VII. El guardián del rinoceronte

blogeditor · 4 de diciembre de 2020

VII. El guardián del rinoceronte

El rinoceronte negro, que no es negro sino gris, es el cuarto mamífero más grande de África; a pesar de su inmenso tamaño, es completamente vulnerable a los depredadores debido a su débil visión. Durante años, los seres humanos lo han cazado para conseguir sus dos enormes cuernos, que a veces son tres, a tal punto de llevarlo al peligro de extinción. El rinoceronte negro, además, tiene que sobrevivir a la agresividad de su propia especie, lo que lo convierte en un animal solitario.

Por esos mismos rumbos africanos habita el picabueyes piquirrojo, una pequeña ave que se alimenta de las garrapatas y parásitos que viven en la piel de los mamíferos. En los últimos años, se ha observado que mientras se posa sobre el lomo del rinoceronte negro detecta y advierte, a través de ruidos y piares, la presencia de cazadores. No en vano, en suajili, lengua africana, el picabueyes piquirrojo es llamado Askari wa kifaru: el guardián del rinoceronte.

Tengo un pensamiento del que me sostengo estos días: no hay ayuda pequeña. Desde que soy madre, he constatado que maternar es un verbo solitario, pero que no siempre se conjuga a solas. En 35 años, que hoy celebro con esta columna, he atravesado crisis que me han hecho sentir al borde de la extinción. Lo que me salvó, primero, fue aprender a convivir con la tristeza. Con el tiempo, entendí que había que hacer de la tristeza un órgano del cuerpo; dejé de tratarla como una visita incómoda y asumí que hay veces que se hace más presente que otras, como el dedo chiquito del pie: no te acuerdas de él hasta que te golpeas contra la esquina de la cama. La tristeza y la cama, qué relación tan estrecha.

Así como el milagro que ocurre cuando un pájaro diminuto salva a un inmenso mamífero, los pequeños actos que hacen los demás por nosotros y nosotros por los demás, nos salvan la vida. Qué necesaria es la solidaridad para sobrevivir. Si pudiera pedir un deseo, sería que mi hijo, Nicolás, sea una persona agradecida y solidaria. Tal vez los rinocerontes no sepan lo que es la gratitud y tal vez los piquirrojos se tomen como gesto de agradecimiento que esos enormes mamíferos les permitan comer los parásitos que viven en su piel. No sé. Solo sé que nosotros, los seres humanos, reconocemos que la gratitud es un bucle infinito: siempre queremos darle más a quien sabe recibir, y viceversa.

Estoy agradecida porque soy una mamífera que quiere rescatarse a sí misma y a los suyos, y que se permite, también, ser rescatada. Son las amigas, los amigos, la familia e incluso las personas desconocidas quienes, aunque sea por un instante, nos hacen saber que todo pasa. Con sus ruidos y piares nos alertan sobre nosotros mismos porque a veces tenemos condición de rinocerontes: vulnerables, ciegos y solitarios.

Ser hija única me hizo solitaria, estoy segura. Aprendí a entender la vida rodeada de pocas personas, no tuve muchas amistades ni en la infancia ni ahora. Me cuesta trabajo mantener vínculos activos. Sin embargo, soy dichosa y afortunada: nunca he estado sola. Eso es lo que más agradezco. A veces soy un rinoceronte negro que recibe ayuda para salvarse y otras soy una piquirroja que rescata.

 

@barbarahoyo