino de justicia y memoria. Nuestra admiración hacia ella, por su fuerza y amor.

Agradecemos infinitamente a Rosario y a su familia por su confianza, su resiliencia y por permitirnos caminar a su lado.