Viktor Orbán tiene prisa

blogeditor · 3 de abril de 2012

Viktor Orbán tiene prisa

Todo indica que quiere ser, él solito, el Estado.

Tal vez un atisbo del porvenir: la oscura luz que hallemos al final del túnel que culmina este primero de julio, provenga de ejemplos magyares. Sería instructivo conocer un poco más sobre la ascendente carrera política de Viktor Orbán: populista, admirador de George W. Bush y hombre fuerte de Hungría desde enero de 2010.

Al Primer Ministro Orbán de cuarenta y nueve años de edad, se le cuecen las habas, o mejor dicho: el ghoulash. Le incomodan las críticas. Ha colocado a aliados suyos de partido en puestos claves de la administración, con mandatos que traslapan –y estorban- gestiones futuras que no sean las suyas. La Constitución aprobada recientemente por su cómoda mayoría en el Congreso constituye un retroceso en temas de libertad religiosa, y el fortalecimiento de derechos inalienables entre muchísimos otros.

Para una comentarista del Guardian, Orbán ha aplastado el espíritu de 1989. Hace algunas semanas, la revista Proceso le dedicó a la involución húngara un artículo que vale mucho la pena leer. También, Foreign Policy se ocupa del tema.

Para explicar este fenómeno, habría que remontarse a la historia reciente de Hungría; entender que Fidesz (la Alianza de Jóvenes Demócratas, por sus siglas en húngaro, fundada por Orbán y triunfadora apabullante en las últimas elecciones), constituye hoy por hoy el partido con exagerado peso e influencia en la vida pública. Algo que marcará sin duda el derrotero de ese país.

Imre Nagy (1896-1958)

Durante la Revoluciónde 1956, Imre Nagy (1896-1958) sacó a Hungría del Pacto de Varsovia; proclamó la neutralidad de Hungría, y se comprometió con el multipartidismo. La invasión soviética truncó las esperanzas de la efímera democracia húngara, y fue un capítulo más dela Guerra Fría que parecía entonces no tener fin. Nagy y sus colaboradores en el gobierno fueron sentenciados, y ejecutados en 1958. Su cuerpo, enterrado en la semiclandestinidad.

Cuando se cumplían 31 años de su ejecución: el 16 de junio de 1989, Imre Nagy fue reinhumado con honores. Orbán tenía entonces 26 años, y participó en la ceremonia nacional de desagravio enla Plazade los Héroes de Budapest. En su discurso, exigió sin cortapisas la salida de tropas soviéticas. El régimen comunista se desmoronaba, como en el resto de Europa Oriental.

Orbán se hizo famoso, convirtiéndose en figura política de primer orden en Hungría.

Estableció Fidesz (que empezó siendo una agrupación orientada hacia el libertarismo para después convertirse en nacionalista y profundamente conservadora), e ingresó al Parlamento en 1990. De 1998 a 2002 fue Primer Ministro, pero sólo fue hasta 2010 -cuando su partido recibió el 68 por ciento de la votación, y por ende el control mayoritario del Congreso- que exhibió a plenitud el talante autoritario que ha puesto a Hungría en un brete: promulgando su Constitución a modo, nombrando a sus reguladores en sectores claves de la economía: restándoles facultades y autonomía. También concibiendo un Consejo de Vigilancia y Control de los Medios, afín a su persona. Medidas todas encaminadas a truncar los avances democráticos que se han dado a lo largo de los últimos 23 años.

Hungría es miembro de la UniónEuropeadesde 2004. El presidente del país: Pal Schmitt, incondicional de Orbán, tuvo que renunciar después de que se publicaron noticias que lo acusaban de plagio en la obtención de su doctorado. Estos dos factores quizá frenen retrocesos autoritarios legalmente sancionados, pero nada es seguro.

Severos problemas económicos y tentativas autoritarias aderezados con retórica victimista y de raigambre pretendidamente religiosa, enfrentan al Viktator Orbán con la comunidad internacional. La oposición a su mandato se encuentra dividida.

Son problemas de un nación incapaz de sacudirse su legado totalitario: fascista y marxista-leninista en distintos momentos de su atribulada historia, donde la estructuración de pesos y contrapesos (o checks and balances, articulados en los Federalist Papers estadounidenses, por ejemplo) representan en la retórica orbanista simples imposiciones extranjerizantes.

Quizá las comparaciones sean odiosas en casos como éste, pero no puede uno dejar de extrapolar la realidad de Orbán en Hungría, con la fragilidad de nuestras instituciones doce años después de las elecciones que arrojaron al PRI de Los Pinos. Aquí nunca murió, y parece renacer la tentación autoritaria.

@epn, ¿tatamandón mexicano?

En México Enrique Peña Nieto dista mucho de compartir el palmarés de Orbán, pero atrás suyo está la más añeja Nomenklatura y el apoyo de los medios electrónicos más importantes, que fungen como la Secretaría extraoficial de Educación. Es el Collor de Melo de su tiempo, que llegó a la Presidencia de Brasil en 1990   gracias al apoyo de la cadena O Globo. Representante de una maquinaria partidista que está en condiciones de llegar a la mayoría absoluta en las dos Cámaras. La agrupación que lo apoya, y que gobernó durante setenta años ininterrumpidos nunca asumió los costos de la alternancia. No fue obligada a hacerlo por dos administraciones federales panistas. Con cuadros como Romero Deschamps, Gamboa Patrón y un larguísimo et cetera, el PRI se apresta a vivir su peculiar Risorgimiento, valiéndose de recursos tales como la corrupción, falta de autocrítica y una visión centralizada del ejercicio del poder.

Con sátrapas estatales deseosos de garantizarle a Peña Nieto una entrada triundal ‘con la ley en la mano, y por la puerta grande’. Ya se habla de veinte millones de posibles votos a favor de la fórmula del PRI (como en su momento lo hizo Jorge de la VegaDomínguez cuando Carlos Salinas fue ungido en 1987 como el sucesor del recién fallecido Señor Presidente Miguel Dela Madrid).

Jorge dela Vega.Triunfalismosde antaño, polvos de aquellos lodos
Miguel dela Madrid(1934-2012)
Carlos Salinas, antes …
… y ahora. Padrino de Peña Nieto

Posibles cambios profundos promovidos por el aparato que lo apoya y que se ha recompuesto debido a la impericia del PAN y PRD, y ante el hartazgo de una ciudadanía que no ha visto que se consoliden mecanismos de rendición de cuentas autónomos e independientes: Con partidos cómplices, que se disputan plazas pero que hacen causa común cuando ven peligrar sus prerrogativas. Y la impunidad como norma.

Quizá vaya a ser más de lo mismo, pero sin equilibrio en las Cámaras y amplia participación ciudadana, la seducción del orbanismo a la mexicana podría ser una ‘solución’ telenovelera e irresistible.

Orbán ha sabido apelar a la falta de valores democráticos de una sociedad que aún no se reconcilia consigo misma.

Las referencias en la Constitución húngara a San Esteban denotan una religiosidad militante rentable que podría manifestarse en México, y que quedó demostrada con las reformas recientes al artículo 24 de nuestra propia Constitución Política, junto con la visita del Papa Benedicto a tierras del Bajío. Peña Nieto no ha ocultado su aparente vocación en ese sentido.El apoyo proporcionado por la empresa de comunicaciones más grande de Latinoamérica que garantiza coberturas favorables e intercambios políticos provechosos, podrían echar por la borda el laicismo menguante y también pavimentar un regreso al el culto autoritario a la personalidad presidencial en turno.

De suyo, árbitros como el IFE o Cofetel no son independientes. Están invadidas por intereses particulares, opuestos en distintos grados a la apertura.

La restauración del PRI podría no efectuarse: si el peor de los escenarios sucede, debemos estar preparad@s. Tendremos que impedir regresiones iliberales más amplias como la que actualmente padece Hungría a manos de Viktor Orbán: demagogo oportunista con mandato popular.