Las gigantes “pequeñas” violencias

Redacción Animal Político · 25 de noviembre de 2023

Las gigantes “pequeñas” violencias

Este sábado es un 25 de noviembre más donde se conmemora el Día internacional de la Eliminación de las Violencias contra Mujeres y Niñas, y de pronto pareciera que solo vemos como cada año se repiten en un loop feminicidios, desapariciones, torturas y terror. En México solemos decir que ser mujer es ser una persona de alto riesgo porque no es lo mismo salir a la calle por la noche si tu género es otro, que si eres mujer. Año con año hablamos de los peligros, las implicaciones, la serie de decisiones que tenemos que tomar para salvaguardar la integridad física, la ruta crítica que hay que diseñar por si sales a un lugar a divertirte, por si vas sola, por si no, por si vas con amigas por si no, por si regresas sola por si no, para que regreses a casa sana y salva.

Sin restarle importancia a este problema que tiene muchas implicaciones y consecuencias, resulta necesario hablar de dónde se gestan las violencias, ir al origen y visibilizarlo para poder atenderlo estructuralmente. Hay que hablar de lo que pasa en los lugares privados, de lo que pasa en el ámbito doméstico, en las oficinas, en los espacios de intimidad. Sí, la violencia de género se gesta en lo privado, en las relaciones más cercanas, y crece de manera exponencial hacia lo público.

La psicóloga Lenore E. Walker hace tiempo desarrolló en su obra “The Battered Woman”, un concepto llamado el círculo de la violencia en el que plantea que la violencia ejercida contra mujeres (y niñas) va aumentando de forma cíclica.

Existen tres fases que a continuación exponemos:

  1. Fase de tensión: su principal característica es la fricción en la relación. Los conflictos empiezan a escalar gradualmente y generalmente provocados por una persona violenta que suele ser un hombre. En esta etapa no hay una explosión del conflicto, pero existe agresividad pasiva. La persona violentada que generalmente suele ser una mujer intenta controlar la escalada tomando una actitud complaciente, culpándose de haberlo provocado o tratando de evadir el conflicto sin tener éxito en ello. En esta etapa suelen aparecer el gaslighting, las burlas, las críticas, el chantaje, los celos, la culpabilización, el abuso de poder y otros recursos para generar la tensión, que es el fin del violentador.
  2. Fase de agresión: las agresiones son visibles. Pueden ir desde ley del hielo, empujones, burlas más violentas, abuso verbal, sexual y físico. La mujer violentada podría pedir ayuda e incluso denunciar, pero está amarrada por el miedo a las consecuencias y generalmente guarda silencio por temor a represalias.
  3. Fase de conciliación o luna de miel: el violentador para seguir en su manipulación y abuso pide perdón de tal forma que el ciclo se reinicia. Generalmente convence a su víctima de que va a cambiar y que siente arrepentimiento dando muestras afectuosas, regalos, palabras bonitas y un incipiente cambio de comportamiento por unos días para después volver al ciclo. un ciclo de poder donde cada vez más ejercerá más violencias de manera más agresiva. Si la mujer ha decidido contarle a alguien e incluso denunciar, se retracta y justifica al violentador.

Gráfica con la descripción del círculo de violencia contra las mujeres.

Dado que el comportamiento va escalando, se va mermando la autoestima de la mujer violentada al grado que termina cediendo su voluntad al violentador y es ahí donde aparece el mayor riesgo pues la violencia se torna mortal, hasta llegar a lo que conocemos como feminicidio (violencia asesina solo por el hecho de ser mujer).

Así podemos ver que cada “pequeño” gesto de violencia solo es un elemento que suma a la gestación de un problema gigante. Por eso es apremiante dejar de minimizar y normalizar cualquier gesto de violencia. No hay pequeñeces cuando se trata de una conducta que es un atentado contra la integridad y la dignidad de las mujeres y niñas.

El Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) publicó en 2009 una herramienta llamada Violentómetro (creada en el Instituto Politécnico por Martha Alicia Tronco Rosas, Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación), para poder identificar los distintos tipos de violencia, sin olvidar que violencia es violencia, no hay una menos importante que otra.

Lo que es relevante de esta herramienta es que es gráfica y muy didáctica, útil para que las mujeres y niñas puedan detectar lo que están viviendo y ponerle un nombre, establecer el nivel de violencia que están viviendo y entonces poder tomar acción para salvaguardar su integridad física y mental. Lo dejamos aquí para que puedan compartirlo a todas las mujeres y niñas que conozcan.

Violentómetro elaborado por el IPN para medir los niveles de violencia contra las mujeres.

Sin herramientas y recursos para detectar la violencia no podemos avanzar en su prevención y eliminación. Es clave nombrar y conocer lo que se está viviendo para poder actuar en consecuencia, alzar la voz y poner un alto. Sin embargo, después de esto, las mujeres y niñas que viven violencia necesitan contar con políticas públicas, con justicia garantizada, con procesos ágiles con perspectiva de género y otros elementos que los gobiernos deben priorizar porque este problema no se acaba solo con la conciencia y voluntad de las víctimas. Necesitamos que se garantice la justicia y se deje de revictimizar a las mujeres que logran llegar al sistema judicial de nuestro país. Sigamos luchando desde las diferentes trincheras, abrigadas por el movimiento feminista y las personas que siguen sumándose a esta lucha para hacer que nuestro país deje ser un peligro para sus mujeres y niñas.

* Aline Ross Gurrola es socia Directora en LEXIA. Comunicóloga, feminista, teatrera, filósofa de la vida, apasionada por lo social. Con más de 22 años de experiencia en el mundo de la investigación y la consultoría. Experta en opinión pública, evaluación de comunicación política, comunicación social, estrategia electoral y gubernamental, evaluación de programas sociales, Base de la Pirámide, Vivienda social, Diversidad, inclusión y género.