Viñetas habaneras

blogeditor · 21 de diciembre de 2022

Viñetas habaneras

Toma chocolate,

paga lo que debes

Mercancía

En el aeropuerto de Ciudad de México se encontraban montones de paquetes esperando abordar hacia la Habana. Eran filas y filas de pesadas bolsas tamaño canicas de gigante envueltas en plástico, esperando su asiento en la sección de cargo del avión. ¿Es ayuda humanitaria?

Era mediados de octubre. Apenas Cuba se recuperaba del huracán Ian, que arrasó de coletazo a la isla junto con Florida, dejando frecuentes apagones y gente protestando las carencias en las calles.

Una señora explicó que solo llevaba veinte paquetes porque era el límite que la aerolínea le permitió. Que hubiera llevado más, todos los que le hubieran permitido. No era caridad. Era para venta. La isla estaba vacía de mercancía.

Foto: Jessica Kreimerman.

Escasez

Cinco años atrás, la primera y única vez que visité, no se sentía Cuba como se siente hoy. Entonces parecía que estaba a punto de florecer. Hoy, un estornudo falta para alcanzar a Haití. En conversaciones cotidianas, monotemáticamente hablan de las carencias, de cómo y dónde conseguir lo que no pueden conseguir.

La moneda tiene tres valores: la cubana en el banco, a 25 por dólar; la oficial a 125 con pasaporte extranjero, y la extraoficial, en las calles, donde intercambian por dólar 160 pesos cubanos. Hay cosas que compras solo con dinero cubano, y otras que compras con dólares y con euros.  El Estado paga los salarios en pesos cubanos.

Falta de todo. Hace más de un año que no surten suficiente gasolina para la vida cotidiana. Es labor de muchas horas y de voz en voz encontrar este y otros indispensables insumos.

Para compensar su imposible salario, los trabajadores de las fábricas de puros venden el exquisito producto con sello oficial a medio precio, explicando que la empresa les da un día al mes para hacerlo y hoy es el día afortunado para el turista. Que los fondos se utilizan para restaurar sus casas, y para niños enfermos. Parte de esta historia es verdad. Y parte no lo es. Son anzuelos que se lanzan por desesperación. Por sobrevivencia.

Mario, un escritor culto y bien informado, cuenta que la situación hoy es peor que en el “periodo especial” en los años 90, cuando Rusia perdió a todas sus hijas y dejó de ser poder mundial. Los soviéticos ya no tenían para inflar la economía de su protegida isla. Cuba quedó desahuciada en su período especial. ¿Alguna vez has sufrido hambre?, pregunta Mario. No puedes pensar más que en comer. Por hambre, la gente se desmayaba súbitamente y por doquier.

Este nuevo período lo llaman “la coyuntura”. Desde las cuatro de la mañana, los cubanos se incorporan a las filas esperando raciones de gasolina, aceite, manzanas, huevos, pan. Por persona tienen derecho a cinco huevos por mes, un litro de aceite cada tres meses, un pollo al mes.

Se comienza a escuchar de robos, y de muchedumbres furiosas. Durante el periodo especial, si tenías dinero extranjero, podías por lo menos comprar lo que necesitaras. Hoy no sirve ni el dinero que tienes en la cartera, ni la licencia diplomática. Solo es el privilegiado puñado de regentes militares y sus aliados quienes consiguen los suministros fácilmente al alcance.

Las calles de la vieja Habana son cansancio colectivo. Los peatones caminan por doquier, los autos y camiones de trabajo esquivan civiles, los tramos bloqueados provocan laberintos de circulación. El sistema es ladrón de tiempo. Los que roban del Estado, simplemente se cobran por otro lado. El ciudadano es empujado a robar y mentir, veneno para la sociedad.

“Ya no tenemos corazón”, dice una mujer que limpia hogares. Y con todo y eso, todavía guardan comida para dar a sus animalitos, a los perros y los gatitos.

Foto: Jessica Kreimerman.

Revolución

Escasez de todo. Pero no de alcohol, y no de tabaco. Abundante control militar y abundante propaganda antiimperialista. Como si Cuba no se hubiese aliado a un imperio también y tomado las características de tal.

Los muros y espectaculares publicitarios son propiedad del Estado y los mensajes siguen evocando la revolución. La lucha ha mantenido el orgullo antiimperialista a costa del bienestar. Cuba logró igualar hacia abajo.

“Los adultos fuimos formados por la propaganda. Solamente los jóvenes pueden salvarnos”. Aun corriendo el riesgo de ser denunciado y pagar años de cárcel por decir en voz alta lo que piensa, Horacio, el chofer del cocotaxi, habla libremente de su decepción y cansancio. Pero los jóvenes no se están quedando para liberar su patria. Se estima que para 2025 la población con edad superior a los 60 años será el 25 por ciento y Cuba será uno de los países más envejecidos de América Latina.

Foto: Jessica Kreimerman.

Éxodo

Escribe Mauricio Vicent en el diario español El País: “Las penurias económicas, los apagones draconianos, la inflación desbocada, la escasez de artículos de primera necesidad y de medicinas, el deterioro de los servicios de salud, el agotamiento y la falta de esperanza de la sufrida población cubana, sobre todo de los más jóvenes, no parece que vayan a cambiar a corto plazo. El pesimismo es general, no se ve la luz y muchos jóvenes sienten que marcharse es la única opción para mejorar. Un drama que hipoteca el futuro del país”.

Atrapados en la Isla. No se puede describir como exitoso al régimen que tiene que encerrar a sus habitantes dentro de los confines del país. No hay futuro visible. Por eso tantos jóvenes de edad productiva se han escapado en los últimos años. Que dolor para las familias, para los abuelos que nunca llegarán a abrazar a sus nietos. Para los hijos que tuvieron que abandonar a sus padres. Para los amores y los amigos lejanos.

Se trata de un éxodo sin precedentes, mayor que la salida de los marielitos en los años ochenta y la de los balseros en los noventa. Solo en 2022 se calcula que 200 mil cubanos entraron de manera ilegal a Estados Unidos. Y estos son los que lograron llegar. Muchos más intentaron escapar.

Foto: Jessica Kreimerman.

Censura

La persona cuando reza pide milagros.

Cada oración se puede resumir a esto:

Señor Dios, haz que dos más dos

no sumen cuatro.

Ivan Turgenev

No encuentro publicidad. No veo comercio personalizado. No hay capitalismo. Hay “Tienda”, “Expendio”, “Cooperativa”, “Farmacia”, “Mercado”, “Instituto”, sin nombres ni apellidos. Dos más dos igual a cinco, pregona un grafiti común en los muros habaneros. ¿Qué significa eso? No me saben decir. Evoca a George Orwell y su “guerra es paz, libertad es esclavitud, ignorancia es fuerza”.

Hace dos años en el Washington Post, el autor encarcelado Abraham Jiménez Enoa describió “detenciones arbitrarias que con frecuencia sufren opositores políticos, activistas de la sociedad civil, artistas contestatarios y mis colegas de la prensa independiente en Cuba”.

Aún acostumbrados a que el internet y WhatsApp cierren súbitamente, esto provoca la suspicacia colectiva: ¿pasó algo que no quieren que nos enteremos? Los restos del icónico Hotel Saratoga, de arquitectura neoclásica, tres pisos calcinados por una explosión el pasado mayo. Más de 30 muertos, muchos de ellos niños de escuela. Ante la censura y el control de la información, la gente tiende a pensar lo peor. ¿Terrorismo interno? ¿Señal de una población harta? Oficialmente, aseguran que la tragedia fue causada accidentalmente por un tanque de gas.

Horas largas de apagones interfieren con la comunicación y los quehaceres cotidianos. Y si no hay luz, tampoco hay agua, ya que ésta depende de la electricidad.

Foto: Jessica Kreimerman.

Turismo

El matrimonio gay hace un año se legalizó, y la bisexualidad fluye en las venas en esta isla tan corporal. Es práctico serlo, ya que aquí también se comercia con cuerpomatic. Lo que complazca al turista.

Por doquier hay gentiles guías que buscan visitantes extranjeros. Los que se acercan de manera casual quieren ser necesarios, quieren vender algo, recibir algo, buscan vínculos externos, abordan desde la broma hasta la desesperación, claman por sus hijos malnutridos, pero realmente claman por sí mismos.

La capital cubana se cae en pedacitos, salvo la sección de los turistas, que es realidad aparte. Eusebio Leal, historiador de la ciudad, se abocó a la restauración de la vieja Habana, que ahora está elegante y pintada de trópico alegrando a quienes todavía encuentran razones para viajar a la isla. Esa Cuba de los años 50 que fue burdel de Estados Unidos, ya no se siente tan excitante.

¿Qué es este edificio? Hermoso, magistral, en buenas condiciones. Antes, era esto. Ahora, es esto otro. Y eso con todos los edificios que pregunto. Antes, hace sesenta años, antes de la revolución, era otra cosa.  ¿Tan malo era el pasado imperfecto, que produjo tanta belleza? ¿Tan buena es la revolución, que ahora produce tanta miseria?

Pocos de los hoteles que cerraron por la pandemia volvieron a abrir. Aquí y ahí yacen erigidos los edificios muertos, sin luz, sin vida. Incluso aquellos construidos por grupos internacionales de renombre. Para añadir al surrealismo, se construyen varios nuevos hoteles, modernísimos y de lujo, para los turistas que dicen llegarán este fin de año. Aseguran que todos los cuartos están repletos noviembre y diciembre. El negocio hotelero pertenece a los militares.

Jorge, un vinatero con quien comparto asiento de regreso a Ciudad de México, cuenta que el procedimiento para vender vino en la isla es también con la clase militar. Que las ventas son aleatorias, según el burócrata a cargo, sin selección ni criterio alguno para distinguir una cosecha de la otra. Y que aún si lo tuviera, la oficialidad cubana no tiene dinero para comprar este deleite. ¿Qué va a pasar cuando lleguen los turistas a sus vacaciones de invierno?

De por sí, los restaurantes no pueden completar sus menús por falta de materia prima. En un lujoso comedor italiano de la Avenida Paseo, cobran extra por añadir a la pasta queso parmesano. Las servilletas se cortan a la mitad, para que duren dos veces. El papel de baño es un lujo, la gasolina es oro líquido, la fruta y verdura está gris y gastada.

Queremos visitar la fábrica de puros H. Upmann en la calle Belascoain. Los boletos no son caros, pero imposible comprarlos en la puerta. Tenemos que hacerlo en uno de los grandes hoteles, o a través de las agencias oficiales de turismo. Nos mandan al mercado Carlos III, a veinte minutos de caluroso camino. Ahí solo toman tarjetas de crédito extranjeras que a veces funcionan y a veces no. Tampoco aceptan efectivo. Dos días de intento y nos quedamos con las ganas. Esto es en un país que depende del turismo.

Foto: Jessica Kreimerman.

Imperialismos

¿Que culpa tiene Cuba de estar tan bien localizada? Aquí llegaron primero las carabelas de Colón. Desde el “descubrimiento” de los españoles, este fue el punto de mayor estrategia en su conquista de América la hispanoparlante. Y tragedia doble cuando a fines del siglo XIX fueron “liberados” por los estadounidenses quienes, al traer su manera de pensar y comprar, también rellenaron la tierra con sus males. Los rusos mantuvieron presencia por tres décadas desde los años sesenta, para añadir a la mezcla su soviet-style autoritarismo retro. Ahora Cuba es un berrinche entre dos tiranos a quienes el juguete preciado se les deslizó por la borda.

Con todo y las décadas de bloqueo estadounidense, Cuba tuvo logros impresionantes. Desarrolló cinco vacunas contra el COVID. Los cubanos leen a mejor nivel que los estadounidenses. Gozan de menor tasa de mortandad infantil, de mayor expectativa de vida y -por lo menos antes- tenían acceso a excelente cuidado universal de salud. Sus cirujanos punta de lanza en investigación del VIH y en operaciones para los ojos. ¿Qué hubiera sido de no haber tenido ese freno a su economía y desarrollo social?

Obama abrió el camino para la reconciliación estadounidense, los cubanos respiraron. Trump lo cerró y los cubanos comenzaron a sofocarse otra vez. Luego vino la pandemia. Ni siquiera podían ir a las playas para recuperar sol y salud.

A principios de noviembre, la Asamblea General de la ONU por abrumadora mayoría -185 a favor, dos en contra y dos abstenciones- rechazó el bloqueo estadounidense. Es fácil adjudicar todos los males a los invasores. La miseria de hoy, sin embargo, es solo parcialmente responsabilidad de los poderes externos.

Foto: Jessica Kreimerman.

Alma de la música

“… pero qué bonito y sabroso

bailan el mambo las mexicanas…”.

Benny Moré

¿Por qué crees que no hay violencia aquí?, pregunta Félix, maestro de danza, quien me llevó al Callejón de Hamel para mostrar la cultura afrocubana, subyacente al mundo de los tours enlatados. “Aquí no hay violencia porque nos enseñan a bailar desde que somos chicos”. Cierto que la isla todavía exuda canto y bailes, espíritu y alegría. Mas su resiliencia está dando de sí.

Buenavista Social Club. “Viviendo la Habana de los años cincuenta”, dice la pantalla que muestra pedacitos del famoso documental. Era el mismo espectáculo que vi cinco años atrás, con estrellas de antaño, forzando entusiasmo para alegrar a turistas.

El Rock entró subversivamente. En una terraza al aire libre, frente a un descarapelado mural de protesta, se abrió un foro los domingos donde se presentan greñudos vocalistas que con cubano acento cantan las rolas de Bon Jovi, Creedence y los Beatles. Una tropical Janis Joplis y su paramour -profesor universitario casi octogenario- llevan un lustro danzando como adolescentes al son de los hippies del California de los sesenta.

También tocó un dulce solo el Maestro Molina, guitarrista prodigioso y docente en el conservatorio. En una mesa del público, lo miraba con cariño su señora Lupe, maestra de canto del mismo instituto. Se conocieron como estudiantes y mantuvieron la música en sus venas. Molina fue invitado al Cervantino de Guanajuato, oportunidad que perdió por la burocracia local.

El café Cantares se localiza en una calle de residencias hermosas y bien preservadas en la colonia Miramar. Un sábado en la noche Ivette Cepeda comparte con pasión y abandono canciones de su premiado álbum, La Rosa de Jericó. La vocalista siente a su público y expresa su felicidad. Unos días antes fue restaurada a la vida por la medicina y por su fe cristiana. La acompaña su pareja en la guitarra. Por un momento, entre sus cantos, lamenta el destino y el dolor de su gente.

Foto: Jessica Kreimerman.

Espíritu

Cerca de esas calles donde en el siglo XIX la mulata Cecilia Valdés se enamoró de su medio hermano perteneciente a la aristocracia blanca, yace el cadáver de una gallina lanzado hacia una iglesia. Es un encuentro visual de las espiritualidades que conviven aquí. Mujeres y hombres vestidos enteramente de blanco se perciben en las calles. Son los y las iniciadas en el camino de los Orixás, seguidores de la tradición africana que se vale de divinidades varias para luchar contra el mal.

La fe importa. Aun cuando las iglesias ya están abiertas y restauradas, el cubano medio acude con los babalaos, brujos que ofrecen animales en sacrificio para resolver los problemas terrenales. Trabajan además con hierbas y pociones. Existe el cuento, que me refirieron como verdadero, de que un babalao pidió a una pareja una planta llamada Corazón de madre. Ellos, desconociéndola, interpretaron que se trataba del corazón de una mujer que fuera madre. Así que asesinaron a la madre de uno de los dos y le arrancaron el corazón.

Foto: Jessica Kreimerman.

Salida

La última noche en Cuba presenciamos “Somos, donde las raíces afloran”, con el cuarteto Jano, una interpretación musical de su historia integrada, la blanca con la negra, la libre con la esclava, en el Café Teatro del Centro Cultural Bertolt Brecht, un pequeño foro lleno de vida y de amor al arte.

La mañana siguiente, el aeropuerto casi vacío, militarizado. Las únicas mercancías eran ventas permitidas de mementos chuscos: alcohol y puros, y libros “históricos” que en realidad eran políticos. Había pocos vuelos. Curiosamente, en fila esperando su asiento en la sección de cargo del avión se encontraban cajas y cajas de perros que estaban siendo transportados para reunirse con sus dueños, quienes ya habían logrado huir.

* Jessica Kreimerman Lew (@Kashtanit) es periodista, sanadora, empresaria y escritora. Autora de “La Vida en Rosa, el Príncipe Azul, Mujeres y Amor en México” (1997) y como Yehudit Lev, “Claves Para Recuperar tu Poder” (2017).