Vieja el que cuide a sus hijos

blogeditor · 9 de octubre de 2012

Vieja el que cuide a sus hijos

Cuando el papá de mis hijas tuvo a su primer hijo, hace 22 años, apenas tuvo oportunidad de pasar sus primeras horas con él porque al día siguiente trabajó. Su jefe de entonces consideró que no había motivo para que se tomara unos días de “asueto”, así fueran sin goce de sueldo.

Cuando nuestras hijas nacieron, nueve y 11 años después, la situación mejoró. En ambos casos, mi marido pudo negociar con su jefe inmediato (distinto al anterior) para estar con nosotras los tres días que pasamos en el hospital y luego la primera semana en casa. No obstante, tenemos claro que se trató de un acuerdo especial por la relación personal que llevaba con su jefe y que estos permisos no se otorgaban ni se otorgan hoy en día a los empleados de esa empresa como parte de sus prestaciones laborales.

Hasta donde sabemos, como ya lo han documentado Geraldina González de la Vega y GIRE en este mismo espacio, son contadas las empresas que en México conceden a sus empleados una licencia de paternidad con goce de sueldo, como sucede en otros países (Estados Unidos, Alemania, Bulgaria, Suecia, con permisos que van de las seis semanas a los tres años).  En el sector público se encuentran la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Instituto Nacional de las Mujeres y la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Según recuerdo, el periódico La Jornada es el único medio de comunicación que otorga una licencia parecida en su contrato colectivo de trabajo. Y tan tan. Quisiera creer que hay empresas privadas preocupadas por el bienestar de sus trabajadores que ya dan esta prestación, sin necesidad de que los obligue la Constitución o la Ley Federal del Trabajo, pero no me hago muchas ilusiones.

A pesar de estos obstáculos laborales, puedo congratularme de pertenecer a una generación en la cual un número importante de padres está empeñado en ejercer su paternidad. En muchos casos incluso a pesar de las propias madres de sus hijos.

Son hombres que cambian pañales, bañan a las criaturas, les dan de comer, los llevan a la escuela, asisten a las juntas, revisan tareas y organizan fiestas. Son ésos que se desvelan por una fiebre alta y se levantan en las madrugadas para arrullar al bebé mientras le cantan una canción de Chavela Vargas para que la madre pueda descansar. Que saben perfecto qué vacuna les toca y cuándo su chilpayate tiene que presentar la próxima conferencia escolar. Que están dispuestos, incluso, a viajar horas de ida y vuelta el mismo día para escapar del trabajo y no perderse el festival de fin de cursos en el que su chamaco participará. Son esos padres que incluso y cada vez con más frecuencia, le disputan a sus ex parejas el derecho a seguir siendo parte de la vida de sus hijos y no sólo los proveedores económicos.

Father and son, Cat Stevens

Me queda claro también que en el Congreso hay muy pocos legisladores de esta generación, a pesar de que muchos de ellos tienen la edad. Así lo demostraron al modificar la propuesta original del presidente Felipe Calderón, incluida en la iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo, para conceder una licencia de paternidad por 10 días con goce de sueldo (modificación al artículo 132 bis).

A los diputados les pareció un exceso y lo dejaron en cinco. Para qué tanto, pues, ni que los hombres fueran a hacerse cargo de los escuincles, ¿no? Eso es de viejas. Para que el señor descanse del estrés de ser papá con esos días le basta. Así que enviaron el texto modificado a los senadores, quienes, de tener algo qué decir, deberán regresar el dictamen a la Cámara de Diputados. Lo cual podemos estar seguros que no sucederá. Por lo menos no por esta razón.

Muy pocas cosas podemos esperar de hombres (y mujeres) que se oponen a que haya transparencia en los dineros que manejan los sindicatos, por mencionar sólo una de las principales propuestas que fueron rechazadas. Después de ese NO rotundo por avanzar en la senda de la transparencia y la rendición de cuentas, el reconocimiento a la igualdad de oportunidades entre ambos géneros parece de risa loca.

Ya tendrán oportunidad de reclamárselos esos hijos de los que seguro no se ocupan y a los que no ven. Mientras tanto, sigamos identificando a los padres que no piden nada a las atareadas y solidarias madres, y busquemos que de esa madera esté provista la próxima legislatura del Congreso. Si hemos podido con rotavirus, varicelas y el primer desamor de los retoños, que nos dura la necedad de nuestros representantes populares.