blogeditor · 22 de abril de 2016
Por: Atziri Ávila (@AtzirieAvila)
Concientizar, prevenir, atender y erradicar la violencia contra las mujeres en todas sus formas ha sido uno de los objetivos de miles de personas en diversas partes del mundo.
El objetivo no ha sido fácil. Eliminar la violencia hacia las mujeres sigue siendo un reto pendiente, sobre todo cuando su normalización forma parte del sistema y condiciones sociales, económicas, políticas y culturales en las que vivimos; además de que históricamente hemos vivido siglos de opresión, injusticia y violencia.
A pesar de que se impulsa que la violencia de género sea un asunto central de la agenda de las naciones, de manera cotidiana las mujeres continuamos siendo objeto de acoso callejero, celos, control del dinero, cuestionamientos por la forma de vestir, insultos con leguaje sexista y machista, comportamientos violentos en las relaciones de pareja, manipulación emocional, incesto, acoso sexual, matrimonio infantil, agresiones físicas, violencia obstétrica, prohibición para ejercer el derecho a trabajar, impedimento para estudiar, prohibición de practicar algún deporte, humillaciones, burlas, subvaloración, violencia sexual, feminicidio, entre muchas otras formas de violencia.
Si bien los hombres también son víctimas de la violencia, la violencia contra las mujeres se caracteriza por su alta prevalencia al interior de la familia, su aceptación por la sociedad y su grave impacto a largo plazo sobre la salud y bienestar de las mujeres[1], además de la afectación a sus hijas e hijos.
[contextly_sidebar id=”TyKyVXTskSNdrHB4WRenxkmhxzSQ1gUs”]El reto es aún mayor cuando la violencia de género parece ser, ademas de naturalizada, fomentada desde el hogar, escuela, medios de comunicación y demás instituciones, a través de las cuales se promueven relaciones sociales basadas en la desigualdad.
Ejemplo de ello son los roles asignados desde el núcleo familiar que reproducen patrones de comportamiento sobre el significado de ser hombre y mujer, en los que se impone el dominio masculino sobre el femenino; se considera a la mujer como propiedad del hombre o que es incapaz de tomar sus propias decisiones.
La reproducción de los estereotipos de género construidos socialmente como que las responsabilidades del hogar atañen únicamente a las mujeres, que las mujeres están limitadas a la procreación y a la atención del esposo, y el matrimonio han servido para legitimar la subordinación femenina y fomentado que la violencia contra las mujeres comience incluso desde antes de su nacimiento y continúe a lo largo de su vida.
Si bien muchas veces es ocultada, la violencia de género está presente en todas las esferas sociales, en el ámbito público y privado, por lo que debe ser reconocido como un problema social pues la violencia psicológica, física, sexual, política, económica, doméstica, siguen siendo una realidad.
A pesar de que en la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre las Mujeres, realizada en Beijing en 1995, se definió que “la violencia que se ejerce contra la mujer es un obstáculo de igualdad, desarrollo y paz, y viola, menoscaba e impide el disfrute de los derechos humanos”, atentar contra los cuerpos y la vida de las mujeres es una realidad que lamentablemente se vive e incrementa en nuestro país.
Según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), en México son asesinadas 7 mujeres al día. Muchas veces, a manos de sus propias parejas o familiares.
El incremento de la desaparición de mujeres y feminicidios, así como la impunidad que prevalece en la mayoría de los casos, obligó a que en estados como Veracruz, Oaxaca, Guanajuato, Querétaro, entre otros, se exija la emisión de alertas de género y la urgente atención a la problemática por parte de las autoridades.
Lamentablemente el desconocimiento y cerrazón ante el fenómeno de la violencia contra la mujer ha obstaculizado que las propias autoridades atiendan de manera pronta e integral este problema; contrario a ello, la impunidad prevaleciente fomenta su continuidad.
Ante este alarmante contexto tenemos que seguir visibilizando la violencia de género como un problema social con un transfondo sociocultural a combatir desde diferentes ámbitos. Es necesario romper el silencio e impulsar acciones para visibilizarla; es impresindible que como sociedad nos hagamos conscientes de su gravedad y afectaciones, y dado que las sociedades no son fenómenos acabados o inamovibibles, generamos y construyamos nuevas formas de relacionarnos y mejores condiciones sociales, económicas, políticas y culturales que eliminen la discriminación en todos los órdenes de la vida.
Sociedades que reconozcan que “la máxima participación de la mujer en igualdad de condiciones con el hombre en todos los campos, es indispensable para el desarrollo pleno y completo de un país, el bienestar de mundo y la paz” como se establece en la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminacion contra la Mujer (CEDAW).
Las mujeres somos sujetas de derechos, tenemos el derecho a vivir una vida libre de violencia; al acceso a la justicia; a ejercer nuestra autonomía; a sostener relaciones no violentas; a decidir el número de hijos que queremos tener y si queremos tenerlos o no; a la tenencia de la tierra; a la participación política; a una vida plena.
Es necesario ir removiendo patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres; prestar atención a esta problemática; redimensionar el papel que la educación tiene para construir y deconstruir estereotipos de género; ir desmantelando la estructura, ideología, cultura y educación patriarcal; cuestionarnos la injusta inequidad, y visibilizar el importante papel de la mujer en la construcción de nuevas realidades.
Es urgente que las autoridades de todos los niveles de gobierno generen y ejecuten acciones para informar, prevenir, sancionar y erradicar la discriminación y la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos; desarrollar estrategias y políticas públicas que eviten la revictimización y atiendan los impactos de la violencia de género a nivel físico, psicológico, social, etc.
Hoy más que nunca con acciones como la “Movilización Nacional contra las violencias machistas”, a realizarse el próximo domingo 24 de abril en diversas partes de nuestro país, las mujeres seguiremos alzando la voz, visibilizando la violencia de género como un problema social y reivindicando la importancia de nuestra participación para la transformación de la sociedad. Reconocemos que el propio espíritu humano no está en el ámbito de lo cautivo, por lo que desde diversos espacios continuaremos sembrando y cosechando la libertad y trabajando a favor de una vida libre de violencia para las mujeres.
* Atziri Ávila es comunicóloga social, activista, coordinadora de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México.
[1] Hernández L.: “Violencia de Género, Una mirada desde la sociología”, Editorial Científico Técnica, La Habana, 2014.