Redacción Animal Político · 14 de febrero de 2024
Desde aquellos años en que jugábamos en latinchat.com a conocer personas y nos emocionábamos por un zumbido en Messenger (referencia para +Millennials), hablábamos de tener relaciones online. Desde entonces, gracias a nuestro exponencial uso de la tecnología, estamos viviendo nuevas formas de relacionarnos.
Con el 14 de febrero en todas partes, me parece importante reflexionar sobre cómo construimos relaciones actualmente y cómo las definimos, vivimos, pero sobre todo aquello que sentimos.
Volviendo a aquella época de finales de los 90 y principios de los 2000, era muy fácil poder hacer una diferenciación entre nuestra vida real y aquello que vivíamos en la pantalla de la computadora, sencillamente porque había un ruido en la línea telefónica o porque en algún momento debíamos cerrar los programas y presionar un botón. Ahora los signos apuntan a todo lo contrario. Actualmente la mayoría de nosotros estamos viendo la pantalla de nuestro smartphone cada vez que llega una notificación o que creemos que llega una. De acuerdo con cifras de la OCDE, México se encuentra entre los tres primeros países con más horas de uso del celular al día, por lo que hablar de vida “online” comienza a parecer algo obsoleto; las líneas entre lo real y lo digital se vuelven difusas.

Hemos aprendido que las implicaciones de una relación afectiva que se puede dar a través de una pequeña pantalla (sin nunca ver a la persona fuera de ella), son iguales que las de dos personas que se conocieron en los 60 en alguna heladería. Lo que hace entonces real a una relación son las emociones que se detonan; cuando nuestro cerebro genera oxitocina no sabe si es por alguien a quien podemos tocar o no.
Quizá entonces así podamos comprender a la Generación Z y Alpha que castiga con dureza las prácticas como el ghosting, breadcrumbing o love bombing porque, aunque son acciones que suceden a través de una pantalla, influyen negativamente en su salud mental vulnerando su bienestar, es decir ya no hablamos de dos dimensiones, online y real, esto es la nueva forma en que habitamos las relaciones. Así como sucedió con lo online y lo real, ahora es el turno de lo público y lo privado.
Nuestra vida, relaciones y emociones es parte de lo privado; sin embargo, la hemos volcado en un ambiente público a través de nuestras redes sociales (aceptando aquellos permisos de política de privacidad que por pereza nunca leímos). En un segundo cualquier persona en cualquier parte del mundo puede tener acceso a nuestras fotos e información, esto claramente se está convirtiendo en un problema cada vez más grande y que sufre un mayor número de personas. Sobre todo cuando el uso de la IA entra en la ecuación.
Al comienzo, las imágenes del Papa Francisco vistiendo Balenciaga nos parecieron graciosas y nuestra mente pudo imaginar nuevos mundos al ver fotografías creadas por Dall-e2 o Midjourney, sin embargo, ahora se abre un debate acerca de la distribución de deepfakes en diferentes redes sociales (como Reddit, X e Instagram), imágenes que llegan a tener tanto parecido con las personas reales que se cuestiona su falsedad.
Si bien la creación de deepfakes con contenido altamente explícito afecta más a artistas, celebridades o deportistas, cualquier persona puede ser víctima de esto, ya que se ha convertido en algo muy fácil, rápido y de baja inversión para los usuarios el crear imágenes con IA.
De acuerdo con un estudio de Home Security Heroes llamado 2023 State of deepfakes, el contenido de pornografía deepfake aumentó un 464 % entre el 2022 y el 2023. Otro dato alarmante es que una de cada tres herramientas que sirven para crear deepfakes permite crear contenido pornográfico, lo que nos habla de un acto de ruptura hacia lo privado y la intimidad de las mujeres que no dieron su consentimiento para la creación de esos videos e imágenes, quienes son las principales afectadas.
Ante este escenario se vuelve urgente hablar de regulaciones de este tipo de plataformas para la creación y distribución de contenido, así como de las legislaciones que debieran proteger a la ciudadanía en caso de que se vulnere su identidad y dignidad, provocando con ello estrés y ansiedad a sus víctimas.
En gran parte del mundo no existen leyes que castiguen y persigan este tipo de delitos. En México, gracias a la labor de la activista Olimpia Corral, existe la Ley Olimpia que busca combatir la violencia digital, protegiendo a hombres y mujeres por igual en todo el país. Entre lo que define como violencia digital se encuentra: “actos de acoso, hostigamiento, amenazas, insultos, mensajes de odio, vulneración de datos o información privada realizados mediante el uso de tecnologías. Además de la difusión de imágenes, audios o videos —reales o simulados— del contenido íntimo sexual de una persona sin su consentimiento”.
En teoría, esta ley nos protege de la creación de deepfakes con contenido sexual; sin embargo, en la realidad se ha vuelto difícil de aplicar por la falta de conocimiento de esta y la omisión hacia los derechos de las mujeres por parte de las autoridades.
Es vital exigir hablar de estos temas y que la legislación prohíba este tipo de perjuicios, ya que la tecnología avanza vertiginosamente y las leyes se están quedando atrás en lo que a perseguir estos hechos se refiere. Un ejemplo de ello fue lo sucedido a Taylor Swift a finales de enero, cuando deepfakes con su rostro se volvieron tendencia de búsqueda en diferentes redes sociales (principalmente X). Si bien las imágenes califican como un delito de falsificación electrónica y violencia de género, no fueron las autoridades quienes se pronunciaron primero al respecto. Fue su gran y ya conocida multitud de fans que ejercieron presión en la plataforma de Elon Musk y denunciaron para que se pudiera detener la distribución, logrando que se bloquearan las búsquedas con palabras clave que llevaban a ese contenido.
Después de esto una portavoz de la Casa Blanca emitió un comunicado posicionándose totalmente en contra de estos hechos y mencionando la urgencia de leyes que castiguen lo sucedido. Esto es importante porque la demanda ejercida por Taylor hacia la plataforma de creación de deepfakes (ya que se vuelve imposible rastrear al usuario o usuarios que las crearon), coloca un precedente del impacto que estas imágenes pueden tener.
Taylor Swift, que actualmente es vista como la representante de la industria musical, ha logrado anteriormente victorias importantes en temas legales, así como la movilización de sus fans, por lo que se espera que ella pueda agilizar las legislaciones que, en el caso de Estados Unidos, ahora solo son propuestas de ley. La más sólida de ellas, que regularía el uso de la IA, está prevista que entre en vigor hasta el 2026. Y en caso de que no, al menos que el tema sea parte de las conversaciones públicas para debatir el uso y alcances de la IA.
* Lizbeth Reyes (@LiziRey) es Senior Manager en @Altazor_Intell. Socióloga por la UAM Xochimilco. Con experiencia en el área de investigación de mercados y opinión pública, enfocándose mayormente en las categorías de educación, belleza, retail y audiencias. Amante de la música en todos sus géneros y con una pasión por el cuidado del medio ambiente.